José Emilio Pacheco enlaza en su obra reflexión y creación

Este lunes, día en que el autor hubiera cumplido 75 años, se llevó a cabo su Homenaje Nacional en el UNAM

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01/07/2014 14:27 Juan Carlos Talavera / Foto: Karina Tejada y Cuartoscuro

CIUDAD DE MÉXICO, 1 de julio.- ​José Emilio Pacheco y la Ciudad de México, José Emilio y su sentido del humor, sus cartas, sus viajes y su amistad. Éstos fueron algunos de los elementos que la tarde de ayer fueron recordados durante el Homenaje Nacional al escritor, realizado en una atiborrada Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM.

Primero tocó el turno a Hugo J. Verani, profesor emérito del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad de California, quien recordó que ayer el poeta habría cumplido 75 años, por lo que este homenaje es un pretexto para recordar que fue uno de los escritores que enlazaron con maestría la reflexión y la creación literaria.

Su sabiduría no fue un obstáculo para su capacidad inventiva, aunque solía repetir que él no inventaba nada”, destacó Verani.

Además, “su mirada crítica condicionada por la sensación de deterioro y desamparo preside la fugacidad de todo lo viviente de una manera concisa y decantada”.

Y su poesía, añadió, bien puede ser concebida como un inventario de la desesperanza, en particular en una ciudad que ha perdido sus atributos, donde todo es ruina o era ceniza.

Luego habló el escritor y crítico peruano Julio Ortega, quien recordó que conoció a José Emilio y a Cristina Pacheco en 1963, tiempo en el que insistió en mostrarle lo que él consideraba el corazón de la Ciudad de México.

Entonces nos llevó (con Cristina Pacheco) a conocer Ciudad Nezahualcóyotl, que para él era el monumento de lo moderno mexicano, que se adelantaba en crear ruinas antes que edificios, que ya celebraba con su visión apocalíptica y con el placer que tenía por ver cómo las cosas desaparecen rápidamente”, dijo Ortega.

Además, el investigador de la Universidad de Brown destacó la afición del poeta para escribir cartas y correos electrónicos, para luego dar lectura a la carta que el 27 de marzo de 1973 le envió Pacheco, en la que era visible “su sentido del humor, su amabilidad y su refinadísimo repertorio de la cortesanía barroca y mexicana”.

Después siguió el poeta y escritor colombiano Darío Jaramillo, quien celebró al escritor “que tocaba con maestría todos los instrumentos: novelista, cuentista, ensayista, traductor, cronista. Todo realizado con inagotable lucidez y con plena conciencia de escribir palabras y producir arte”.

Y abundó sobre su poesía, en la que se puede apreciar que el tiempo fue uno de los temas más notorios. “Incluso sus críticos lo han resaltado y los mismos títulos de sus temas apuntan a este tema central. Baste recordar que la compilación de su poesía reunida se llama Tarde o temprano y tiene libros titulados No me preguntes cómo pasa el tiempo.”

Tocaba con maestría todos los instrumentos: novelista, cuentista, ensayista, traductor, cronista”, indicó el poeta Darío Jaramillo.​

Sin embargo, la obra de Pacheco está dominada por un pesimismo irremediable, por una conciencia de la destrucción. “Aunque también hay otra constante inscrita que todo lo abarca y lo destroza: su crítica de los poderes, su permanente e insoslayable con la violencia del poderoso”.

Posteriormente, leyó su ponencia Rafael Olea Franco, investigador del Colmex, quien abordó la construcción que Pacheco creó en torno al género del ‘inventario’; Elena Poniatowska, quien habló sobre su amor por las iniciales y el editor José Luis Martínez reflexionó sobre su prosa dispersa y su respeto por el lector anónimo.

Para cerrar, los poetas Eduardo Lizalde y Luis García Montero dieron lectura a algunos poemas de José Emilio; y el violonchelista Carlos Prieto interpretó una obra de Johann Sebastian Bach. Pacheco también fue centro ayer de un homenaje en Guadalajara.

 

asj

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