70 años de Joan Manuel Serrat

Hoy cumple años uno de los cantautores más importantes de habla hispana, cuyo camino se ha forjado entre la música y el odio de dictadores

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27/12/2013 05:33 Gerardo Galarza

CIUDAD DE MÉXICO, 27 de diciembre.- Una sola de sus canciones le habría ganado la trascendencia. Y no es precisamente su éxito único, como ha ocurrido con otros cantantes. La de Joan Manuel Serrat, según la revista The Rolling Stone, basada en entrevistas con expertos y músicos, es la mayor canción de España en todos los tiempos y es una única en español que aparece en el recuento e investigación de la misma publicación de las cien mejores canciones del pop mundial.

Y esa canción no es Cantares, los versos de Antonio Machado a los que les puso música y que desde 1969 es un himno universal, aun cuando quienes la escuchen no sepan ni quién es el autor de la letra, de la música o quién lo canta, porque universalmente se sabe ya que el camino se hace al andar, golpe a golpe, verso a verso… 

La otra también es un himno como Imagine, Un mundo raro, El rock del reloj, Let it be, A media luz (“Corrientes 348...”),  La chica de Ipanema, Bésame mucho, Lamento borincano, ¿De dónde son los cantantes?, We are the champions... y las que se le ocurran a cualquier lector. Icónicas, emblemáticas, les llaman ahora a esas canciones. La de él se llama Mediterráneo, aunque no era su nombre original, porque pudo llamarse Amo el mar y o Hijo del mediterráneo.

Sus amigos le dicen El Nano. Es hijo de Ángeles y Josep. Ella aragonesa; él, catalán. Ama de casa y obrero. Charnergo por parte de madre; anarquista por parte de padre. La madre lo arrulló con boleros, mientras el padre cantaba tangos. Nació en el Poble Sec, su barrio de Barcelona y, como tal, buen culé, de esos que son socios del club y van a la tribunas a exigir triunfos a los blaugranas. Lo quieren tanto que fue el quien cantó el himno del Barça en el centenario del equipo.

Hoy Joan Manuel Serrat cumple ya 70 años y solo o con alguno o algunos de sus amigos es capaz de llenar teatros, auditorios, estadios en España, Argentina, Chile y México, países donde ha tenido éxito.

Es bueno para escribir, para leer, para cantar, para hacer vino y quienes lo conocen personalmente también alaban su buen comer, su amistad y su solidaridad. A sus conciertos, contra lo que se esperaría, no sólo asisten los viejitos que lo oyeron por primera vez en los años 60 del siglo pasado; van sus hijos, sus nietos, y también premios Nobel de Literatura, como Gabriel García Márquez. Y siempre en la taquillas cuelgan el letreto aquel de “no hay billetes” en español de España o “boletos agotados”, en mexicano.

Más que discos de oro o platino, Joan Manuel Serrat  Teresa ha coleccionado oyentes, seguidores, fanáticos… y doctorados honoris causa de universidades de aquí y de allá. La República Francesa le concedió la Orden de la Legión de Honor, aquella que ya había obtenido el tío Alberto de su canción (un industrial catalán llamado Alberto Puig Palau, mecenas de artistas, según todas las señas que identifican quienes son amigos del Nano, de acuerdo con Luis García Gil en su Serrat, canción a canción, citado por Diego A. Manrique y Darío Manrique Núnez en su imprescindible investigación y recopilación Palabras hechas canciones, editada por Aguilar con discos compactos incluidos. Es necesario decir que buena parte de los recuerdos de este texto fueron confrontados y respladados por las historias de los Manrique).

Joan Manuel Serrat comenzó su carrera influido por los cantautores franceses de principios de los años 60 del siglo pasado.

Fue parte del movimiento musical conocido como la Nova Canço catalana. Hizo radio, aunque también había logrado obtener el grado de “sexador de pollos” (técnico en la identificación del sexo de pollitos para industria avícola, con objeto de ganarse una lana, aunque su real carrera fue la agronomía). Irrumpió en la popularidad —al menos en toda España— cuando fue seleccionado para representar a su país en la versión 1968 del Festival de Eurovisión. Ahí debía interpretar la canción La, la, la, de la autoría de El Dúo Dinámico (Manuel de la Calva Diego y Ramón Arcusa Alcón, ambos catalanes y pioneros del rock y del pop en España).

