Reunidos en un volumen; una apuesta de entre siglos: nuevos poetas

Son 30 poetas jóvenes que provienen de prácticamente todos los estados del país. No se conocen entre sí (sólo se vieron las caras el día en que fue presentada la antología en la que están reunidos), pero coinciden en el ciberespacio. Son provocadores, tienen ánimo rupturista y poseen una gran fuerza verbal

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24/08/2014 05:55 Héctor Baca y Samuel Mesinas/ Especial
Fotos: Cortesía Cuadrivio / Fotoarte: Mario Palomera
Fotos: Cortesía Cuadrivio / Fotoarte: Mario Palomera

CIUDAD DE MÉXICO, 24 de agosto.- Subversiva, impetuosa, rupturista y llena de malicia literaria, la poesía de una generación de jóvenes artistas irrumpe en la escena literaria mexicana a través de una polémica antología titulada Poetas parricidas (Cuadrivio 2014).

Provocadores, irónicos, sarcásticos, eróticos, son elementos que visten esta antología, conformada por 30 jóvenes poetas quienes, sin conocerse, coinciden en el hiperespacio alrededor de una convocatoria colgada en Facebook y, meses después, se conocen el día de la presentación del poemario en el Centro Cultural Bella Época, el cual lucía abarrotado de jóvenes sentados en los pasillos, acompañando a sus amigos los poetas.

Se trata de una generación que si bien no es espontánea, tampoco carga con tradición literaria alguna; no se reúne en ningún café, tampoco fundó revistas o militan en algún movimiento político; sin embargo, ya se perfilan como las nuevas voces de la poesía mexicana.

“Los poetas aquí reunidos imaginan distintos planos, hablan bajo la tierra, cruzan el tiempo, cortejan el espacio y saben que el idioma es una flecha que se dispara. Habrá que estar atentos a lo que escriben porque es ya lo que permanece”, describe María Baranda, una de las antologadoras.

Hasta aquí llega el registro sobre el vínculo de una generación de poetas, agrupados por la editorial independiente que ha logrado tejer una estrategia que le permite publicar por gusto y búsqueda, como lo marca la tradición de los editores, dejando a un lado el marketing, las tendencias y la legitimización a partir de nombres; y, a la vez, usar plataformas digitales que difunden a sus escritores en espacios multimedia diseñando y promoviendo la cultura del e-book.

El poeta y su trabajo

Una mañana de febrero, Paulina del Collado (DF, 1990), en el ritual cotidiano de consultar el muro de Facebook encuentra una convocatoria que se anuncia en tonos milenaristas: Poetas de fin de siglo, antología.

Paulina trabaja en el Centro de Capacitación Cinematográfica y es una incipiente escritora, con algunos reconocimientos, encuentra en la poesía un sinuoso camino de palabras en el que es posible desdoblarse para conocerse.

Por esos días de febrero y durante los siguientes tres meses, otros jóvenes semejantes a Paulina, consultarán la página de Cuadrivio en otros nodos del país donde se encontraba la convocatoria que prometía editar una antología de jóvenes desconocidos para distribuirla en internet; llamando su atención porque el libro no sería en clásico formato de papel sino uno a base de pixeles, un e-book en el que aparecerían poetas nacidos entre 1989 a 1999, es decir desde un adolescente de 15 años hasta un joven de 25; y para enviarlo bastaba un correo electrónico; sin embargo, por la calidad de la obra, los editores decidieron lanzarla también en formato impreso.

Conectados a su ordenador, poetas de 28 estados de la República mexicana, egresados de la carrera de literatura, letras, teatro, o bien seminarios de escritura, diplomados, de escuelas públicas y privadas, comenzaron a postear la información, hasta que la bandeja de entrada del correo de Cuadrivio registró al cierre de la invitación 200 participantes y más de 500 poemas recibidos.

“Mi mayor baúl de convocatorias es Facebook; unos amigos de Monterrey que conocí en un taller literario la postearon. La encontré atractiva al ver que sería un e-book, así que, unas horas antes de cerrar, otro amigo y yo mandamos”, recuerda Pablo Piceno (Wolfsburg, 1990), quien reside en Puebla y es uno de los 30 poetas que componen la antología provocadoramente titulada Poetas parricidas.

