Materíal fílmico, Revolución inédita

Hoy se presenta la tercera parte, hasta hoy desconocida, del filme De Victoriano Huerta a la rendición de Villa. También se cumple un siglo de la entrada de Carranza a la capital del país

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20/08/2014 05:45 Juan Carlos Talavera

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de agosto.- Será presentada la tercera parte de la película silente De Victoriano Huerta a la rendición de Villa, que forma parte del material fílmico inédito que recientemente organizó y restauró el historiador e investigador Aurelio de los Reyes.

La cinta inicia con el desfile del primero de mayo de 1913 y culmina con la rendición de Villa en 1920. Dicho material fue restaurado durante los últimos tres años con apoyo del Festival de Cine Mudo de Pordenone, de Italia, el cual tiene una duración de hora y media, dice en entrevista con Excélsior.

Las imágenes, que serán presentadas mañana en Guadalajara, fueron compiladas a partir de tres colecciones con materiales de la Revolución: de los hermanos Alva, Salvador Toscano y Jesús Avitia, que recientemente fueron donados a la Filmoteca de la UNAM, “donde lo interesante es que la historia desfila ante la cámara”.

Este material da otra lectura de la época de la Revolución Mexicana, ya que las imágenes son de una enorme vitalidad que no comunica ninguna imagen impresa o escrito porque tiene movimiento. Aquí se puede ver a la gente de carne y hueso y eso es lo impresionante”, asegura.

El material ya ha sido digitalizado, pero, aún no existe un proyecto de comercialización de algún DVD para el gran público, reconoce: “Sin embargo, eso ya corresponde a la Filmoteca, dado que los derechos autorales son de la UNAM, es quien decide su comercialización o no”.

Otras escenas históricas que incluye este material son: la Toma de Zacatecas, la Convención de Aguascalientes y la llegada de los ejércitos de Villa y Zapata a la Ciudad de México, tres momentos históricos que durante 2014 cumplen su centenario.

En total el material fílmico de la Revolución Mexicana abarca cinco horas de película que se divide en tres segmentos. El primero cubre de 1896, con la llegada del cine  a la toma de posesión de Francisco León de la Barra como presidente de México en noviembre de 1911.

El segundo abarca de la toma de Ciudad Juárez al sepelio de Francisco I. Madero y la dictadura de Victoriano Huerta; y el tercero de la celebración del 1 de mayo, en 1913,  a la rendición de Pancho Villa. “Así que el trabajo que he realizado inició con la identificación del material para luego proponer una secuencia lógica y cronológica, es decir, una restauración editorial a partir de un guión visual, y posteriormente fue enviado a Canadá para su restauración digital”, explica De los Reyes.

La primera y la segunda partes, comenta, ya han sido proyectadas en Hermosillo, Ciudad Obregón y Xalapa, y la tercera será proyectada en la Universidad de Guadalajara, dentro de la cátedra de Estudios de Cine, con el acompañamiento musical del pianista mexicano José María Serralde, y en octubre próximo se llevará a Aguascalientes, para celebrar el centenario de la Convención de Aguascalientes.

La cinta de poco más de hora y media abarca siete años de historia. Comienza el 1 de mayo de 1913, a unos meses del sepelio de Francisco I. Madero, explica el también experto en cine silente.

Luego viene el avance de los ejércitos revolucionarios, la entrada de Obregón a Querétaro, escenas de la toma de Zacatecas, donde aparece Villa; varias escenas de la Convención de Aguascalientes y, desde luego, la entrada de los ejércitos de Emiliano Zapata y Pancho Villa a la Ciudad de México”, abunda el también investigador por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

También hay imágenes de un momento particular, cuando el Centauro del Norte pasa revista a su ejército por primera vez. “Eso sucedió luego de que firmó un contrato con Mutual Films Corporation para filmar sus batallas: Recordemos que las primeras tomas que le fueron realizadas, en Ojinaga, no gustaron en Estados Unidos porque el ejército se veía
desorganizado”.

En aquel entonces se trataba de brigadas y cada una de éstas vestía como quería, incluso el propio Villa no andaba uniformado. “Así que cuando se exhibieron aquellas imágenes Villa parecía más un bandolero que el Napoleón mexicano. Poco tiempo después Felipe Ángeles se unió a Villa y le organiza profesionalmente su ejército”, relata.

Así que primero lo uniformó y conformó la guardia personal de Los Dorados de Villa, con lo cual ahora el ejército ahora sí tenía una vista mucho más cinematográfica. “Entonces Villa, para difundir esa imagen del ejército organizado, hizo una revisión a su ejército en la ciudad de Chihuahua para mostrar al mundo de cómo ya tenía un ejército debidamente ordenado y disciplinado”, añade.

