Cartas: Carlos Fuentes, promotor generoso

La solidaridad que siempre tuvo el novelista mexicano con sus amigos y colegas alrededor del mundo se revela con numerosos detalles en las cartas que la Biblioteca de la Universidad de Princeton abrió por primera vez el pasado 15 de mayo, tras 19 años de permanecer selladas a petición de su autor

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19/05/2014 09:32 Virginia Bautista/ Enviada

PRINCETON, Nueva Jersey, 19 de mayo.- Un gran promotor de la literatura latinoamericana en Europa y Estados Unidos y fiel protector de los escritores cuando corrían peligro. Ambas facetas del escritor Carlos Fuentes (1928-2012) se muestran en su verdadera dimensión en la correspondencia que sostuvo con grandes de las letras como el poeta Octavio Paz y los narradores Julio Cortázar y Gabriel García Márquez.

En los cientos de cartas, telegramas y postales que el novelista, ensayista y analista político mexicano envió a sus tres grandes amigos, durante las décadas de los 50, 60, 70 y 80 del siglo XX, se evidencia no sólo su preocupación por estos temas, sino las gestiones que realiza buscando una solución.

Esta singular generosidad del autor de La región más transparente, quien además trabajó duro y sin descanso para crear y promover su propia obra, sorprende en las misivas resguardadas en la Biblioteca de la Universidad de Princeton, en dos cajas que fueron abiertas por primera vez el pasado 15 de mayo tras 19 años de permanecer selladas a petición de su autor, quien solicitó se dieran a conocer dos años después de su muerte.

Estas cartas, tanto las enviadas por el también dramaturgo a sus tres amigos como las respuestas de ellos, material que Excélsior consultó de manera exclusiva y que ha detallado los últimos tres días, se reúnen en las cajas 305 y 306 de la colección Carlos Fuentes’ Papers, que comprende en total 180 cajas adquiridas por la universidad estadunidense en 1985.

Dos sucesos históricos ejemplifican la forma en que el autor de Aura demostraba su solidaridad y apoyo a sus amigos: la renuncia del hoy Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz (1914-1998) como Embajador de México en la India, en protesta por la represión del gobierno a los estudiantes el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, y la suerte que corría el poeta chileno Pablo Neruda ante el Golpe de Estado perpetrado por los militares en su país en 1973.

Tras renunciar a su cargo en la diplomacia, Paz le externa a su amigo, en carta enviada aún desde Nueva Delhi el 8 de octubre de 1968, su preocupación por obtener trabajo en alguna universidad. Le confía su urgencia económica, pues le da una ayuda “insignificante” a su madre y “cubro una pensión más bien millonaria a Elena (Garro, su primera esposa) y a mi hija”.

Y, como toda respuesta, Fuentes le escribe desde París el 20 de noviembre de ese mismo año que le consiguió un cargo en la Universidad de Vincennes, con un sueldo mensual de mil dólares. Y que estarán todos sus amigos (Cortázar, José Donoso, García Márquez, Carlos Barral y Pere Gimferrer) en el muelle de Barcelona, esperándolo.

También, el autor de La muerte de Artemio Cruz le cuenta a Paz, el 25 de septiembre de 1973, que hizo gestiones para que el entonces presidente mexicano Luis Echeverría enviara un avión para rescatar de Chile al poeta Pablo Neruda y a su esposa Matilda. Desgraciadamente, Neruda murió antes de que llegara la ayuda.

A Cortázar lo invita, el 15 de agosto de 1964, a un encuentro de escritores-paseo por Yucatán para que conozca México y en la misma misiva le narra su fascinación por la novela Cien años de soledad, de García Márquez, y su decisión de hablarle de ella a los editores que conoce.

La estrecha amistad de Fuentes con Paz, Cortázar y García Márquez ha quedado al descubierto en las cartas que se acaban de abrir a la consulta en Princeton. Paz le envió a Fuentes más de 70 misivas entre 1956 y 1982; y el autor de Terra Nostra le respondió a través de 61 cartas de 1962 a 1985.

Los documentos muestran una amistad incondicional, cálida, creativa y crítica a la vez, respetuosa, con humor y, sobre todo, fraternal. Ellos siempre se necesitaron el uno al otro, les urgía saber qué estaban escribiendo, qué pensaban de cierto suceso político o social, a qué amigos veían; pero, principalmente, leerse, admirarse, porque esto los retroalimentaba.