Básicamente, Serrat había hecho su carrera cantando en catalán. Muchos de sus compañeros de la Nova Canço lo acusaron de traición en aras de comercializarse. Dicen que entonces tenía pinta de rockstar. Los hispanohablantes no aceptaban que su represetación fuera en catalán, porque Serrat anunció que cantaría en la lengua de su tierra. Y se armó la de Dios es Padre. Lo menos que se dijo fue que era un ardid publicitario de su representante José María Lasso de la Vega, que también lo era del Dúo Dinámico, y a quien algunos le atribuyen el mote de El Nano.

Serrat hablaba catalán por su padre y español por su madre; la calle y la casa. No fue a Eurovisión. La televisión española de la dictadura lo impidió. La canción sí representó a España y, en voz de Massiel, obtuvo el triunfo. En 1991, durante su programa La radio con botas, afirmó que lo que hizo en 1968 fue por congruencia y dignidad y nada más. Serrat y Massiel —de gira por México cuando ocurrieron los hechos— siguieron siendo amigos.

A cambio de la fama europea, Lasso de la Vega consiguió que Serrat acudiese al Festival de Río de Janeiro en ese mismo año. Ahí cantó y ganó con otra sus canciones.

Canciones que nunca dejarán de ser identificadas ni identificables: Penélope, que existía en lo musical, pero no en la letra. La música original es de Augusto Algueró y la letra de Joan Manuel. Está claro que en España hay una o varias generaciones de mujeres que se llaman Penélope por aquella canción. Dicen que la más famosa de ellas es Penélope Cruz. Lasso de la Vega imaginó a su representado cantando Fiesta.

Penélope es parte del primer disco serratiano en español. La Paloma es el título del LP,  denominación de entonces, y no es el que contiene los versos de Machado. La Paloma es un poema nada menos que del comunista Rafael Alberti, quienes han investigado la vida artística de Serrat dicen que ese poema-canción no estaba previsto para incluirse en el disco, pero finalmente le dio título. Ese primer disco LP en español con 12 canciones incluye otros cinco de sus grandes éxitos: La Paloma, El Titiritero, Tu nombre me sabe a hierba, Poema de amor y Penélope.

Un año después, en 1969, vendría la explosión. El joven, de 25 años, Joan Manuel Serrat publica un disco dedicado a Antonio Machado, poeta, un republicado exiliado, víctima de la Guerra Civil Española, nada grato al franquismo. De las 12 canciones, once son versos del poeta sevillano y una, En Colliere, del propio Serrat. Desde entonces Cantares es himno universal y Serrat reconocido como el musicalizador de Machado. Todo es cierto, aunque él mismo da crédito al argentino Alberto Cortez, como el musicalizador original de Retrato y Las Moscas, con arreglos de Waldo de los Ríos. 

En el año 2000, cuando Serrat recibió el primer Premio Internacional Audiovisual Antonio Machado por su disco producido hacía 31 años y elegido entre más de 140 trabajos, se refirió en el discurso a la creencia de que ha contribuido a la difusión de la poesía de Machado.

Les aseguro que, cuando me puse a musicalizar estos poemas, no tenía la más mínima pretensión de que con ello yo iba a colaborar a la difusión de la poesía de Machado. Es más, sigo pensando en que no he colaborado. Si había una pretensión detrás de todo aquello era la de colaborar a la difusión del nombre de Antonio Machado y que, a partir de ahí, la curiosidad de la gente hiciera el resto”. (En esos años, en México, la editorial Salvat publicó una antología de la poesía de Machado titulada Cantares, una edición popular con portada color naranja, a siete pesos, que por el uso se deshacía en la manos de los jóvenes que compartían sus páginas en búsqueda de algo similar a una verdad revelada).

