Retrato hablado: Diego Quemada Diez, el cineasta migrante

Salió de España para buscar éxito. Ahora, naturalizado mexicano, es de los realizadores más reconocidos, gracias a 'La jaula de oro'

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12/01/2014 08:05 Salvador Franco Reyes
Ilustración: Julio Grimaldo Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO, 12 de enero.- Un migrante con una cámara en la mano. Su nombre es Diego Quemada-Díez y nació hace 43 años en Burgos, España, pero desde hace más de una década se naturalizó mexicano, país que lo ha definido como cineasta. 

Salió hace 17 años de España con la ilusión de dedicar su vida al séptimo arte.

En España no había escuelas de cine, era una industria muy cerrada en la que, si no tenías a alguien de tu familia dentro, era muy difícil entrar”, relata el propio realizador, nominado al Goya de su país natal en la terna de Mejor Película Iberoamericana por su primera cinta: La jaula de oro.

Fue precisamente el cine el que a Diego Quemada-Díez le abrió las puertas del mundo, pues fue en Portland, durante el rodaje de Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet, que alguien le prometió ayudarle si se mudaba a vivir a Los Ángeles.

Sin pensarlo demasiado, Diego se mudó a California y se convirtió en un indocumentado en el país de las barras y las estrellas.

“Llegué a Los Ángeles sin papeles. Es más, los primeros trabajos los hice sin documentos.

“Después compré papeles falsos en McArthur Park, un parque donde se compran los documentos; poco después con la ayuda de un abogado pude arreglar los papeles y comencé a trabajar legalmente”, recuerda Quemada-Díez como si se tratara de una travesura.

Sin dinero y una maleta llena de ilusiones, Diego llegó a la Meca del cine, donde no conocía prácticamente a nadie, ni dominaba el idioma inglés.

Pero el sueño de “aprender a hacer películas” era mucho más fuerte que los obstáculos que el destino le puso enfrente.

Después de cuatro años y con los empleos más humildes dentro de la industria del cine (como el chico de los recados —también conocido como el correveidile—), Diego ahorró lo suficiente para matricularse en el prestigiado American Film Institute, de donde han egresado algunos maestros del séptimo arte como David Lynch o Terrence Mallick.

En el mismo grupo iba otro aspirante a cineasta que hablaba su mismo idioma: Gerardo Naranjo, director de películas como Drama/Mex o Miss Bala.

“El American Film Institute es una escuela muy práctica donde estás constantemente filmando, donde te enseñan a aprender de tus errores y a siempre seguir adelante, que es lo más importante porque en esta industria no es fácil.”

Mientras se especializaba en dirección y cinefotografía, Diego comenzó a dirigir sus primeros cortometrajes, en particular A Table Is a Table, de 2001, y I Want to Be a Pilot, de 2006.

En esa misma etapa, Diego comenzó a viajar frecuentemente a México, un país que existía en su imaginación gracias a los frecuentes viajes que realizaba su madre y de los que no se perdía detalle de los jugosos relatos que escuchaba de niño, mostrando sus ojos verdes bien abiertos.

“Mi madre viajaba mucho acá y a Guatemala. Viajes que nunca pude hacer con ella y de los que me quedé con muchas ganas.

“En Estados Unidos me sentía vacío culturalmente, y empecé a viajar mucho a México, porque me inspiraba mucho el país, la gente, las historias, la cultura y la riqueza cultural increíble que tienen”, detalla el realizador.

En uno de esos viajes, efectuado en 2003 para ser más exactos, Quemada-Díez llegó a Mazatlán, Sinaloa, donde comenzó a grabar un documental y conoció a un taxista llamado Toño, que lo invitó a vivir a su casa con su familia.

 “Su casa estaba sobre las vías del tren, así es que todos los días llegaba el ferrocarril con los inmigrantes, que nos pedían comida y agua.

“Ahí empecé a hablar con ellos y a recopilar todos esos testimonios, más de 600, con los que escribí el guión y construí los personajes de La jaula de oro”, comenta con nostalgia y emotividad.

La historia que comenzó a tejer en ese momento narra la historia de tres adolescentes centroamericanos que sufren una serie de vejaciones durante su paso por México con su intención de llegar a Estados Unidos.

La película se estrenó el 22 de mayo de 2013 en la Sala Debussy del Festival de Cannes, donde compitió dentro de la sección Una cierta mirada (la segunda más importante del certamen galo) y donde se alzó con el premio al Mejor Elenco.

Desde entonces ha ganado más de 40 galardones internacionales, incluyendo los de los festivales de Mar del Plata, Argentina, Morelia y la nominación al Goya español.

“Es muy bonito volver a España casi como extranjero, y con estas circunstancias, con una película Iberoamericana, que ha ganado 41 premios y a la que le ha ido bastante bien.

“Pero lo más importante es que a la gente le gusta y le llega. Y que ponga sobre la mesa la problemática de los migrantrs centroamericanos en su paso por México.

“Está generando un debate y un sentimiento alrededor de este problema contemporáneo que ocurre tanto en Europa como en EU”, señala Diego, quien se ha convertido en un activista del complejo problema social, y quien espera alzarse con el trofeo que será entregado en Madrid.

“Estoy contento, me emociona estar al lado de todas esas películas muy buenas y vamos a ver qué pasa, sobre todo con Gloria (cinta chilena de Sebastián Leilo), que es el gran rival.”

 

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