Ópera, terapia lírica

Un grupo de melómanos y especialistas en relaciones familiares desmenuza algunas óperas clásicas como Madame Butterfly, Carmen, Rigoletto y Don Giovanni, para enfatizar la dimensión sicológica que contienen sus personajes y analizar las emociones humanas

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03/08/2014 05:47 Luis Carlos Sánchez
Ilustración: Tomada del libro / Cortesía Gedisa
Ilustración: Tomada del libro / Cortesía Gedisa

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de agosto.- Puesto en el diván, el Don Giovanni de Mozart es un claro ejemplo de lo que los especialistas llaman “trastorno límite de personalidad”.

El protagonista de la ópera del genio austriaco, estrenada en el Teatro de Praga el 29 de octubre de 1787 sería diagnosticado como una persona con dificultades para establecer vínculos sociales duraderos y con marcada tendencia a vivir en un importante grado de desadaptación social.

En tanto, la pareja que forman el teniente Pinkerton y Madama
Buterfly, de la obra cumbre de Giacomo Puccini, constituye un caso en el que existen narrativas “muy dispares e incompatibles”, caracterizadas por una relación instrumental y un ambiente de depredación en el que los amantes no se llegan a constituir o rompen su relación por escaso compromiso.

El diagnóstico es de un grupo de especialistas en relaciones familiares y de pareja que han unido su gusto por la ciencia y la música. Rigoletto, Il Trovatore, La traviata, Carmen o Aída no son sólo modelos del arte total que significa la ópera, sino que ahora también constituyen una posibilidad para enfatizar la dimensión sicológica familiar, de acuerdo con los autores de La familia en la ópera. Metáforas líricas para problemas relacionales (Gedisa, España, 2014).

La ópera, explica el siquiatra y sicólogo Juan Luis Linares, “es extraordinariamente sugestiva para este tipo de abordajes, porque reúne elementos de todas las artes; en la ópera hay música, hay literatura, hay poesía, hay dramaturgia y también artes plásticas. En realidad la ópera es lo que más se aproxima a la idea de espectáculo total y además tiene una característica especial, diferencial con respecto a las otras artes, y es ese componente emocional”.

El volumen es producto de un cúmulo de coincidencias, Linares —quien fue presidente de la European Family Therapy Association— llevaba varios años compartiendo profesión y gusto por la música con el italiano Pier Giorgio Semboloni, médico siquiátrico especialista en neuro-siquiatría infantil.

Hace más de 20 años decidieron organizar una charla sobre ambas coincidencias, después crearon un seminario y ahora han escrito conjuntamente este volumen con la colaboración de los también terapeutas Javier Ortega, Roberto Pereira y Carlos Sluzki.

¿Es posible indagar una dimensión sicológica en otras artes o es exclusivo de la ópera?, se le pregunta a Linares, a través del teléfono. “En cualquier disciplina artística se pueden extrapolar conclusiones que tengan validez para el mundo sicológico y relacional siquiátrico, sicoterapéutico; de hecho, hay muchos precedentes sobre todo desde la perspectiva sicoanalítica. El propio Freud hizo estudios en novelas, hay muchos estudios que se han centrado en otras disciplinas artísticas, literarias desde luego, novela, teatro, poesía, artes plásticas, pintura.

“La ópera, sin embargo, es extraordinariamente sugestiva por su componente emocional. Por el papel que juega la voz humana tiene una gran intensidad afectiva, una gran intensidad emocional y eso hace que las metáforas que aparecen en la ópera tengan mayor incidencia, que sean más eficaces desde el punto de vista comunicacional, los espectadores se identifican tremendamente con los personajes, el público se identifica y sufre y se alegra con ellos, vive intensamente esas historias y eso hace más eficaz la comunicación del lenguaje metafórico”, responde.

¿Existe correspondencia entre los problemas sicológicos que plantean las obras y la vida de sus compositores? “Siempre hay algunas correspondencias entre las biografías de los autores y sus obras. Un caso muy ilustrativo es Puccini, que fue un gran autor lirico italiano cuyas óperas tienen historias muy potentes referentes a las relaciones de pareja. Puccini fue un hombre que vivió una historia conyugal y de pareja muy tormentosa y muy conflictiva”.