Después, los editores de Cuadrivio se dan a la tarea de encontrar cómplices para revisar más de mil cuartillas y elegir a sólo tres decenas de todo esa torre de expresiones, sueños, anhelos, apiladas en una larga lista de e-mails.

Luigi Amara, María Baranda, Armando González Torres y Armando Oviedo se dan a la tarea de revisar uno a uno para ir descubriendo “cierto ímpetu, matizado por la malicia literaria; subversión y ánimo de ruptura, así como un precoz dominio del oficio”, escribe González Torres.

Siguen creyendo, como los antiguos editores, con descubrir al poeta del siglo, de la década o ¿cuáles son los motivos para hacer esta convocatoria?

El editor que diga que no sueña con descubrir un garbanzo de a libra, miente. La edición, dice uno de los fundadores de Cuadrivio, “se basa en la concreción de sueños; en la germinación de la idea que finaliza en la publicación de una obra. Después, el libro es lanzado a las aguas profundas de las novedades editoriales y sólo cumplirá su objetivo si es capaz de encontrar un lector; de construir un puente comunicante, de despertar el deseo por la lectura, de seducir al otro. De crear cómplices y exaltar el entusiasmo por la lectura y la escritura. Después de eso, si resulta que es el escritor del año, de la década o del siglo será algo circunstancial”.

¿Porqué la insistencia moderna de querer agrupar a gente en generaciones para definir ciertas estéticas?

En México, explica, hay una gran tradición por las antologías, la diferencia de Poetas parricidas es que contó con un jurado que seleccionó a los más destacado. “Y sin duda, creo, que lo valioso de la Generación entre siglos es que es una apuesta, una tentación. Depositamos una semilla, pero no para reunir las flores más bellas y coloridas, sino las que son como nosotros con errores, malformaciones y carencias. Es una tentación por apostar por la poesía”.

Manuel Zermeño (Nuevo León, 1991), estudiante de letras, agrega que es fundamental para contextulizar el quehacer de la poesía joven actual. “El formato de competencia y selección por un jurado se me hace el más óptimo, ya que fue muy incluyente al recibir trabajos de una convocatoria abierta y no la simple labor de juntar en un libro a los poetas conocidos por los antologadores.

Lo cierto es que la rebelión de la que se habla se percibe en la forma, en la estructura, la gramática, la sintaxis, las metáforas y, en general, en sus propias personalidades la caer en el pantanoso terreno de ser escritor joven en medio de premios y estímulos a la creación, pero también de una aridez generacional interesada en la virtualidad de las relaciones y en el autismo electrónico cotidiano.

Andrea Alzati (Guanajuato, 89) coincide en ese sentido. Trabaja en una empresa de estrategias de comunicación; llega a la literatura por un castigo en la secundaria, tiene que leer a Mario Benedetti, pero de ahí se desprende su vocación lírica.

“No pienso vivir de la poesía y no me autonombro poeta; no me imagino vivir de la literatura, prefiero mantener una relación amistosa con ella; no deseo pedir becas o esperar algo de una editorial, prefiero tener la libertad”, acota.

Juan Carlos Martínez (Ciudad de México, 1989) piensa en otra vía. Se dedica a la dramaturgia, pero estar en contacto con la poesía, convivir con escritores, nació su interés para escribir y el poema que le publican lo describe como un experimento profesional.

“En este país el camino de jóvenes es buscar apoyos, becas, premios literarios, revistas, antologías, porque todo te va generando una experiencia, son los caminos, difícilmente un texto no recomendado ni leído llegará a una editorial.”

Para Clyo Mendoza (Oaxaca, 1993), la escritura es parte de su proyecto de vida y tiene claro lo que ofrece en su poesía.

“Pretendo que el lector se esfuerce y dialogue con los textos. Creo que mis poemas intentan un rechazo y una negación de la realidad… Espero que mis textos hagan que la realidad sea para el lector algo mucho más frágil, también algo interpretable y polifónico.”