Antonio Machado no es el único poeta musicalizado por el niño de Poble Sec. Le ha dedicado discos completos a Miguel Hernández (Miguel Hernández e Hijo de la luz y de la sombra), al catalán Joan Salvat Papasseit (Res no és mesqui), al uruguayo Mario Benedetti (El sur también existe), y en sus diferentes producciones musicales ha incluido poemas de Alberti, León Felipe (Vencidos), Ernesto Cardenal (Epitafio para Joaquín Pasos), José Agustín Goytisolo (Historia conocida), Jaime Sabines (La lluna, en catalán), Eduardo Galeano (Secreta mujer y La mala racha), Luis Cernuda (Más que nadie) y Federico García Lorca (Herido de amor), Juan Marsé (Los fantasmas de Roxy), entre otros. De Miguel Hernández, otro poeta republicano, son nada menos que Para la libertad, Menos tu vientre, La boca, Romancillo de mayo, Llegó con tres heridas. Muchos años después habrá de recordarse que también cantó a autores como Violeta Parra, Víctor Jara, José Alfredo Jimenez y Enrique Santos Discépolo, entre otros.

Hace 28 años y unos días más, en una entrevista sugerida y conseguida por la constancia traducida en terquedad de la siempre reportera Sonia Morales, un domingo cualquiera el escribidor le preguntó a Serrat sobre sus lecturas, en los camerinos del viejo Auditorio Nacional, en minutos previos a su último concierto correspondiente a la presentación de El sur también existe. Esta fue respuesta:

“Soy tan raro que leo hasta los periódicos. Leo todo lo que cae en mis manos, lo que puedo. No tengo ningún prejuicio en cuanto a las cosas de lectura. Lo que ocurre es que a veces lo que leo se me cae de las manos y me voy a leer otras cosas.

“—¿Y literatura? ¿Como género? ¿Género y escritores?

“—Escritores, es muy difícil. Me voy a ver obligado a simplificar, contra lo que debiera ser. Como género prefiero el cuento corto, por el esfuerzo que representa para el escritor, y la poesía.

"Soy un hombre ligado a la poesía. Si tuviera que escoger a un poeta latinoamericano, sin duda alguna me quedaría con Pablo Neruda”.

En ese entonces también dijo ser lector de poetas mexicanos. Sin embargo, agregó, entre la gente de aquí “hay una sensación de que no me gusta la poesía mexicana, porque no le pongo música, lo que me parece una brutalidad muy grande. A mí me gustan mucho los trabajos de Salvador Novo, a quien tuve la suerte de conocer; Marco Antonio Montes de Oca, Carlos Pellicer.

“—¿Y de los jóvenes?

“—Bueno, a mí me parece que Pellicer es un poeta joven.”

Ya se sabe, al menos desde las épocas de don Alonso de Quijano, que la lectura no es muy buena consejera, por lo menos frente a lo establecido. Joan Manuel Serrat lo vivió en carne propia.

Fue declarado casi como enemigo personal de al menos dos dictadores, pero dictadores de a deveras: Augusto Pinochet, de Chile y Jorge Rafael Videla, de Argentina, quienes lo proscribieron en sus países. Por si hiciera falta, en Chile se decretó la misma pena a su letrista, un señor llamado Antonio Machado, quien seguramente en el cielo fue informado que no debería viajar al país andino. Al término de esas dictaduras, Serrat regresó a Argentina y a Chile, aclamado por su seguidores. De su letrista no se sabe nada, pero sí se sabe que se le sigue leyendo.

Pinochet y Videla deberían haber sabido que Serrat conocía a tipos como ellos y les sabía el modo para poderles pisar sus terrenos.

Tan fue así que el 29 de septiembre de 1975 aterrizó en el aeropuerto de la Ciudad de México, proveniente de La Habana, donde había presentado su nuevo disco Piel de manzana, poco apreciado por lo que su autor iba a comenzar a vivir al pisar territorio mexicano.

Al llegar, como se acostumbraba en aquellos tiempos, ofreció una conferencia de prensa en el aeropuerto a los periodistas que lo esperaban.

