Cortázar, profesor de Berkeley

Pese a su escasa simpatía hacia Estados Unidos por su política “imperialista”, el escritor argentino dio clases en la universidad californiana en el otoño de 1980

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27/08/2014 02:30 EFE

WASHINGTON, 27 de agosto.- Tras varias negativas por su declarado antiimperialismo y su rechazo a la fuga de cerebros hacia el norte, el escritor argentino Julio Cortázar aceptó dar clases en una universidad estadunidense en otoño de 1980, cuatro años antes de su muerte.

“Tienen que saber que estos cursos los estoy improvisando muy poco antes de que ustedes vengan aquí: no soy sistemático, no soy ni un crítico ni un teórico, de modo que a medida que se me van planteando los problemas de trabajo busco soluciones”, advertía en octubre de 1980 un ya consagrado Cortázar a nivel internacional en su primer día de clase en la Universidad de Berkeley, California.

En el centenario de su nacimiento y 30 años después de su muerte, en las librerías de Estados Unidos sigue siendo difícil conseguir un ejemplar de Cortázar o encontrar un dependiente que sepa quién es. Incluso en la sección en español rara vez puede verse algo suyo que no sea su gran obra, Rayuela.

“A Cortázar se le estudia poco en Estados Unidos. Los autores latinoamericanos más investigados en las universidades son Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges. Entre los populares para el público, hay que sumar los nombres de Isabel Allende, Roberto Bolaño y Mario Vargas Llosa”, explica el escritor de origen cubano Jorge Armenteros, experto en literatura hispanoamericana por Harvard y New York University.

Cuando Armenteros era estudiante, su admirado Cortázar daba clases en la otra costa del país a un grupo de afortunados que durante dos meses pudieron tutear al gran escritor argentino.

“Mi curso en Berkeley fue excelente para mí y creo que para mis estudiantes, no así para el departamento de español que lamentará siempre haberme invitado”, relataba en diciembre de 1980 Cortázar en una carta a Guillermo Schavelzon.

“Les dejé una imagen de rojo tal como la que se puede tener en los ambientes académicos de Estados Unidos, y les demolí la metodología, las jerarquías profesor-alumno, las escalas de valores, etcétera. En suma, que valía la pena y me divertí”, resumía el escritor.

Antes de esa experiencia, Cortázar consideraba que no debía visitar Estados Unidos mientras el país aplicara una política internacional que a su juicio era “imperialista”.

Sus clases en Berkeley no escaparon a la política. Los alumnos, a los que enseguida dio confianza, le preguntaron abiertamente por su postura en temas controvertidos en los que en muchas ocasiones estaba involucrado Estados Unidos.

“Julio, ¿qué posición asumirías si un ejercito yanqui invadiera El Salvador o Nicaragua?”, le preguntó un alumno. “Puedes tener la seguridad de que no voy a estar esperándolos con un ramo de flores y todo lo demás ya se descuenta por supuesto”, respondió Cortázar.

Pese a su escasa simpatía por EU, Cortázar accedió en los setenta a asistir a algunos homenajes y simposios en universidades de ese país, hasta que en 1980 aceptó dar clases en Berkeley.

“Esto no era un curso, era algo más: un diálogo, un contacto”, diría Cortázar más tarde sobre sus clases en California. El argentino, que presumía de no tener nada de profesor, se dedicó a explicar su camino como escritor, el origen de sus cronopios y famas y la razón que le llevó a escribir Rayuela.

Los jueves dictaba conferencias y los lunes y viernes recibía a sus alumnos. “Las condiciones eran excelentes para trabajar poco y leer mucho”, pensó al principio en el autor de Historias de cronopios y de famas.

 

España, Cuba y Bélgica se suman a los festejos

El centenario de Julio Cortázar será recordado en Madrid con homenajes y la promoción de sus libros, entre los que destaca la publicación de La puñalada/El tango de vuelta, su obra póstuma.

La novedad editorial saldrá en septiembre.

La publicación se suma a otras que ya han salido este año a las librerías españolas, como una nueva edición de Bestiario y Todos los fuegos el fuego, entre otros.

El centenario de Cortázar también se recuerda en la Casa de América de Barcelona, que hasta el 24 de octubre presenta la exposición Cortázar en Casa, que reúne fotos, cartas, postales y algunos objetos personales.

Por otra parte, una sesión de lecturas de textos de Cortázar marcó la celebración de su centenario en Bruselas, ciudad donde nació.

En una ceremonia delante de la antigua casa de la familia Cortázar, en la céntrica comuna bruselense de Ixelles, autoridades belgas y argentinas declamaron textos del escritor en castellano y en francés.

En La Habana, Cuba se sumó a los festejos del cronopio con un ciclo de cine con adaptaciones e historias inspiradas en su obra.

A comienzo de los años 60, Cortázar visitó Cuba y se sumó a los intelectuales que se aglutinaban en torno a Casa de las Américas de La Habana en defensa de la revolución cubana. Posteriormente apoyó la revolución nicaragüense.

— AP y Notimex

 

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