Sobre el tema Hernán Bravo Varela, crítico literario, describe el libro como un terreno propicio para las posibilidades de la poesía. Una muestra de un futuro cercano en hipermovimiento; poesía cerebral, fusión erótica, geografía poética, hasta desgarradura subversiva.

“A mí los derechos de autor no me interesan, si se los hubieran robado esta convocatoria no habría problema, de hecho sería un acto artístico”, suelta Pablo Piceno.

Paulina Collado, quien hace pocos días se enteró que ganó el premio nacional de literatura infantil El Barco de vapor, señala en sentido opuesto: “La generalización tiene muchos peligros, todos los apoyos y mitología que se cubre alrededor de un creador nuevo, porque los campos de trabajo son limitados. Los apoyos me parecen importantes, lo contradictorio ese animo que dejan ver esas convocatorias al recalcar que sólo en un edad juvenil puedes ser creador. Muchas cosas de esos premios deben cambiar, entre ellos los que legitimaban. Personalmente, por cuestiones de difusión, uno siempre escribe pensando en que alguien lo va a leer, pero también hay una carga social sobre lo que decides. En las letras, las publicaciones te marcan una ruta, tiene que ver con la idea de cómo te insertas en la sociedad”.

A su vez, Bravo Varela describe a una generaciones que ha cambiado en la asimilación de la técnica poética, sus cánones, sus sentimientos en el sentido poético, pero es una transformación fundamental en el procesamiento de las emociones.

“Descreen de la lucha de lo sublime, desdeñan el chantaje sentimental pero también hay simpleza disfrazada de sofisticación; rechazan el poema lírico y el conceptual, así como cualquier vínculo con la poesía mexicana, o una tradición solemne y aséptica. Veo un escepticismo, el amor o el acercamiento lúdico al erotismo; medios masivos, trabajo con los lenguajes híbridos que se resuelven poéticamente.

“Lo que cambia es el contexto, la época y los giros que ha dado en lenguaje hablado; la cuestión que les adhiere frescura es el cómo influyen los nuevos soportes como las redes sociales”, detalla Zermeño.

Por su parte, Alzati encuentra en los temas de erotismo juvenil, entrecruzados con elementos urbanos, citadinos, materiales, uno de sus mayores atractivos.

“Con experiencias orgánicas, sexuales, emocionales, con una experiencia muy abrupta y abrumadora de vivir en una ciudad, con un intento de regresar a la emoción, al cuerpo, al alumbramiento espiritual.”

Pablo Piceno encuentra una ausencia de estructuras tradicionales, eliminada la rima y la métrica, “si algo carecen, con todo orgullo, es solemnidad. Es una crítica dura con lo establecido, con esa estética tradicional; lo interesante también es que parecía que no hay poetas y, de repente, sorpresa, aparecen unos muy narrativos y de ruptura con la poesía clásica”.

¿Conflicto generacional?

Es difícil encontrar un punto común, el titulo causó controversia, es debatible, agrega Juan Carlos Martínez, “pero la búsqueda de la mayoría que estamos ahí no reniega de las influencias formales y contenidos de los grandes poetas, pero sí hay un deseo por buscar otras formas de arribar a lo nuevo, una búsqueda por eso inquieta, el problema del deseo, de la falta de Dios, de la virtualidad”.

Al principio “no entendía el título, pero me di cuenta de que cuestiona, no mata, que muestra nuestra inseguridad en muchas cosas, lo reconocemos y preguntamos acerca de las relaciones afectivas, laborales, aceptamos la incertidumbre para interrogarla y después decir qué vamos a hacer con ella”, señala Paulina Collado.

“Veo una búsqueda hacia la individualidad, mirar hacia adentro para ver qué diablos es uno mismo a partir de lo de afuera. No podemos negar que las condiciones del país y la realidad permean, pero también ponerse entredicho uno mismo, y qué voy a hacer con lo que tengo para cambiar las cosas. Hay una especie de humor generacional que recorre todos los poemas. Es paradójico que en una época tan globalizada nos conocemos, pero también nos muestra qué estamos dispuestos a compartir y qué no. Lo que tenemos es que no hay un criterio formal, cada quien su estilo personal, hay una especie de pasar de la desilusión a interrogarla. No es un antología panfletaria o política, es una búsqueda hacia al interior. La poesía es un espacio, un reducto privado que pertenece, se busca y se necesita para reconocer la materialidad.”

