Localizan maqueta original de 'El Caballito' de Manuel Tolsá

El modelo de la escultura de Carlos IV servirá al grupo que realiza estudios en la pieza original para imitar la pátina afectada recientemente

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05/06/2014 05:39  Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 4 de junio.- La maqueta original en bronce que sirvió como modelo a Manuel Tolsá (1757-1816) para elaborar la escultura ecuestre de Carlos IV –popularmente conocida como El Caballito– ha sido localizada e identificada en el acervo de un coleccionista privado gracias a la firma aún perceptible del artista valenciano y a los restos que conserva del lacre con el que el virrey de la Nueva España, Miguel de la Grúa Talamanca y Branciforte, autorizó su fundición a finales del siglo XVIII.

Como sucede con la mayoría de los hallazgos históricos, la ubicación de la pieza de 25 centímetros, montada sobre un pequeño pedestal de piedra, se dio de manera fortuita cuando el coleccionista –que ha pedido permanecer en el anonimato– gestionaba, a través de la investigadora Tely Duarte, entregar la pieza en comodato (que podría concretarse en dos meses) al Museo Nacional de Arte (Munal) para su exhibición.

Lucía Ruanova, coordinadora del grupo El Caballito, Restauración (que junto con el fallecido cronista Guillermo Tovar y Teresa denunció las afectaciones que se realizaron a la pieza original de Tolsá en septiembre de 2013) y a quien se ha solicitado realizar un dictamen, confirmó que se trataba de la copia que usó el arquitecto valenciano, también autor del Palacio de Minería y de la conclusión de las obras de la Catedral Metropolitana, para elaborar la escultura inaugurada el 9 de diciembre de 1802.  

“Duarte me llamó para decirme que un coleccionista tenía un Caballito antiguo que necesitaba limpieza y que querían mi opinión, fui a ver El Caballito y me maravilló, cuando vi la escultura verdaderamente me di cuenta que era algo muy importante, que tenía una pátina muy antigua, que sin duda es del siglo XVIII y que tenía unos detalles que sólo quien hubiera visto el original muy de cerca podía reconocer”, dijo ayer durante la presentación a la prensa de la pequeña reproducción que servirá ahora para restaurar la original.

Bajo la lupa

Con los detalles de la pequeña pieza y las similitudes que guarda con el original casi quedaba claro que se trataba de la maqueta que usó Tolsá, sin embargo, dos elementos más ayudaron a confirmar la versión: el primero fue una firma distinguible en una orilla de la base: “pensaban que podía ser la firma del fundidor, pero en esa época no había fundidores como los que existían en Europa, los trabajos de cobre en este continente fueron pocos y raros, realmente se fundían campanas”.

A través de fotografías tomadas con microscopio, la restauradora logró identificar las iniciales del escultor: “cuando tomé las fotografías con microscopio me di cuenta que la firma era de origen, que tenía la misma pátina interior y exterior y que había nacido con la base, pero no le entendía, lo saqué en gráficos, y finalmente este pequeño garabato logré desencintarlo y es claramente una “M” (de Manuel) y una “T” (de Tolsá)”.

El segundo elemento que contribuyó a la identificación, fueron los restos del lacre rojo que colocó el virrey que encargó la pieza y con el que autorizó su fundición. Ruanova piensa que en el caso de la firma, Tolsá colocó sus iniciales simplemente para identificar que él era el autor pues en aquella época ya era una práctica común presentar una maqueta a quien encargaba la obra. De Tolsá se conservan dos más, aunque de trabajos arquitectónicos: la de la cúpula y el reloj de Catedral y la del Palacio de Minería.

El mismo dueño

El dueño actual de la pieza, la adquirió hace siete años de los descendientes del Marqués de Jaral de Berrio, quienes habrían conservado la pieza durante los dos últimos siglos. Ruanova considera que Tolsá regaló a esa familia la pequeña pieza en agradecimiento a que prestaron el caballo de nombre Tambor para tomarlo como modelo. “Tambor, el percherón mestizo que es el modelo, venía de la Hacienda Jaral de Berrio, es muy objetivo que el escultor haya dado a la familia dueña del caballo la escultura y nunca salió de la familia hasta los últimos descendientes”, dijo.

La restauradora piensa además que la maqueta de la escultura de Carlos IV podría ser de 1798 o 1799 y que debió ser fundida como la original con una amalgama compuesta en un 80 o 90 por ciento con cobre y el resto de plomo, a la manera como se realizaba desde la antigüedad. La pequeña pieza, dijo, servirá al grupo que lleva a cabo análisis en la pieza original para restaurarla luego de que resultó dañada al intentar limpiarla en 2013 con una solución de ácido nítrico y agua al 30 por ciento.

Con la maqueta se podrá conocer el tono que tuvo la pátina original y que deberá darse a la escultura dañada por la empresa Marina Restauración luego de que el Gobierno de la Ciudad de México autorizó su restauración sin contar con los permisos necesarios por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“Definitivamente ayudará. El dato, la incógnita más importante que va a salir de todos los estudios de diagnóstico que se están haciendo es el color de la pátina original. Lo interesante aquí es que el color subsiste y ellos tendrán que encontrarlo entre la capa o la cola del caballo, van a encontrar parte de la pátina original, donde lo pelaron con ácido y tendrán que hacer tres o cuatro restauraciones diferentes”, opinó Ruanova.

Piden a técnicos extranjeros

Lucía Ruanova considera que la restauración de la escultura original de El Caballito, dañado de manera “irreversible” en más del 50 por ciento de su pátina original, deberá ser realizada por especialistas extranjeros que cuenten con la experiencia necesaria para llevar a cabo los trabajos. “No existe un sólo restaurador en México que tenga experiencia en una escultura del siglo XVIII que haya estado al exterior, ninguno”, señaló.

“Mi sugerencia es que vengan los maestros extranjeros a enseñar a los chicos mexicanos, que se haga un gran equipo internacional”, agregó. Con la intención de intercambiar puntos de vista sobre la restauración de metales, el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP) promueve la organización de un congreso del que dice Ruanova, podría salir el grupo que restaure la pieza, actualmente sometida a análisis para determinar el proyecto final de conservación.

Manuel Tolsá habría aplicado las técnicas europeas en la elaboración de la pieza, si bien presentó en 1798 o 99 su prototipo, debió esperar hasta 1802 para realizar su escultura, debido a que era difícil reunir en aquella época el cobre necesario para crear la amalgama con plomo que se requería. Tolsá preparó en las huertas del Colegio de San Gregorio, localizadas atrás de San Ildefonso, los hornos en los que llevó a cabo la fundición del material.

Una primera carga de 90 quintales de cobre proveniente de España fue robada en altamar, por lo que fue necesario esperar a que llegaran 600 quintales del mineral desde Santa María del Cobre. Durante cuatro años se reunió el suficiente material y en junio de 1802 comenzaron los preparativos para llevar a cabo la fundición. Cinco días de agosto, aquellos hornos ardieron y una vez terminada la obra, se tardó cuatro días más para llevarla al Zócalo.

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