Y desde luego, se aprecia el ingreso de las tropas zapatistas y villistas a la capital, aquel 6 de diciembre con cerca de 50 mil hombres. “Su llegada sucedió por el norte, cuando Villa esperaba a Zapata en la Calzada de La Piedad –hoy Mariano Escobedo–, para luego tomar Paseo de la Reforma.

Y en las tomas se puede ver cómo van mezclados las tropas zapatistas y villistas, las cuales son perfectamente identificables. También se ve el paso de la Cruz Azul, que era el cuerpo de sanidad de los villistas el cual más tarde le daría nombre a la empresa que hoy lleva el mismo nombre.

Además, me parece que se aprecia un batallón de soldadas, no de soldaderas, aunque como la imagen no es totalmente nítida, es difícil saberlo. Sin embargo, se puede apreciar claramente un batallón de zapatistas mujeres, vestidas de hombre que iban desfilando, con un paso mucho más cortito, aunque es una deducción  porque la toma proviene desde el balcón de Palacio Nacional”, concluye.

Sólo señalar que el investigador ha estado familiarizado con este material fílmico porque lo ha estudiado desde 1974, el cual completó con los registros de periódicos y revistas de 1896 a 1932 y los programas de cine que se conservan en el Archivo Histórico de la Ciudad de México, el cual en su momento estuvo a punto de ser desechado.

 

Llegó Carranza a la capital

Venustiano Carranza pudo llegar a la Ciudad de México, sin problemas hoy hace cien años, gracias a que Álvaro Obregón le allanó el camino. La entrada del primer jefe del ejército constitucionalista a la capital del país, no fue el fin de la Revolución, sino el inicio de una nueva fase: el enfrentamiento armado entre constitucionalistas contra villistas y zapatistas.

Carranza, un empresario que entró a la política en su natal Coahuila en la época del porfiriato, tuvo apoyo del general del ejército federal Bernardo Reyes, uno de los conspiradores contra el presidente Madero, se sumó a la Revolución Mexicana después del asesinato de Madero y el golpe de Estado que dio el general Victoriano Huerta, a finales de febrero de 1913.

El hombre de barba patriarcal, cana, larga, que no era militar de carrera, pero que vestía como tal, aunque sus camisolas exentas de insignias, llevaban botones dorados, en año y medio se convirtió en presidente de México cuando entró a la capital.

Como gobernador coahuilense, Carranza desconoció a Huerta y lanzó el Plan de Guadalupe, que constaba de siete puntos, en el cual Carranza se erigía como primer jefe del ejército constitucionalista (en alusión a la defensa de la Constitución de 1857), y su documento mencionaba que él mismo “o quien hubiera quedado al mando” se encargaría interinamente del Ejecutivo federal una vez que su ejército llegase a la Ciudad de México, como sucedió el 20 de agosto de 1914.

Carranza se hizo cargo de la Presidencia interinamente hasta el 30 de abril de 1917. En esos 32 meses, la Convención de Aguascalientes nombró a tres presidentes: Eulalio González, Roque González y Francisco Lagos. Entre el 1 de diciembre de 1917 (ya publicada la Constitución que hoy rige a México) y el 21 de mayo de 1920, fecha de su asesinato, Carranza fue presidente constitucional de México. En las elecciones que Carranza ganó sus contendientes fueron los generales Obregón y González.

Para que Carranza pudiera llegar al Distrito Federal, Obregón, como general de la División del Noroeste, y el general Pablo González, a cargo de la División Noreste se jugaron el pellejo ante los pelones del ejército federal, que fue leal al general Porfirio Díaz, a Madero (aunque lo traicionó) y a Huerta.

Ante la inminente entrada de los constitucionalistas a la Ciudad de México, el 4 de junio de 1914, Obregón descargó una batería verbal: “¡Paso al Ejército Constitucionalista! ¿A dónde van nuestros victoriosos clamores? A la tristemente célebre Ciudad de México, adonde muy pronto llegaremos triunfantes, para hacer sentir al asesino el peso de sus crímenes con el elocuente mensaje de nuestros cañones”, escribió el historiador Alejandro Rosas, en su texto La Ciudad de México en manos revolucionarias.

En la campaña para que Carranza llegara a la capital del país, el 8 de agosto de 1914, Obregón presionó al presidente interino depuesto (Francisco Carvajal) a que definiera si defendería o no el Distrito Federal; cinco días después, Obregón firmó los Tratados de Teoluyucan; el 15 de agosto el general sonorense entró a la capital mexicana al frente de la División del Noroeste, para que el 20 de agosto de 1914, Carranza en el lomo de un alazán  hiciera su entrada triunfal.