El crítico y poeta Armando Oviedo aseguró que para los poetas antologados la vida pareciera una terrible carga, creo que acertó, confiesa Clyo Mendoza: “Los poetas de mi generación somos pesimistas, pero esa aparente desesperanza es llevada al lenguaje escrito con gran sarcasmo e ironía”.

Sobre las antologías

Para Alejandra Retana (Nuevo León, 1994), las antologías siempre causan polémicas, los detractores no demoran. No creo que la muestra aspirara a mostrarnos una generación homogénea, si es que existe tal cosa, por el contrario, es una excelente visión de lo que se está haciendo en diferentes latitudes (no sólo geográficas). Creo en el talento y en el trabajo de muchos de los poetas que aparecen allí. Conocía la poesía de varios desde antes de la antología, entonces me dio un gran gusto verlos reunidos en un mismo libro. En ese sentido, creo que es una buena antología. Esto no es un juego, queda claro, nos lo hemos tomado en serio. Hay nombres que estoy segura seguiremos escuchando en el futuro, si es así, la antología habrá logrado suficiente.

¿Dónde encontrar la poesía de los jóvenes?

En todas partes. Levantas una piedra y encuentras un poeta joven. En la antología aparecen treinta, pero hay cientos de jóvenes escribiendo poesía. Ahora, me arriesgaría a decir que jóvenes comprometidos con el oficio y con prematura maestría son pocos. ¿Dónde encontrar a esos pocos? Ésa es la pregunta. Algunos de ellos aparecen en Poetas Parricidas, por ejemplo, Martha Rodríguez Mega, Clyo Mendoza, David Meza, entre otros.

Además, Yolanda Segura (Querétaro, 1989) considera que “hay un montón de gente que está escribiendo, publique o no en medios formales. Las cosas que se encuentran en twitter, en blogs, que en general son muy valiosas y no siento que tengan la necesidad de legitimarse de alguna forma”.

¿Qué los hace diferentes?

Una madeja de cosas que se compaginan para una nueva voz: primero es la cartera de poetas, tradiciones y vanguardias cada vez más amplias. En segundo lugar el giro mediático que nos permite estar al tanto de las escrituras y poéticas de gente de nuestra edad en otras latitudes. Luego, puede ser, esa necesidad de desfalcar el enorme auge de lo visual contra la palabra escrita. Y quizá también, la creciente moda de la transdisciplina generada a partir de la fusión de lo poético a otros planos, desmenuza Zermeño.

“Con exactitud no lo sé. La juventud tiende a querer diferenciarse rápidamente de sus antecesores, pero sólo con el tiempo los auténticos contrastes se notan. Podría hablar de hechos históricos (como la guerra contra el narco y la violencia generalizada en que viven muchas regiones del país) que han marcado nuestras vidas y también podría mencionar nuestra relación con la tecnología (¡y las redes sociales!, por lo pronto nosotros tenemos memes), pero no sé si esto podría generar una diferencia significativa. Hay rasgos distintivos, pero creo que es muy temprano para señalarlos”, sentencia Retana.

Para Clyo Mendoza, “hay referencias en nuestros textos a la literatura y sus formas previas y sin embargo en todos los textos hay un desafío a la herencia. En algunos casos los temas más complicados tienen su cauce en poemas donde el autor desaparece dejando sus textos como testimonios huérfanos (considerando que existe la idea, aunque cada vez más obsoleta, del autor como el padre de su texto, un demiurgo y un ojo capaz de revelar lo cierto). Este artificio revela un desapego obvio por los textos ya escritos. En otros casos, y en esto hay gran identificación con los novelistas de vanguardia, la escritura se auto-refiere.

En un siglo donde abundan herramientas tecnológicas de comunicación, esta generación, aunque maneja todo tipo de dispositivos electrónicos y su vida se desdobla entre actividades cotidianas y la virtualidad de las redes, ahora tendrá que demostrar que son el relevo en la poesía mexicana que aún habita en el papel y los pixeles.

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