Verdi, señala Linares, es otro caso. “Es un autor con una historia curiosa, una relación dura con su padre, conflictiva y aparece en sus obras una serie de padres muy singulares y dignos de reflexión sobre las relaciones con sus hijos. En la misma línea está Mozart, que tuvo una relación tremenda con su padre Leopoldo Mozart, quien lo explotó terriblemente desde pequeño; en sus óperas la figura del padre siempre es fuerte o bien no aparece, como es el caso de Don Juan, o bien están idealizados como es el caso de La flauta mágica”.

En la práctica, ¿qué problemas relacionales platean algunos personajes?, se le pregunta. “Don Juan, o Don Giovanni, ha sido una figura mítica. La ópera de Mozart es una de las grandes maravillas de la música, pero la figura de Don Giovanni es muy controvertida, porque es un seductor, un hombre que se aprovecha de las mujeres, que las utiliza; nosotros la abordamos relacionándola de alguna manera con lo que en siquiatría se conoce como el trastorno límite de personalidad.

“Esa condición de personalidad límite la relacionamos con la historia familiar del propio Mozart, en cuya obra no aparece el padre, pero sí en las obras que han inspirado la ópera como la obra de Tirso de Molina o la de Zorrilla, en donde aparecen padres terribles, padres persecutorios, padres rechazantes, padres que condenan a sus hijos, que no tienen la menor mirada de tolerancia, de afecto para con ellos y eso, claro, lo relacionamos con la patología del hijo.”

Otro ejemplo, agrega, es el de la pareja conformada por Lohengrin y Lisa en la ópera Lohengrin, de Richard Wagner. “Es una pareja recién constituida que en la misma noche de bodas, cuando en teoría se están amando muchísimo después de la célebre marcha nupcial que sirve aún de fondo en los casamientos, se destruyen como pareja por un pequeño desacuerdo respecto a una condición que él le ha puesto sobre no preguntar acerca de su origen, ella se empeña en preguntar y con eso la pareja se destruye en la misma noche de bodas sin que ninguno de los dos ceda, jugando a las vencidas para ver quién gana y evidentemente quien pierde es la pareja”, dice.

La familia en la ópera cuenta además con ilustraciones de Alejandra Zúñiga y los autores incluyen fragmentos, en algunos casos bilingües, de las óperas que analizan, así como los links a páginas electrónicas y el canal de videos YouTube para que el lector pueda conocer y escuchar los argumentos en cuestión.

 

Dos magistrales ejemplos

Verdi

>Il trovatore, según los autores del libro, es la única ópera de Giuseppe Verdi en la cual la madre ocupa la posición central que el compositor suele atribuir a los padres.

Cuando Azucena, gitana y madre de Manrico, narra a su hijo el drama familiar, los terapeutas afirman que se trata de una “dimensión temporal” que la ubica como un progenitor destructivo.

“Se podría decir que este episodio (primera escena  del segundo acto) representa el pasado que vuelve al presente para determinar el futuro.

Todo el peso de la lealtad invisible, a la cual el hijo adoptivo, Manrico, es condenado, se condensa en el Mi vendica (¡Véngame!) , que la madre le lanzó a Azucena desde la pira”.

La escena muestra, así, “una relación de fuerte dependencia respecto de una madre, sugerida también como una figura un poco loca, casi delirante en aquel canto aparentemente dulce, que contrasta con el contexto en el que se enmarca, cuando Azucena, en la cárcel y aguardando la muerte, se dirige a Manrico”.

Es así, prosiguen, “como Azucena, única madre entre tantos padres, se incluye como excepción en la galería de progenitores destructivos verdianos”.

 

Puccini

>En La bohème, de Puccini, el libro plantea la existencia de una pareja complementaria basada en la debilidad de Mimi y la sobreprotección de Rodolfo. “Cabría aventurar que Rodolfo la ama a primera vista porque intuye certeramente que se trata de una criatura débil, a la que habrá de proteger.

Alguien más vulnerable que él mismo, que le permitirá mostrarse fuerte y abnegado”.

De acuerdo con los terapeutas, el estado en el que se produce el amor de Mimi y Rodolfo “es la fórmula con la que se construyen muchas parejas de signo complementario, que implica una tendencia hacia la rigidificación. Si el miembro que queda en posición de inferioridad, el dependiente,el protegido, el controlado, es un depresivo o un alcohólico, es probable que mientras más dependa del otro, siendo más protegido o controlado por éste, más se intensifiquen o agraven sus síntomas”.

El caso de la pareja sin embargo es diferente, pues el problema que pone a Mimi bajo la amorosa protección de Rodolfo, “es una enfermedad física, la tuberculosis, de características míticas en su época, incurable pero muy influenciable por las condiciones de vida”.

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