Labor de los amantecas, una ofrenda a los dioses

El primer Encuentro de Conservación de Arte Plumario se realizará la próxima semana en la Escuela de Conservación, Restauración y Museografía del INAH. Investigadores, historiadores y artesanos compartirán los avances técnicos en el rescate de una labor creativa que entre los mexicas era considerada divina

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28/06/2014 05:35 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de junio.- Como una labor divina era considerada la tarea de los amantecas en la cultura mexica, pues eran los artesanos que ataviaban con plumas de quetzal, garza, loro o águila a los guerreros, y así ofrendaban a sus dioses. En huipiles, ropajes u ornamentación dejaron plasmado el arte plumario que igual sorprendió a los conquistadores en el siglo XVI que a los académicos del siglo XXI.

Durante los últimos 15 años, con la misma delicadeza de los amantecas, restauradores e historiadores mexicanos se han dedicado al estudio y conservación de este arte para que se retome entre las técnicas artesanales actuales, más allá de su valoración dentro de la historia prehispánica que siempre se ha mantenido.

A ello responde el primer Encuentro de Conservación de Arte Plumario que se realizará la próxima semana en la Escuela de Conservación, Restauración y Museografía (ENCYM) del Instituto Nacional de Antropología e Historia; en el que investigadores, historiadores y artesanos compartirán los avances técnicos en el rescate del arte plumario, y, sobre todo, los retos para su estudio.

Es una técnica que siempre ha estado muy valorada porque ha tenido una connotación de divinidad; hay en su creación un conocimiento entremezclado de otras procesos de tejido, y es impresionante cómo los indígenas llegaron a manejar estas técnicas que incluso hoy es muy complicado hacer. Lo que estamos haciendo es rescatar las técnicas del pasado a partir de las investigaciones de procesos de conservación”, refirió Lorena Román, restauradora del INAH.

La titular del Seminario-Taller de Restauración de Textiles en la ENCYM señaló que, si bien el arte plumario ha sido objeto de estudio a nivel histórico desde hace años y además se ha logrado dimensionar su importancia estética, las investigaciones en el área de restauración y conversación son recientes ante la paradoja de tener pocas piezas en México.

Además del Penacho de Moctezuma que permanece en Viena y del cual se ha descartado definitivamente su traslado a México, se encontró otra pieza en el Museo del Vaticano en Roma; mientras que en el país sólo se tiene un huipil de tela emplumado atribuido a la Malinche, un manto emplumado que se exhibe en el Museo Textil de Oaxaca, el manto de Zinacantepec que conserva el Museo Nacional del Virreinato y otro en el Instituto Cultural Mexiquense.

Hemos hecho trabajos de conservación de cada pieza, una por una; de las cinco nos faltan restaurar dos, la que está en el Museo del Vaticano que por trámite será difícil, y la que está en el Instituto Mexiquense; ahí ya estamos haciendo gestiones para que nos dejen trabajarla”, detalló.

A decir de María Olvido Moreno, doctora en Historia, el trabajo con plumas existe en Brasil, China y Perú, pero el arte plumario de México es una manifestación excepcional con más de tres mil años de desarrollo. “En elementos arquitectónicos tales como alfardas, columnas, mascarones, tableros y dinteles; en cerámica, escultura en piedra y barro, pintura mural, orfebrería y códices, encontramos cuantiosas representaciones de atavíos elaborados con plumas”, expone en el ensayo Las restauraciones históricas del Penacho del México Antiguo.

Retos de conservación

El encuentro, en el que participarán investigadores de la UNAM, del INAH, del Museo de Textil de Oaxaca y artesanos, se abordarán los avances técnicos sobre los procesos de restauración y, sobre todo, conservación de piezas plumarias las cuales se caracterizan por la fragilidad de sus componentes.

Si bien se puede hablar de un buen estado de conservación de las piezas ante la calidad de su producción hace más de cinco siglos, Román explicó que existen retos al momento de intervenir la pieza principalmente orgánica. “El mayor reto es el manejo de los materiales delicados por sus dimensiones pequeñas y la fragilidad, pues son materiales orgánicos muy antiguos que con cualquier cosa se pueden dañar. Se debe trabajar con mucha precisión y cuidado”, refiere.

En ese sentido, destaca los avances tecnológicos para su estudio como análisis de identificación de colorantes por medio de la espectrofotometría, un método de análisis óptico para investigaciones químicas y bioquímicas; lo mismo que mecanismos para la conocer los tipos de fibras.

Los trabajos hasta el momento han sido principalmente de prevención para su permanencia a futuro; por ejemplo se crearon vitrinas de vidrio con filtros de luz ultravioleta e infrarroja para su exhibición al público.

Román cuenta que las primeras restauraciones se hicieron en 1998 con el Huipil de la Malinche expuesto en el Museo Nacional de Antropología; con esta investigación se inició el estudio de tela emplumada que es una combinación de tejidos de algodón, seda y lana con plumas.

El estudio arrojó que era una pieza ceremonial náhuatl, pero con elementos culturales europeos. Tras una limpieza general, se montó en un soporte de poliestireno, se reforzaron los hilos de lana y el tejido de algodón, y la secuencia del plumaje. Para su exhibición, se montó con un vidrio contra rayos ultravioleta.

En 2002 se realizó un proceso similar con el mosaico de pumas del Cristo Salvador del Museo Nacional de Virreinato, con el cual se empezó a trabajar de manera formal el análisis del arte plumario en diferentes soportes como metal o tela.

La máxima representación de conservación es el Penacho de Moctezuma, que en sí mismo representa la obra cumbre del arte plumario: “En el arte plumario hay cuatro variantes para el trabajo con la pluma: la pluma pegada, la pluma anudada, la pluma torcida y el mosaico de pluma. En el Penacho encontramos tres de las cuatro, y por eso es la máxima representación del manejo y conocimiento de los artesanos de este arte”.

La manufactura original del Penacho es de alta complejidad. Se mantiene sobre una estructura-soporte de varillas y palos de madera, fibras vegetales, redes y pieles. También contiene un par de textiles y dos tipos de papel. En su cara frontal fue aderezado con capas de plumas procedentes de cuatro especies de aves, y con laminillas de oro en tres formas básicas”, detalla la especialista Olvido Moreno, quien cerrará el encuentro con una conferencia sobre esta pieza.

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