12 cuentos en luz neón

En la compilación Hoteles de paso. Secretos, amores prohibidos, caricias de seda de amantes clandestinos se dan cita algunos relatos incandescentes que fueron escritos ex profeso para esta antología y que revelan, de manera literaria, un universo subterráneo de entrada por salida, de jabones pequeños que cuentan grandes historias.

COMPARTIR 
21/06/2014 05:39 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 21 de junio.- Cuando cierra la puerta, nadie sabe ya qué pasa adentro. Una habitación de hotel siempre será territorio desconocido, misterioso, revelado sólo para el que ha pagado el precio de la estancia… más aún si se trata de un hotel de paso, de entrada por salida, de esos llamados cinco letras. “Los hoteles de paso son zonas al margen en las que no hay restricción espacial ni temporal, en las que puede ocurrir cualquier cosa”, dice Juan Manuel Gómez, compilador de un nuevo libro que reúne textos donde esos espacios para pernoctar —o retozar— son el escenario principal.

“El hotel es un lugar al margen del tiempo, y se podría decir eso de cualquier hotel, de cualquier habitación que se alquila para dormir en ella, pues nadie sabe lo que pasa allí adentro, pero la situación de los hoteles de paso es extrema: no los usa sólo un agente viajero para pasar la noche y seguir su viaje al día siguiente, o una familia que está de vacaciones y que renta un cuarto de hotel por dos días”, agrega.

Gómez se refiere a los hoteles que no cuentan con cinco estrellas, a los que acuden las parejas para deshacerse del estrés cotidiano y donde siempre habrá un “jabón chiquito” esperando en el lavabo o la regadera, esos que “se prestan para sentirse más allá de cualquier frontera, en los que se viven perversiones y guardan los instintos más secretos y profundos”.

Y es por ello también que entre las cuatro paredes de estos lugares se desbordan las historias. Son famosos los episodios trágicos que ahí han sucedido: noviembre de 2007, el conductor de televisión Fabián Lavalle es golpeado por un sexoservidor en una habitación del Hotel Roma; julio de 2009, los luchadores La Parkita y Espectrito Jr. son asesinados por una banda conocida como Las Goteras en el Hotel Moderno.

La idea de compilar Hoteles de paso. Secretos, amores prohibidos, caricias de seda de amantes clandestinos (Ediciones Cal y Arena, 2014) surgió en Gómez precisamente después de leer, en el puesto de periódicos de la esquina, la noticia de un crimen sucedido en un hotel de paso. “Pensé que podía ser un tema interesante, detonador de buenas historias”, explica.

El siguiente paso era pensar en los autores que integrarían el libro. El compilador quiso conformar un grupo de autores diversos, que completaran un compendio variado en el que no sólo lo erótico (lugar natural para un hotel de paso) tuviera cabida. “Pensé en los autores desde una perspectiva razonada, pensé en muchos registros escriturales, pensé en mujeres, no invité a los que se me ocurrió sino a aquellos que podían caber en este grupo y aportar algo distinto”.

Hoteleros

El resultado fueron 12 textos elaborados ex profeso, en los que se revelan no sólo historias que suceden en las habitaciones de un hotel “pulgoso” sino también diferentes perspectivas de acercarse a la literatura.

Conforman la reunión literaria Barry Gifford (Chicago, 1946); Alonso Cueto (Lima, 1954); Jennifer Clement (Greenwich, Connecticut, 1960); Guillermo Fadanelli (DF); Carla Guelfenbein (Santiago de Chile, 1959); Juan Carlos Bautista (Tonalá; Chiapas, 1964); Laura Emilia Pacheco (DF); Juan José Rodríguez (Mazatlán, 1970); Miriam Mabel Martínez (DF, 1971), Ignacio Trejo Fuentes (Pachuca, 1955) y Brenda Lozano (DF, 1981).

“Invité, por ejemplo, a Jennifer Clement, que podía ofrecer un registro muy diferente pensando que ella fue presidente del Pen Club México, que es una escritora muy seria, una señora muy decente que tiene preocupación por los derechos humanos, fue una especie de travesura invitarla, pero justo el hecho de que ella viva tan alejada de este universo de los hoteles de paso me hizo pensar que ella tenía una historia que contar. La literatura es así, no tienes que ser precisamente parte del universo que plantea lo que escribes”, dice. Algo similar sucedió con Gifford, quien, a pesar de utilizar el hotel de paso para contar historias más extremas, evoca en el texto que preparó su infancia y el recuerdo de su padre.

Los hoteles de paso, sin embargo, concitan todo tipo de lecturas: “hay una situación extrema, la de un lugar límite, ahí no hay ley, no hay fronteras, se transgrede cualquier tipo de normatividad y de buenas costumbres, es como una caja negra en la que de pronto no podemos estar completamente seguros de todo lo que sucedió, cuando entra alguien a un hotel de paso y cierra la puerta, nunca se sabe qué va pasar y tampoco lo que hizo”, concluye Gómez.

Relacionadas

Comentarios