La cultura de Brasil, más que futbol

A través de programas, como Cultura Viva, se beneficia a grupos vulnerables, en un modelo de intervención que ha sido retomado por países como Perú, Argentina y Colombia

COMPARTIR 
06/07/2014 02:46 Andrés López Ojeda* Especial

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de julio.- Brasil se encuentra en la mirada de todo el planeta gracias al Campeonato de Futbol, pero, más allá de todo lo que acontece alrededor del futbol, Brasil ha tenido amplia notoriedad en las últimas semanas por otras razones que pueden ser de observancia para México.

Mientras que en nuestro país se intentó modificar la Ley de Telecomunicaciones para controlar el acceso y la privacidad de los usuarios de internet, en el país sudamericano, como parte de una discusión que llevó siete años y en la que hubo una activa participación de la sociedad, el pasado mes de abril se aprobó el llamado Marco Civil de la Internet.

Dicho Marco Civil constituye una ley histórica debido a que ha desafiado el dominio y control mundial estadunidense sobre esta otra industria cultural que ha creado monstruosos monopolios de la web y de la economía digital como Google, Microsoft, Facebook y Yahoo, pero, sobre todo, porque aunque ha habido una polémica en torno al tema de la salvaguarda de los datos personales en la red y la participación del Estado para ejercer la vigilancia y disponibilidad de las informaciones, en general, dicha propuesta parte de principios democráticos y del reconocimiento de los derechos de los usuarios de la red.

Una segunda razón por la cual se merece hablar de Brasil, independientemente del futbol, tiene que ver con el hecho de que recientemente se aprobó el Plan Nacional de Educación que plantea como meta a mediano plazo destinar el diez por ciento del Producto Interno Bruto a este sector. Mientras que en México, según datos del INEGI, para este 2014 se dedica el 6.4 del PIB a dicho rubro, en aquel país se tiene contemplado el incremento al siete por ciento en 2019 y al diez por ciento para 2024; además se considera conseguir la universalización de la educación para niños de cuatro y cinco años para 2016; la erradicación del analfabetismo en la población de 15 años o más; la ampliación de los turnos para el 25 por ciento de alumnos de la red escolar pública y nuevos planes de carrera para los profesores que puedan enfrentar los retos de la educación en los próximos diez años.

La tercera razón por la que vale la pena comentar el caso brasileño tiene que ver con que se cumplen diez años del Programa Nacional de Cultura, Educación y Ciudadanía Cultura Viva, un referente de intervención pública en el campo cultural, decretado el 6 de julio de 2004 con el objeto de “promover el acceso a los medios de disfrute, producción y difusión cultural, así como de potencializar las energías sociales y culturales con miras a la construcción de nuevos valores de cooperación y solidaridad”.

Este programa inició y tiene aún como beneficiaria principal a la población de menores recursos, que se encuentra en situación de vulnerabilidad social, la cual se caracteriza –como si fuera algo lógico, natural o una ley social– por el acceso restringido a los medios de producción y disfrute de los bienes culturales. Según su versión más reciente, el ahora denominado Programa Nacional de Promoción de la Ciudadanía y de la Diversidad Cultural-Cultura Viva (sancionada apenas en diciembre de 2013), los beneficiarios son aquellos grupos que se encuentran “amenazados por la desvalorización de su identidad cultural o que requieran mayor reconocimiento de sus derechos humanos, sociales y culturales”.

Entre los grupos que se encuentran en la mencionada condición y que resultan explícitamente clasificados como prioritarios están las poblaciones indígenas; los grupos populares, urbanos y rurales; los artistas y grupos artísticos; los niños, jóvenes y personas de la tercera edad; las mujeres; las personas en situación de calle y las personas o grupos víctimas de violencia. Esto, en pocas palabras, implica anclar a la cultura, no sólo en el terreno simbólico sino también en el terreno de lo práctico y lo
mundano.

La importancia del programa Cultura Viva se puede apreciar por el hecho de que ha sido adoptado como modelo de intervención cultural en varios países de la región sudamericana como Perú, Argentina y Colombia.

El programa Cultura Viva como lo comenta su impulsor Celio Turino (quien fuera Secretario de Cultura Ciudadana brasileño) fue concebido “como una red orgánica de gestión, agitación y creación cultural, que partió del reconocimiento de las iniciativas asociacionistas y comunitarias ya existentes”, a las cuales se les ha estimulado por medio de recursos públicos y la dotación de un kit digital integrado por equipos de cómputo, cámaras, programas multimedia y de edición, que permiten a los grupos beneficiados realizar su propia producción audiovisual, así como vincular a los grupos culturales,  por medio del internet de banda ancha.

El programa está integrado por un conjunto de acciones: cultura digital, Griô (valorización de la tradicion oral), escuela viva, cultura y salud que confluyen y se encuentran en los famosos “puntos de cultura”.  A partir de una metáfora, Turino ha insistido en que si el programa Cultura Viva fuera una palanca que tiene por “base de articulación” a los puntos de cultura los cuales, enfatiza, tienen una existencia previa que ha sido negada. Por esto mismo, uno de sus principales objetivos es visibilizar o “des-esconder” al Brasil, es decir, “creer en el pueblo, potenciar lo que ya existe, firmar pactos y alianzas con los de abajo”.

