Fotografía y pintura, una frontera disciplinaria

La fotógrafa Yolanda Andrade es la única representante de México en la sexta edición de Grid International Bienal Photography, en Ámsterdam, que se inaugura hoy. La obra que presenta, titulada Mexican Still Life, es una serie de imágenes sobre la cultura popular de nuestro país

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24/05/2014 04:25 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 24 de myao.- Si bien la fotografía y la pintura convergen en una delgada línea fronteriza, Yolanda Andrade (Villahermosa, Tabasco, 1950) consigue fracturar esa división estética a través de imágenes saturadas de color, de hiperrealismo, de apariencias, que en realidad responden a la naturaleza de la instantánea: capturar la realidad.

“Siempre ha existido una fuerte relación entre ambos medios a partir de la invención de la fotografía. En un principio se pretendía validar la fotografía a través de la semejanza con la pintura que se buscaba lograr con ciertas técnicas. En algunos momentos, la pintura ha tenido una apariencia fotográfica, como en el movimiento conocido como hiperrealismo”, explica quien estudió en Visual Studies Workshop, Rochester, Nueva York.

Un ejemplo reciente de este juego de encuentros y desencuentros entre ambas disciplinas es Mexican Still Life, una serie fotográfica sobre la cultura popular de nuestro país, con la cual Andrade representa a México en la sexta edición de Grid International Bienal
Photography, en Ámsterdam, que se inaugura hoy.

Se trata de 16 imágenes a color de elementos de la naturaleza muerta con las cuales la artista, con más de cuatro décadas de trayectoria, explora la influencia mutua entre la foto y la pintura, y, a la vez, los vínculos entre la “alta cultura y la cultura popular” de México que es un tema recurrente en su obra.

La serie, un proyecto en curso, responde al tema Construcciones, propuesto por el comité de la bienal, en la cual participan artistas de Francia, Indonesia, Alemania, Italia y Polonia. Las exposiciones, que toman como sede diferentes museos y galerías de
Ámsterdam, se dividen en tres subtemas: Construcciones de imágenes, Construcciones arquitectónicas, Construcciones de identidad y relaciones.

Andrade explica en entrevista que aun cuando el origen de las imágenes es el que se refiere a la cultura popular, hay implícita una reflexión sobre las coincidencias entre una imagen de plata sobre gelatina y otra de óleo, y mucho responden a su propia formación como artista visual.

“Desde mi adolescencia me ha gustado la pintura; de hecho, en un par de ocasiones tomé clases de dibujo sin mucho éxito. Sin embargo, siempre he sido una atenta observadora de la pintura y actualmente representa una de mis más grandes influencias en mi práctica fotográfica”, narra quien fuera becaria de la Fundación Guggenheim en 1994.

En la serie Mexican Still Life, el azul del agua o el amarillo de un muro semejan pinceladas de óleo, que hacen de telón para pequeños insectos o plantas. En el caso de la pieza Flower and Child Campeche, el juego de sombras de lo que pareciera una pintura devela la devoción religiosa en la cultura mexicana.

Andrade, que ha expuesto en Inglaterra, China y Estados Unidos, detalla que su interés por el color en la fotografía fue reciente cuando migró su producción del proceso analógico al digital, y el blanco y negro quedó rebasado por la oportunidad de captar las tonalidades reales de su entorno.

“Para mí significó un cambio radical adoptar una nueva forma de hacer fotografía con cámaras digitales y el uso del color. Tuve que aprender a ver de una forma diferente y a mirar el color, así como otras técnicas de trabajar las imágenes. Ha sido un cambio estimulante que ha renovado mi proceso creativo. También se han hecho evidentes diversas influencias como la literatura, el cine y la pintura”, afirma Andrade, quien ocupará la galería
Kunstuitleen Amstelveen hasta el próximo 22 de junio.

Aun cuando la imagen en blanco y negro le permitió a Andrade realizar piezas emblemáticas como La fortuna (1985) o Dos tiempos (1990), con el trabajo a color abordó desde distintas perspectivas temas como la muerte en la cultura mexicana, la identidad, las celebraciones religiosas, las manifestaciones políticas, la naturaleza.

En la serie expuesta en
Ámsterdam, la fotógrafa refiere a México como un país compuesto por una cultura antigua y tradicional: desde la cosmovisión olmeca, maya, tolteca o azteca, hasta la religión, arte y costumbres traídas de Europa.

Como artista, dice, sus proyectos exploran el choque, la transformación y la construcción de la identidad a través de los objetos y las expresiones artísticas de dos culturas, así como todas las influencias que vienen del extranjero, y constituyen el México moderno.

La también autora de los libros gráficos Una Mexicana en París (2012) y Las Vegas, Artificio y neón (2013) exhibirá su trabajo junto a artistas como la alemana Elke Reinhuber, quien se caracteriza por la mezcla del arte plástico con la imagen, con la peruana Verónica Wiese, quien cuestiona la eternidad del cuerpo humano, o con el chino Li Wei.

“Ha sido una gran experiencia presentar una muestra individual en un país tan diferente de México como es Holanda, con fotografías exclusivamente de México. Es muy importante participar en festivales fotográficos como el de Grid, pues es una manera de confrontarse con otras maneras de abordar la fotografía, de estructurar un discurso fotográfico, y de desarrollar un proyecto con temas que son comunes en  el medio”, concluye.

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