La tarea
Fabiola Guarneros Saavedra
México no puede darse el lujo de perder una generación más de estudiantes. 10/03/2013 01:22
Quizás el daño más grave que haya causado Elba Esther Gordillo al país no sea el desfalco a las arcas de los profesores sindicalizados. Hay uno más profundo que se fue construyendo a lo largo de 24 años de poder sin contrapeso: acabar con el respeto que siempre inspiró en la sociedad la figura del maestro.
En las manos de las autoridades judiciales está demostrar la culpabilidad de la otrora poderosa dirigente, a la cual ya se le dictó el auto de formal prisión. Pero hay otra tarea pendiente, de calado mucho más hondo, que los ciudadanos no podemos dejar pasar: la restauración de un sistema educativo dañado hasta sus cimientos.
Es pertinente recordar que, aun cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari auspició a Gordillo, el ascenso de ésta a la dirigencia magisterial en 1989 fue consecuencia de un poderoso movimiento de profesores que igual luchaban por reivindicaciones salariales que por democracia en su propio gremio, hegemonizado entonces por Carlos Jonguitud Barrios.
Fue una movilización que en su momento aglutinó simpatías ciudadanas, entre otras razones porque los maestros seguían conservando un alto ascendiente social, que a lo largo de más de dos décadas se ha deteriorado aceleradamente, al grado de identificar a la noble profesión con prácticas corruptas nada ejemplares.
Dejemos de lado que el mote mismo de La Maestra ya sugería una connotación perversa, alusiva a la destreza de Elba en el ejercicio del poder. Cifras recientes dan cuenta de qué tan bajo se expuso a una profesión que en otras épocas era vista más como un apostolado:
El informe de la Cuenta Pública 2011 de la Auditoría Superior de la Federación detectó que cerca de 20 mil maestros cobraron un segundo sueldo sin poner un pie en la escuela donde se supone que darían clase. Se trataba de docentes con dos plazas en escuelas que no coincidían geográficamente.
Otro legado de Gordillo es la proliferación de los llamados “maestros comisionados”, de los cuales la ASF descubrió mil 417 millones de pesos en “pagos indebidos”, así como más de medio millón de pesos por “apoyos económicos otorgados indebidamente al sindicato para diversos conceptos”.
México no puede darse el lujo de seguir solapando el derroche en prebendas oscuras del dinero que debía utilizarse para abatir el grave rezago educativo, que se expresa en cifras igual de aterradoras.
De acuerdo con la propia Secretaría de Educación Pública, por cada 100 niños que ingresan a la primaria, 80 la concluyen; de esa misma generación, sólo 60% termina la secundaria y 36%, el bachillerato.
El Instituto Nacional para la Educación de los Adultos ha documentado que aún hay en el país más de 5.3 millones de personas mayores de 15 años analfabetas, con lo que México está lejos de cumplir los Objetivos del Milenio para 2015 de bajar el analfabetismo a cuatro por ciento.
Duele que la corrupción devore inclemente los recursos que urgen para brindar una educación en condiciones de mínima dignidad humana. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) ha registrado que 38.5% de los alumnos de primaria estudian en condiciones de muy alta y alta marginación, casi cuatro de cada diez. Esto significa que en su escuela no hay baños o no cuentan con ventanas ni tienen luz.
El balance de esta era de catástrofe educativa tampoco favorece a la disidencia magisterial, tan radical como dañina, que no capitalizó el alto ascendiente social que alcanzó la movilización de 1989 y que se atrincheró en estados cuyo rezago educativo sólo se profundizó en la medida en que sus maestros dedicaron más tiempos a bloqueos y marchas.
Resarcir el daño ocasionado durante casi un cuarto de siglo en materia educativa es ya una tarea impostergable. México no puede darse el lujo de perder una generación más de estudiantes. Pero, además, este es el momento de devolver a los maestros la dignidad de lo que su encargo significaba. Que su profesión no represente un oprobioso apodo, sino un título que sea prenda de honor.
*Subdirectora editorial de Excélsior
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