Si bien, de vez en cuando aparece una noticia destacando el esfuerzo de comunidades pobres para hacer arte, algún artista o personalidad de los pueblos, la función de los puntos de cultura es justamente “mostrar lo que tienen” y hacerlo desde su propio punto de vista, es decir, con autonomía y protagonismo que redunde en autoridad (empowerment o empoderamiento en una dudosa traducción).

A propósito de estos valores, Turino es preciso en el sentido en que se debe entender a autonomía “en cuanto a capacidad de toma de decisión y su implementación conforme a los recursos disponibles. Autonomía como ejercicio de libertad”; en cuanto al protagonismo, “aparece a medida en que sus integrantes y sus organizaciones se entienden como sujetos de sus prácticas. Sujetos que intervienen en su realidad, desde los hábitos cotidianos hasta la elaboración de políticas de desarrollo local”.

Esto que parece un tanto abstracto se puede ejemplicar en la forma en que el Ministerio de Cultura proporciona los recursos a los puntos de cultura, que simple y sencillamente permite que se destinen conforme a sus necesidades y planes de trabajo, de manera que algunos pueden utilizarlo para la adecuación del espacio físico, en la compra de equipamiento, la realización de cursos, para oficinas o para la producción continua de actividades artísticas.

En relación con su producción cultural, ésta es diversa, algunos prefieren hacer teatro, otros danza, música, etcétera y muchos de los puntos se encuentran diseminados a lo largo y ancho del territorio brasileño, en las zonas urbanas –principalmente en las favelas y periferias–, otros están en pequeños municipios, en los pueblos indígenas, en los asentamientos rurales, es decir, la multiexpresión artística en la diversidad cultural y lo único que tienen en común es el estudio multimedia dotado a partir de la acción Cultura Digital.

Se puede entender perfectamente que se trata del ejercicio de una política que enfatiza no solo la democratización de la cultura (acceso a los servicios e infraestructuras culturales) sino también la democracia cultural (la participación y ejercicio de los derechos culturales), sobre todo, porque como enfatiza Turino en su libro Pontos de cultura. O Brasil de baixo para cima: “los grupos sociales, cualesquiera que sean, necesitan y se quieren ver en el espejo, saber que la imagen reflejada es la que desean mostrar, ya sea a través de los medios audiovisuales, las exposiciones, la danza, la música o la política”.

Por esto es que se agrega “el Punto de Cultura no se encuadra en formas; ni es erudito ni es popular; tampoco se reduce a la dimensión de la cultura y la ciudadanía o a la cultura e inclusión  social. El Punto de Cultura es un concepto. Un concepto de autonomía y protagonismo social” y, agregaríamos nosotros, de un cambio en la tradicional forma de ejercer la política cultural, la cual se ha caracterizado por llevarse a cabo desde arriba, de forma asistencialista, diseñada por profesionales y creando relaciones dependientes.

Pero eso no es todo, los puntos de cultura también consideran el aspecto económico como lo demuestra el hecho de que, aún cuando ha sido tormentoso, se han creado microeconomías ahí donde actúan: para empezar, se canalizan a ellos 180 mil reales (un millón 80 mil pesos) para los tres años que se les otorga financiamiento, lo cual, distribuido por mes pudiera parecer poco (cinco mil reales), sin embargo, llegan directamente a las comunidades, sin intermediarios. En otro momento se han conseguido fondos para pagar a los involucrados generando empleos, por ejemplo, para 2010, momento en que se hizo una evaluación del programa se registró que dos mil 574 personas trabajaban de manera remunerada y directamente en los puntos.

Más importante que los recursos son los procesos de transformación que han desencadenado los puntos; se han construido nuevas legitimidades, respeto y valorización de las personas de la propia comunidad. Lo anterior ha desencadenado procesos de transformación, nuevas formas de relación con el Estado, fortalecimiento de autonomía, permanencia de saberes y conocimientos locales, mayor motivación para que los jóvenes implementen sus ideas y creatividad.

Destacable  como señala Turino ha sido el programa de Cultura Viva y los Puntos de Cultura en la mayor favela de Sao Paulo, Heliópolis, la radio comunitaria desempeña un fuerte papel civilizatorio y es un Punto de Cultura. “Con la radio, los moradores de la favela consiguieron revertir los índices de violencia, así como catalizaron un proceso de mejora del ambiente en el que viven, con sus casas y calles ganando nuevas fachadas con pinturas multicolores, además de una consistente biblioteca comunitaria. Los recursos para renovar el estudio y el equipo de transmisión fueron adquiridos por el Punto de Cultura, dinero proveniente del gobierno federal”.

Por otra parte, en Araripe, donde el mar se convirtió en zona semidesértica (sertão) y donde la gran riqueza de la ciudad son los fósiles comercializados ilegalmente “con el  Agente de Cultura Viva, los jóvenes aprendieron a hacer réplicas en yeso, iguales a las originales, con el mismo relieve, los mismos colores y tamaño, tan impresionantes como los originales. Las excavaciones y el contrabando de fósiles comienza a ceder espacio a la creatividad del pueblo, que así puede obtener una renta sostenible y mantener preservado este inmenso patrimonio de la historia natural del planeta”.

*Doctor en Ciencias Antropológicas

Video Recomendado

Comentarios

Lo que pasa en la red