Ahí estuvo el reportero Miguel Cabildo de Últimas Noticias, la edición vespertina de Excélsior. En España, en sus estertores de moribundo, Franco había mandado fusilar a tres militantes de las FRAP y a dos de ETA. Serrat dijo: “Declaro mi absoluto repudio a la pena de muerte y a la violencia establecida y oficial”. El moribundo régimen decretó el ostracismo para el cantautor catalán: desapareció de la prensa, la radio y la televisión, se dejaron de vender sus discos y hubo orden de aprehensión contra él.

Decidió quedarse en México con los, en ese momento, siete integrantes de su grupo, cuyas familias dependían del trabajo musical. Su exilio, de acuerdo con él mismo, no fue comparable con los de los republicanos vencidos en la guerra civil española. Fueron once meses vividos principalmente en México, pero también Estados Unidos y Francia.

En México hizo una gira de más de cinco meses por diversas ciudades y pueblos de la República, en una camión-casa, La Gordita le llamaron, que se compró en Los Ángeles, mediante la intervención de aquél quien es el protagonista (Constantino Romero, de acuerdo con la historia de los dos Manrique) de la canción Hermano que te vas a California... Discreto de esos días, Joan Manuel ha dicho que le sirvieron para conocer México más de lo que lo conocen muchos mexicanos. Se calcula que visitó unas 90 ciudades y pueblos de México.

En 1991, la cadena Radio 5 produjo y difundió el programa La radio con botas, 60 capítulos, de lunes a viernes, casi en la medianoche, en donde en cada programa se hizo “la historia sentimental” de España y el mundo año por año, a partir de 1940. La radio con botas fue conducido totalmente por Joan Manuel Serrat y en el participaron como guionistas  de la talla de escritores como Manuel Vázquez Montalbán, su amigo y autor del primer libro sobre El nano y sus canciones, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan A. Goytisolo, Terenci Moix, entre otros.

El programa correspondiente al año de la muerte de Francisco Franco, inició así en voz de Serrat:

“Buenas noches. No hay ninguna duda que 1975, año por el que esta noche nos toca transitar, fue especialmente importante así en la tierra como en el cielo. Lo de la tierra se lo vamos a contar entre La radio con botas y un servidor de ustedes a lo largo y ancho de este programa. Y de lo que ocurrió en el cielo el 20 de noviembre de 1975, les vamos a poner al corriente ahora mismo.

“Andaba san Pedro, barba blanca y sandalias de pescador, atareado en sus quehaceres en la puerta del cielo jugando con su manojo de llaves con la habilidad de un maraquero cubano, cuando recibió un visitante de postín. Era uno que aseguraba haberlo dejado todo atado y bien atado en la tierra; uno que anduvo bajo palio, como la hostia, y por quien se rezaba especialmente en todas las iglesias del país; uno que era amigo de papas, de obispos y de monseñores.

“Y aquel día, el buenazo de san Pedro se vio en apuros: por un lado, el hombre no quería perder el puesto, y por otro, siempre le había costado tanto decir que no. Aquel tipo venía con unas recomendaciones excelentes, pero con su historial, con su historial nadie había alcanzado jamás la gloria eterna... hasta que se le encendió una luz:

“Excelencia, le dijo con una amplia sonrisa, lo mejor será que se pase usted por el purgatorio. Sabe, aquí en el cielo se nos ha colado mucho rojo y con usted están especialmente quemados; son gente resabiada a los que su excelencia les privó de la experiencia de morir en la cama, y aquí en el cielo su excelencia se sentiría francamente incómodo.

“Y el viejo general tomó el volante que san Pedro le ofrecía y, por primera vez en su vida, tuvo que ir de ventanilla en ventanilla tratando de que los ángeles que estaban de servicio pusieran en el impreso los sellos de conforme para ser aceptado en el purgatorio...

“Y zanjemos aquí la historia. No queremos ir más allá, ni saber más del asunto. Que conste que nosotros, los de La radio con botas, el infierno no se lo deseamos a nadie.”