A las expresiones guerreras de Obregón hacia la capital, se sumaron las de Carranza, según escribió Rosas, que recuerda que el jefe constitucionalista dijo: “Todo el país está hecho pedazos y sus pobres habitantes han sufrido lo indecible con la revuelta, sólo la Ciudad de México nada ha perdido, y sin embargo, es siempre cuna de todos los cuartelazos y todas las revoluciones, justo es que pague esta vez sus faltas y la vamos a castigar duramente, igual que a todos los que ayudaron a Huerta”.

Aunque la realidad, apuntó Rosas, no fue así. Carranza y Obregón trataron con benevolencia a la Ciudad de México. La firma de los Tratados de Teoloyucan, el 13 de agosto, permitió la ocupación pacífica de la capital y por primera vez, Obregón paladeó el reconocimiento público, alcanzando un instante de gloria en una metrópoli que generalmente se avenía con el triunfador. El invicto general sonorense aceptó el reconocimiento público, después de todo la Ciudad de México representaba la cuna del poder, escribió Rosas.

En la edición del 23 de agosto de 1914, Revista de Revistas, la madre editorial de Excélsior publicó en su sección de información nacional lo siguiente:

La entrada triunfal del señor Carranza. -Como lo dijimos en la edición pasada (del 16 de agosto), el jueves 20 del corriente hizo su entrada triunfal en México el señor don Venustiano Carranza, primer jefe del ejército constitucionalista.

La entrada la efectuó el señor Carranza por la calzada Tacuba. En la exgarita de la Tlaxpana (lo que hoy es San Cosme y Circuito Interior), donde como en todo el trayecto, lo esperó una entusiasta multitud, el doctor Luis G. Cervantes, presidente del ayuntamiento, puso en sus manos las llaves de la ciudad.

El señor Carranza llegó acompañado de los señores general Álvaro obregón, jefe militar de la plaza y el general Villarreal, actualmente gobernador de Nuevo León.

Tras del señor Carranza –continúa la crónica de Revista de Revistas–, avanzaba un núcleo de generales. Después seguían tres escuadrones de tropa. La comitiva dio vuelta por la calzada de la Verónica (que es hoy el Circuito Interior) y poco después entró al Paseo de la Reforma”.

De acuerdo con Conaculta, una vez que Obregón se instaló en la Ciudad de México, después de la firma de los Tratados de Teoloyucan, el general sonorense procedió a organizar el desarme de las tropas federales, mantener el orden y realizar los preparativos para la llegada de Venustiano Carranza.

Para la llegada de Carranza, Obregón hizo difundir algunos artículos relacionados con los Tratados de Teoloyucan, bajo los cuales se prohibió la venta y consumo de bebidas embriagantes y la pena de muerte para los traidores.

El 19 de agosto de hace 100 años, Carranza llegó por ferrocarril a Tlalnepantla, durmió en la población de Azcapotzalco y el jueves 20 de agosto salió de la prefectura del Palacio Municipal de Azcapotzalco rumbo a la Ciudad de México.

Llegó don Venustiano Carranza montado en un caballo azabache de gran alzada, a su lado el General Álvaro Obregón, General en Jefe del Cuerpo de Ejército Noroeste y el General Juan G. Cabral, Comandante Militar de la Plaza de México, después los generales Villarreal, Francisco Coss, Julio Madero, así como los Estados mayores del señor Carranza y del General Obregón”, indica Conaculta.

Según diversos libros de la historia de la Revolución Mexicana, a las 12:30 de hoy hace 100 años, las campanas de la catedral metropolitana sonaron, cuando Carranza hizo su entrada al Zócalo, y al estruendo de las campanas lo acompañó una salva de 21 cañonazos y los toques del clarín que anunciaban así que el primer jefe del ejército constitucionalista y presidente provisional de México hacía su entrada al Palacio Nacional.

La crónica publicada por Revista de Revistas dice que poco después de las 12 del día, el señor Carranza llegó al Palacio Nacional, desmontando de un magnífico caballo negro que lo había conducido desde Azcapotzalco. Pasó a los salones presidenciales después de recibir múltiples agasajos, y cuando ya había callado el repicar de las campanas echadas a vuelo, se dirigió al pueblo desde el balcón central, pronunciando una patriótica alocución.

Después (Carranza) recibió felicitaciones. Tras tomar un lunch, se dirigió a las tres de la tarde a su residencia en el hotel Saint Francis, en la avenida Juárez (hoy Hilton Alameda).

La entrada del señor Carranza a la metrópoli fue comunicada el mismo día a los Estados Unidos por el señor Cardoso de Oliveria, encargado de los negocios de la vecina Unión en México (aunque Cardoso era el ministro de Brasil). Al otro día (21 de agosto de 1914), la Secretaría de Gobernación envió a los gobernadores constitucionalistas y demás autoridades políticas y militares, la nota en que el señor Carranza participaba haberse hecho cargo del Poder Ejecutivo de la República, conforme el artículo 3° del Plan de Guadalupe”.

- Andrés Becerril

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