Huásabas, el viejo oeste está en Sonora

El fotógrafo Werner Segarra recién concluyó su proyecto 'Vaqueros de la Cruz del Diablo', que ahora promueve con algunas editoriales mexicanas con la intención de crear una publicación

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29/06/2014 03:16 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 29 de junio.- Cuando el fotógrafo Werner Segarra llegó a Sonora se encontró con el “viejo oeste”. Las imágenes que desde pequeño sólo conocía a través de películas y cómics de repente cobraron vida. “Cuando llegué a Huásabas (una comunidad de entre 800 y mil 200 habitantes en el noreste de Sonora) no tenía idea de que hubiera vaqueros ahí. Lo que vi era el viejo oeste; Sonora es el viejo oeste”, afirma.

El puertorriqueño llegó por primera vez a ese lugar, localizado a unas cuatro horas en auto de Hermosillo, cuando tenía 14 años como parte de un intercambio académico del internado en el que estudiaba en Estados Unidos. “Me dejaron ahí en 1981 con la familia de Jesús Barceló, me dijeron que iba a una gasolinera a trabajar dos semanas y después tenía que escribir un reporte; yo tenía 14 años y pensé que iba a una ciudad, ni conocía Sonora”.

El jefe de familia de los Barceló, además de ser dueño de la gasolinera, era un vaquero. Segarra había pasado una temporada en Alemania junto a su abuela, ahí se había maravillado con las historias de cowboys de Karl May, pero nunca imaginó encontrarlas en México. “Desde niño quería ser vaquero, era mi sueño”, recuerda.

Al siguiente día de su llegada a Huásabas ya estaba jugando a ser vaquero: “Me salí a campear con el hijo de don Jesús, que tenía mi edad, y nos fuimos para el rancho. Estuvimos 16 horas subiendo por las montañas”. Después de pasar obligatoriamente diez días allí, Segarra regresó por su propia iniciativa en el verano, luego volvió a ir por parte de la escuela.

Al cuarto día que estaba ahí el papá me vio saliendo, montando caballo y campeando, me dijo: ‘ven, siéntate; te quiero regalar un caballo, cualquiera que quieras’. Escogí uno y cuando regresé me dijo: ‘ahora llévatelo para Estados Unidos’. No pude hacerlo, pero dos años después me regaló una vaquilla y luego el terreno donde tengo una casa ahora, junto a la de los otros hermanos. Yo los considero mi familia, a ellos los considero mis segundos papás, pienso en ellos como hermanos”, dice.

El vínculo que logró crear con los habitantes de Huásabas no se quedó en esa integración. En su primer viaje había llevado la cámara fotográfica, pero sólo como hobby, aún no decidía dedicarse de manera profesional. Con el tiempo, Segarra se convirtió en un fotógrafo publicitario. Trabajaba en Puerto Rico para marcas como L’Oréal , pero sentía que eso no era suficiente. Un día en la casa de su madre en Arizona, su vida cambió.

Encontró una caja en la que su madre había guardado las primeras fotos que hizo a los vaqueros sonorenses. Para entonces ya alternaba su vida como fotógrafo con las escapadas que realizaba al corazón de la Sierra Madre. “Ahí mismo sentí que estaba cansado del mundo comercial y que tenía que hacer algo más auténtico, hecho por mí. En lo comercial hay tanta gente envuelta que realmente no era mío. Decidí mudarme de Puerto Rico y me fui para Phoenix, me fui con el pensamiento de que eventualmente iba a sacar un libro de Huásabas o de la sierra de Sonora en el futuro”.

Durante los últimos 15 años, Segarra ha tomado cientos de fotografías de los habitantes de Huásabas hasta conformar un corpus titulado Vaqueros de la Cruz del Diablo, que ahora promueve con algunas editoriales mexicanas con la intención de crear una publicación.

Sus imágenes, en gran formato, buscan atrapar la esencia del vaquero sonorense, el sincretismo que hay entre el pasado (aún visible entre ellos) y las influencias del presente, las historias que cada uno de esos hombres y mujeres guardan en sus rostros, sus manos.

La idea de este libro es demostrar que el origen del vaquero viene de la Sierra Madre; en Estados Unidos y Europa lo que ellos conocen del vaquero está en las películas del oeste y cuando uno piensa en el viejo oeste piensa en Texas, tal vez Arizona; la realidad es que las raíces del vaquero están en la Sierra Madre que abarca Chihuahua, Sinaloa, Sonora. De ahí subieron para el norte, pues Texas, Nuevo México, eran parte de México en alguna época”, dice.

Los vaqueros de Sonora, señala, “son gente que no exagera sus historias; yo vivo en una ciudad donde todo mundo exagera sus historias, el cuento siempre es regularmente más grande de lo que realmente fue, regularmente la gente se queja. Yo llego del trabajo y me quejo cuando llego a la casa, esta gente es trabajadora, trabajan a 50 grados, en el rancho y cuando tú llegas te reciben: ‘cómo estás, vamos a tomarnos una cerveza, cuéntame de Estados Unidos’; eso es algo que me inspira: las caras, las manos que cuentan historias; son gente muy trabajadora, auténtica”.

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