Tal vez, sólo tal vez, Serrat y sus guionistas decidieron ser generosos y no desearle el infierno al dictador pensando en aquello de “al volver la vista a atrás/ se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

Los que le llevan las cuentas, afirman que Joan Manuel Serrat es autor de unas 300 canciones. Y en ellas están incluidas aquellas que se siguen cantado día a día como exultante Vagabundear o la inolvidable Señora.

Las citadas apretadamente en este texto no son sus únicos éxitos. Ahí están La saeta, He andado muchos caminos, Aquellas pequeñas cosas, La mujer que yo quiero, Lucía, Para la libertad, Soneto a mamá, Palabras de amor, No hago otra cosa que pensar en ti, Hoy puede ser un gran día. Y muchas inolvidables en el gusto de sus fanáticos como De cartón piedra, Muchacha típica, Cuando me vaya, Canción infantil, Poco antes de que den las diez, Nanas de cebollas, Balada de Otoño, Barquito de papel, De parto, Romance de Curro el Palmo, Pueblo blanco, El carrusel del Furo, La aristocracia del barrio, A quién corresponda, Las malas compañías, Esos locos bajitos, Una de piratas, Cada loco con su tema, Sinceramente tuyo, Ciudadano, Por las paredes, Irene, Bienaventurados, Llegar a viejo, Especialmente en abril, Una mujer desnuda y en los oscuros... entre muchas otras.

El primer disco de Joan Manuel Serrat data de 1967 y fue grabado totalmente en catalán como los dos que le siguieron. Serrat tenía entonces 24 años y ese disco llevó por título Ara que tinc vint amys (Ahora que tengo 20 años), canción que sigue cantando, en catalán. Y continúa cantando como entonces, seguramente porque, como decía aquel original puñado de versos, aún tiene fuerzas, su alma no está rota y siente hervir la sangre y porque “quiero alzar la voz/ para cantar a los hombres/que han nacido de pie/que viven de pie/y que de pie mueren./ Quiero y quiero cantar/hoy que aún tengo voz/quién sabe si podré mañana”.  Del canto de esas coplas hace cerca de 46 años. Hoy el niño (noi) de Poble Sec cumple 70 años de edad.

 

¿QUIÉN ES?

  • Es una de las figuras más importantes de la canción hispana.  
  • Se casó con Candela Tiffón.
  • Tuvo una relación con la modelo catalana Mercedes Domènech.
  • Sus hijos son:  Manuel Queco Serrat Domènech, María Serrat Tiffón y Candela Serrat Tiffón.
  • Hijo de Josep Serrat, involucrado en los movimientos sociales españoles, y  Ángeles Teresa, ama de casa.

 

En México, 2014

  • Cantará el 27 y 28 de enero, 1 y 2 de febrero  en el Palacio de Bellas Artes. Los boletos ya están a la venta.

 

 

SU UNIÓN CON MÉXICO

Joan Manuel Serrat ha tenido una fuerte predilección por América Latina y por su música. Lo simple es suponer que se sienta agradecido por el éxito y acogimiento que tuvieron sus canciones y él en lo particular en el Continente.

Aborrecido por el régimen del generalísimo Francisco Franco en España, Serrat encontró refugio en América Latina (Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Venezuela, Cuba y México, especialmente). La leyenda cuenta que en la infancia su madre le cantó boleros y que su padre le cantaba tangos.

Con Argentina y Chile ha tenido una relación casi heroica. Las dictaduras de esos países le declararon una guerra personal. Durante muchos años no pudo ir a esas tierras. En cambio, entre septiembre de 1975 y agosto de 1976, oficialmente El Nano estuvo exiliado en México, aun cuando ese destierro se haya compartido con Estados Unidos y Francia.

Acá siempre ha sido bien recibido. Ha cantado en Bellas Artes, en el viejo y nuevo Auditorio Nacional, en casi todas las capitales estatales y ciudades importantes. También en el campus de la UNAM, lo que no muchos pueden presumir, incluso en el ejercicio de doctorado Honoris Causa de la máxima casa de estudios del país.

