Lang Lang, el arte da un mundo mejor

El pianista chino, quien ayer dio una clase magistral y hoy ofrece un concierto en el Palacio de Bellas Artes, aseguró que la música puede transformar a la sociedad

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23/06/2014 05:23 Juan Carlos Talavera
El pianista chino ofreció ayer una clase magistral a tres ejecutantes mexicanos, previo a su concierto de hoy en Bellas Artes

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de junio.- “La música hace que este mundo sea mucho más artístico y permite que nuestro mundo tenga más sentido. En el fondo de mi corazón creo que deberíamos hacer todo lo posible para regresar la música a las escuelas”, dijo a Excélsior Lang Lang (1982), considerado uno de los más virtuosos pianistas del mundo, quien hoy ofrecerá un concierto con localidades agotadas en el Palacio de Bellas Artes. 

En su opinión, “la música y el arte son partes importantes de nuestra educación, aunque por desgracia muchas escuelas de la sociedad actual ignoran este hecho y no tienen música ni arte incorporados a sus sistema… y eso es un gran problema”, detalló ayer antes de encabezar la clase magistral organizada por Telefónica, donde participaron tres jóvenes pianistas, la cual cerró con una frase que arrancó aplausos: “¡Caray!, México es un país muy romántico, porque hay mucho Chopin y Liszt.”

“La música puede cambiarnos y en verdad quiero creerlo”, comentó mientras acomodaba su peinado engominado por todo lo alto. “El año pasado, por ejemplo, tuve el honor de ser el embajador de la paz de la ONU y nuestro propósito ha sido darle educación a por lo menos 90 millones de niños.”

¿Una meta ambiciosa?, se le preguntó al ejecutante chino nacido en Shenyang. “No es una tarea fácil, es un reto ambicioso, pero creo que paso a paso lograremos que finalmente a todas las personas del mundo nos importe… tarde o temprano lo vamos a lograr”, comentó con una sonrisa.

¿Considera que los gobiernos latinoamericanos apoyan la música clásica? “¡Sí! Y más en la actualidad. Hace poco estuve en Venezuela y en verdad no puedo creer la gran presencia de su educación musical; también estuve en Argentina la semana pasada y al llegar a las escuelas públicas vi algo increíble: los niños tocan sus instrumentos e incluso encontré un maravilloso ensamble de guitarras con chicos de barrios muy pobres”.

¿La música trasciende la pobreza? “¡Claro!, porque aunque los niños tiene muchos problemas porque viven en las calles, la música les ayuda a mantenerse juntos y en armonía. Pienso que eso es hermoso”, expresó para luego adelantar que dos días antes de la final de futbol de Brasil, acompañará a Plácido Domingo en un concierto en Río de
Janeiro.

¿Qué opina de quienes minimizan la utilidad del futbol? “No estoy de acuerdo. A mí me encanta el futbol. Pienso que nos da una energía positiva, y en ocasiones cuando tenemos un reto en la vida, un buen partido de futbol nos puede inspirar”.

“Lo cierto es que debe existir un balance entre el futbol y el arte y la música, porque cualquier extremo te puede provocar un problema. Pese a todo, me parece que el futbol es un deporte hermoso”, dijo para luego tomarse algunas fotos con sus admiradores.

Consejos de pianista

Al término de la entrevista, el intérprete, encabezó la clase magistral en el Centro Cultural Roberto Cantoral, donde participaron Fernanda Cortés, Ricardo Acosta y Anthony Tamayo, los ganadores del concurso Conoce a Lang Lang y toca junto a él.

El primer turno fue para Fernanda Cortés, de 18 años, quien interpretó Paráfrasis de Rigoletto, de Franz Liszt. Al término de la ejecución, el maestro le comentó que debía trabajar en su respiración. “Debes aprender un fraseo más largo y dominar la respiración. ¡No te ahogues!”

Y a continuación el intérprete chino danzó con las manos algunos acordes como si estuviera a punto de bailar “Soy mejor bailarín eh”, le dijo en broma para relajar a la nerviosa debutante. “Mira, mira, es como una montaña rusa, déjalo ir… y toca un poco más libre y ahora respira… así, libre, muy libre”, repitió en varias ocasiones.

Después tocó turno a Ricardo Acosta, de 20 años, quien ejecutaría la Balada No. 4 de Chopin. Durante la interpretación Lang Lang puso la mirada en otro sitio, maravillado por las notas, mientras el joven contenía los nervios en la quijada y permanecía rígido como una piedra.

Lang Lang se acercó a sus manos, las observó y volvió a sentarse. Luego bebió agua y aplaudió el trabajo. “¿Desde cuándo tocas la pieza?, le preguntó. “Desde enero”.  “¡Vaya!, en general tocas lírico, muy bien, pero tu mano derecha está tensa. Siento que tienes dificultad para soltar tu energía”, mientras Acosta asentía.

“Mira, mueve el hombro y el brazo. Eso te ayudará. Tienes que desatar tu poder, y necesitas sentir la música, tocar más profundo… no agaches la cabeza. Siente la vibración”. Luego le sacudió los hombros y remató: “Al comienzo de la pieza debe ser como una poesía, piensa en la mañana y en el momento en que sale el Sol. Pero tocas muy bien, aunque de pronto estás demasiado serio.”

El último turno fue para Anthony Tamayo Tamayo, de 21 años, quien también interpretó una pieza de Liszt. Pero a diferencia de los anteriores, concluyó entre aplausos: “¡Fantástico!, ¡hermoso!, ¡muy buen sonido!”, reconoció el maestro.

“Tú y el piano son uno y cuando tocas siento cómo late tu corazón. Eso es muy raro… pero no lo dejes ir, es muy valioso. Contigo no hay mucho qué decir.”

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