Abraham Cruzvillegas, abre el corazón de Conrad

Abraham Cruzvillegas (Ciudad de México, 1968), uno de los más importantes artistas visuales de la escena contemporánea, produjo 60 collages a manera de diálogo —no cronológico— para ilustrar El corazón de las tinieblas, una de las máximas novelas de Joseph Conrad, hoy traducida y publicada por Sexto Piso

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14/06/2014 05:31 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de junio.- “Cuando hago mis esculturas me veo como un niño jugando con un objeto, ahora soy un niño que juega con imágenes que comparte con otros”, expresa Abraham Cruzvillegas (Ciudad de México, 1968) al hablar de las ilustraciones que hizo para la novela
El corazón de las tinieblas, de
Joseph Conrad.

Tal cual un niño que recorta dibujos para luego pegar a su placer, el artista visual produjo 60 collages a manera de lectura crítica de la novela considerada una de las máximas obras del escritor inglés, y lejos de ser ilustraciones literales, las imágenes juegan a ser un relato visual y paralelo de la edición a cargo de Sexto Piso.

“Lo que me gusta es que, como si fueran esculturas donde hago una especie de apilamiento de objetos, lo que hice aquí fue un apilamiento de imágenes. Hice búsquedas en internet de objetos y los saqué de su contexto, y los junté en un paisaje tropical”, explica en entrevista Cruzvillegas sobre su primer trabajo formal como ilustrador.

Incluso el artista afirma sentirse como novato, aun cuando el inicio de su trayectoria fue con la caricatura: “En ese sentido, no me es extraño el terreno de lo bidimensional; de todas formas fue como empezar de nuevo porque, a pesar de que había sido caricaturista, nunca había ilustrado un libro como tal”.

A primera vista los collages a color parecieran ajenos a la historia de Conrad, pero Cruzvillegas explica que en realidad refieren a la esencia de la historia: imperialismo, regiones colonizadas, saqueo de recursos naturales, explotación del marfil.

Las imágenes son de objetos cotidianos, pero cuya materia prima es el marfil como las fichas de dominó, pelotas de billar, teclas de un piano o crucifijos religiosos. Sin que estos tengan referencia directa al tema del imperialismo, en la composición visual de Cruzvillegas sí generan una reflexión implícita.

“Lo que hice fue tomar la historia original, que es la idea de los colonizadores belgas que van al Congo y explotan el marfil, y eso sigue sucediendo, aunque ahora está prohibido. Hice una colección de imágenes de internet de objetos hechos de marfil y con ellos hice collages; son dibujos que recorté y pegué sobre escenarios tropicales.

“No ilustra en el sentido tradicional de la palabra, no ilustra la narrativa del texto; en cambio es un texto visual. Las imágenes no tienen la secuencia lógica y lineal de la novela, pero se acompañan y funcionan como una especie de diálogo”, detalla quien también dio a sus collages un sentido artesanal.

Tras imprimir las imágenes, las recortaba sin cuidado y luego pegaba una encima de otra usando sólo cinta adherible transparente; algunas aparecen bocabajo o volteadas. Si bien estos detalles de producción pueden no ser visibles en la impresión del libro, el artista considera que dan un estilo propio a la narración visual que obliga una lectura entrelíneas.

Quien participó en la Bienal Shanghai 2012 afirma que siempre le ha interesado la perspectiva del colonizador, de quien impone y destruye sin preguntarse sobre el valor de los recursos naturales, y, en suma, muestra los objetos recolectados como trofeos de guerra.

“Estuve hace unos años en Gran Bretaña y tienen un museo con una colección de objetos de todo el mundo incluyendo colmillos de ballenas, cuernos de elefantes, pero también urnas aztecas; entonces no sólo saquearon países de América sino que además lo exhiben con orgullo, ese sentimiento destructor-saqueador me intriga. El libro de Conrad me hizo recordar ese ejercicio de destrucción y violencia”, añade quien sin buscar una referencia directa a la conquista de México, sí hace una lectura al respecto.

Hombres en la selva tropical, juegos de dados, restos de colmillos de elefante, figuras religiosas, zonas boscosas y fragmentos de cielo son algunos de los elementos que integran las composiciones del artista, que a veces ocupan una página completa del libro, y otras se integran como viñetas al texto.

Aun cuando Cruzvillegas conoce la película Apocalypse now, inspirada en la novela de Conrad, y leyó diferentes traducciones del libro, comenta que las ilustraciones están inspiradas en su propia reflexión sobre el imperialismo y las intervenciones de europeos, sobre todo de los británicos.

“Leí el libro en varias traducciones; yo lo había leído en inglés hace varios años y leí también la traducción de Sergio Pitol que me parece es de las mejores, y otros textos que son interesantes sobre estas intervenciones. No hay que olvidar que hay una referencia importante para el público joven que es la adaptación que se hizo en Apocalipsis, pero a mí me interesó el aspecto político del libro”, agrega quien ha expuesto en la Tate Modern en Londres, el Centre Pompidou de París, el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, entre otros.

Finalmente el artista considera que el vínculo entre narrativa y artes pláticas es un modo de reinsertar obras clásicas de la literatura entre lectores jóvenes. En este caso, la edición por Sexto Piso se hace más de cien años después de la primera publicación del libro, en el que Conrad relata su experiencia en el Congo colonizado por el rey Leopoldo II de Bélgica.

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