Cascarita literaria; coedición mantarraya / ficticia

Los relatos incluidos en Tiempo de compensación no le apuestan al futbol corporativo, financiero, especulativo, sino aquel por el que todavía se pueden hacer historias, asegura Antonio Calera-Grobet

COMPARTIR 
12/06/2014 04:11 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 12 de junio.- El de las cascaritas, el que se juega sin espinilleras y que sucede en cada barrio del mundo, es el futbol que rescata todo ese deporte de la vorágine industrial que le acecha, dice Antonio Calera-Grobet (Ciudad de México, 1973). Y aquí, agrega, lo importante sí es competir, pues si no, qué les quedaría a equipos como México, Colombia, Croacia o Costa Rica que están lejos de coronarse en el Mundial que comienza hoy.

“El futbol prueba que es refractario a la industria y por lo menos habría que permitirnos hablar de dos tipos de futbol: el corporativo, industrial, espectacular y que critica todo lo que ya no le es rentable, donde los jugadores son productos y funcionan si se venden, el que se quiere hacer a base de billetazos y corrupciones. Y hay otro futbol por el que todavía se pueden hacer historias, ese es el de la cascarita entre los cuates, el que es como una ventana a lo social y como la voz de un pueblo, porque cada pueblo juega de diferente manera”, opina.

Las historias surgidas desde la segunda modalidad del futbol que distingue Calera-Grobet han dado origen también a Tiempo de compensación. Para leer en la banca (Ficticia/Mantarraya Ediciones, 2014), un libro que reúne 22 relatos —ficticios o reales— en torno al deporte que mueve al mundo. Los secretos que sólo conocen los futbolistas llaneros o las leyendas que construyeron en la cancha personajes como Pablo Larios, Zidane o el Tilón Chávez, u otras historias que hablan de la llegada a México del balón de futbol o del hijo bastardo del Káiser que jugó en el Atlante, son materia prima para la veintena de autores que conforman el volumen.

El héroe y la vanidad, la grandeza que siente cualquiera sobre la cancha o la tristeza del perdedor, están en estas historias. Pero incluso en esta última, dice el editor, hay épica. Si no, “¿qué le quedaría a Holanda que ha llegado a la final y no ha ganado, qué le quedaría a nuestro país, a Bélgica, a Croacia, a Colombia o Costa Rica?, que están lejos de ganar el torneo, si sólo vamos a pensar en nuestras derrotas como la forma en que se acaba la poesía, pues ni siquiera deberíamos de participar en el juego. La gente le puede recriminar a Hugo Sánchez haber fallado el pénalti contra Paraguay o a Omar Bravo haber fallado el pénalti contra Portugal, pero también hay épica en la derrota”.

Y a pesar de la derrota lo único que queda es el futbol: “no hay un deporte más idiosincrático que el futbol en nuestro país; en algún momento, aunque a la gente no le guste, estuvo el box y luego los toros, pero el futbol siempre ha sido el primer lugar y yo creo que por el futbol a nivel de calle, el de los pobres, el que te vuelve niño otra vez, es que sigue fulgurando esto con su poesía”. Tiempo de compensación se presenta hoy a las 20:00 horas en Hostería La Bota Cultubar (San Jerónimo 40, Centro Histórico).

Comentarios

Lo que pasa en la red