El Nano no es un personaje de ésos que buscan dar gusto a quienes los escuchan y mucho menos para sacar raja. Es de esos que dicen que lo piensan y, si no lo dicen, lo hacen.

Parecería que sus oyentes mexicanos deberían conformarse con escuchar Vencidos, el poema de León Felipe, el poeta español exiliado en México, que relata la derrota del Quijote, para sentir a un Serrat “mexicano”.

Pero un buen día de esos de Dios, que como tales son poco notables, en el año 2000 Serrat lanzó un disco con su antónimo Tarrés, es decir Serrat al revés, en el que rindió homenaje a sus querencias. En Cansiones, así con ese, por cuestión fonética, incluyó 14 canciones latinoamericanas. Tres mexicanas. Sorpresivas. Las escogidas fueron: Soy lo prohibido, de Roberto Cantoral; La Maquinita, del dominio popular, y Un mundo raro, del bardo guanajuatense José Alfredo Jiménez.

 

Machado-Serrat: lírica del pasado con ganas de futuro

Era 1969 y, además de la obvia admiración del cantautor catalán hacia el vate sevillano, dos cosas marcaron la aparición del disco Dedicado a Antonio Machado. Poeta, de Joan Manuel Serrat.

Primero. Aún estaba fresca en el mundo una herida: la llaga de las revueltas mundiales emprendidas el año anterior por la juventud del orbe y luego machacadas por sus respectivas autoridades gubernamentales.

Segundo. Particularmente en España no sólo regía, por supuesto con mano dura, el franquismo, que estaba más fuerte que nunca, sino además latía todavía el escándalo del Festival de la Canción Eurovisión 1968, que echó a Serrat porque éste se aferró a cantar en su lengua la canción que representaría a España: La la la, que finalmente fue interpretada por Massiel y resultó ganadora ese año
—no sin sospechas de compra de votos del jurado por parte del gobierno español—.

En ese contexto comenzó a prepararse, y un año después apareció, esta producción discográfica, del sello Zafiro, con arreglos y dirección del músico Ricard Miralles y que, pese a los malos augurios comerciales de la propia productora, resultó un éxito.

¿Por qué fue así? Porque la combinación de los poemas de Machado (1875-1939) y la música de Serrat con la colaboración de Alberto Cortez, al menos en dos canciones de 12 que integran el LP, creó un producto discográfico de gran calado que, al ser muy bien aceptado por el público, apuntaló la carrera del músico catalán y rescató de cierto olvido la incandescente palabra del sevillano.

Machado, integrante un tanto tardío de la llamada Generación de 1898, pero sin duda su mejor representante, fue un poeta modernista que tuvo contacto creativo con Pío Baroja, Henri Bergson, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y, obviamente, con Federico García Lorca, con quien entabló una prodigiosa amistad.

Su obra, entre la que destacan los poemarios Soledades y Campos de Castilla, tiene un talante decididamente nostálgico y, sobre todo, profundamente popular.

Es quizá este último rasgo el que cautivó a Serrat para decidirse a ponerle música a algunos poemas de Machado, y quizá, también, el secreto del gran éxito que tuvo el disco. Es decir: poesía musical o música poética, como se prefiera.

Guitarra del mesón que hoy suenas jota, no fuiste nunca ni serás poeta...”, “Oh, no eres tú mi cantar, no puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la mar...”, “Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón...”, y sobre todo, “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar...” son no sólo fragmentos que se conocen mejor como canción que como poema, sino constatación viva de que la poesía no tiene por qué ser críptica o simbólica para ser entendida y disfrutada por el público masivo.

Dedicado a Antonio Machado. Poeta, de Joan Manuel Serrat, es una especie de testamento lírico que el pueblo español, con toda su poesía y su “cante”, legó al mundo de la música popular hispanohablante, y es también la prueba de que ese mismo pueblo español, tan poeta y tan cancionero, sabe hacer de la nostalgia un jardín pleno de futuro.

-Víctor Manuel Torres

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