El petróleo a gotas
Foro Internacional Anáhuac
07/03/2013 00:30
Laura Coronado Contreras*
En palabras del crítico James H. Kunstler, en materia de energía “estamos literalmente atascados, montados en una 4x4, con el depósito vacío”. Junto con él, frecuentemente se escuchan otras voces que hablan del “cenit de la era del petróleo”, pero… ¿se puede imaginar un futuro sin él?
Hoy en día, muchas y muy diversas industrias —que van desde la producción y comercialización de alimentos, la fabricación de innumerables productos petroquímicos, distintos textiles y gran parte de las áreas relacionadas con el transporte— reflejan la dependencia que existe respecto de los recursos naturales no renovables, ya que 80% de la energía primaria que se consume alrededor del mundo proviene del carbón, el gas natural y el petróleo.
Como decía Benjamín Franklin, “la necesidad nunca hizo buenos negocios” y las repercusiones de su agotamiento serían sumamente preocupantes. Por ejemplo, se espera que en 2050 la población mundial sea superior a nueve mil millones y que la economía global crezca casi cuatro veces. Aún en los escenarios más moderados, ambas situaciones implican una gran demanda y, si bien es cierto que existen reservas probadas para las siguientes décadas, una oferta insuficiente expondría a las personas a costos más altos y precios volátiles.
Sumado a ello, también se debe tomar en cuenta la complejidad que conlleva explotar los nuevos yacimientos de hidrocarburos al enfrentarse, cada vez con mayor cotidianidad, con arenas bituminosas (tar sands), gas de esquisto (shale gas), aguas ultraprofundas (a más de mil metros), o bien, crudos extrapesados. El célebre escritor alemán Goethe señalaba que “las dificultades aumentan conforme se aproxima uno al fin”. ¿Se estará viviendo una realidad apocalíptica?
En verdad, el que sea un recurso agotable no necesariamente implica que ya se esté agotando y quizás el futuro sea incierto pero, como indicaba el premio Nobel Ilya Prigogine, “esta incertidumbre está en el corazón mismo de la creatividad humana”.
Se necesita crear un nuevo sistema energético sostenible por el que se satisfagan necesidades presentes —sin comprometer las posibilidades de hacerlo en el futuro— garantizando el bienestar social a partir de políticas amigables con el ambiente y sin menoscabo de la bonanza económica. Es decir, no sólo reducir el consumo, sino que se utilice la energía de manera más eficiente y racional.
Para ello, el papel que desempeñen, tanto las empresas petroleras estatales como las trasnacionales será esencial, ya que ciertamente las primeras poseen 72% de las reservas mundiales, pero las segundas cuentan con una gran capacidad para el desarrollo y adaptabilidad tecnológica, experiencia multipaís y recursos humanos de gran diversidad nacional, atributos que enriquecen la manera de abordar los retos a los que se enfrenta esta industria.
Sin duda, su complementariedad irá en aumento y, por ello, una adecuada interacción entre ambos tipos de empresa será prioridad, toda vez que, ante las dificultades para la prospección y explotación de nuevas fuentes energéticas, podrán compartir riesgos. Frente al desafío de contar con más y mejor tecnología, naturalmente tenderán a transferirla entre sí. Con el reto de contar con personal altamente calificado, estarán en posibilidad de intercambiar experiencia, conocimientos y buenas prácticas de una compañía a otra y de una región a otra. Y, por último, entre ellas podrán sentar las bases para un equilibrio en el abastecimiento de energéticos.
Efectivamente, los retos son muchos, pero las oportunidades infinitas.
* Laura Coronado Contreras es profesora de la Escuela de Relaciones Internacionales y Titular de la Cátedra BP-Anáhuac en Asuntos Estratégicos. Universidad Anáhuac México Norte.
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