Y, en el caso del intercambio epistolar entre Fuentes y Cortázar, existen unas 60 misivas escritas por ambos, que detallan lo idealistas que eran, vivieron juntos el despertar de los jóvenes en el mayo de 1968 en la Universidad de la Sorbona y compartían su pasión por el cuento latinoamericano.

Con García Márquez parecían arrebatarse la palabra (escrita), todo era estruendo, broma, comentaban los momentos felices. La Caja 305 guarda una veintena de misivas sin fecha ni lugar que Gabo le envió al autor de Cristóbal Nonato sobre varios temas. Éste a su vez le mandó al autor de Cien años de soledad, Nobel de Literatura 1982, unas 18 cartas, la última el 14 de mayo de 1992.

A los tres les preocupaban los mismos temas: los movimientos estudiantiles, las dictaduras, el escaso apoyo a la cultura, la censura a los escritores, la Revolución cubana y la literatura latinoamericana.

Cartas son un legado histórico

Para dimensionar la amistad entre Carlos Fuentes (1928-2012) y Octavio Paz (1914-1998) es necesario comprender que entre ellos existió una amplia distancia generacional: 14 años de diferencia en su edad que consiguieron burlar en una relación primero de discípulo y maestro, y luego de cofradía fraternal.

 “En buena medida pertenecen a dos generaciones distintas; Octavio Paz era de 1914 y Carlos Fuentes de 1928, entonces se puede considerar una distancia generacional importante que hace una relación de mentor y aprendiz; pero fue estrecha, de mutuo aprendizaje y mutua colaboración”, señaló Ignacio Padilla, escritor mexicano de la Generación del Crack

Por ello las 70 cartas que el Premio Nobel de Literatura 1990 escribió al autor de Aura, y las 60 con las que éste último respondió, representan uno de los mayores aportes para descubrir e intuir las coincidencias y discrepancias, los encuentros y desencuentros entre ambos intelectuales y, así, vislumbrar el alcance de esta amistad dentro de la literatura mexicana, incluso después de su rompimiento en la década de los 80.

Aún más, consideró Padilla, las misivas en resguardo por la Universidad de Princeton desde 1995 develan la influencia que el autor de Laberinto de la Soledad tuvo en el premio Príncipe de Asturias de las Letras 1994, y viceversa.

“En los 60 Fuentes dedica una de sus obra a Marie Jo y Octavio Paz, y Octavio Paz escribió el prólogo para la obra de Fuentes, él también organizó la recepción para recibir a Paz cuando regresa tras su renuncia de la embajada de México en la india. Pienso que sí hubo una relación de admiración mutua”, acotó.

En ello coincidió José María Espinasa, ensayista y poeta, quien consideró que más allá de una confianza fraternal, ambos novelistas lograron la confianza literaria, la de un colega, para compartir sus escritos en busca de una evaluación; lo que en cierto modo resulta difícil de conseguir entre dos intelectuales de la talla de Fuentes y Paz.

“Cuando uno tiene un amigo escritor lo normal es que le des lo que uno escribió para que discutan y piensen qué está ocurriendo con la literatura de uno y la literatura de otro, no siempre es sencillo”, comentó el también editor, quien piensa que los encuentros de ambos escritores se sostuvieron en un cariño y respeto correspondido.

Ambos entrevistados confesaron su curiosidad por leer íntegras las misivas, pues aseguraron que bajo este contexto resulta indispensable la publicación de los textos para  hacer un análisis mayor que, posiblemente, también vislumbre los motivos reales de la ruptura de esta amistad.

“Al menos yo creo que por parte de Fuentes y de Silvia (Lemus) existe el desconcierto hasta cierto punto de qué es lo que sucedió, qué es lo que condujo a Octavio Paz a realizar ese ataque por interpósita persona que Carlos Fuentes no se lo esperaba, nunca se lo explicó del todo”, señaló Padilla.

“Sería interesante”, añadió Espinasa, “conocer la cartas completas, que se publicaran tanto las de uno como las de otro, porque tampoco se puede hacer una valoración o intuir de algo que no se ha leído íntegro”.

Sobre la correspondencia revelada hace cuatro días en la Biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton, el poeta y dramaturgo Hugo Gutiérrez Vega comentó que éste es un hecho histórico muy interesante.

“Es una correspondencia de mucho valor, aunque ambos estaban un tanto conscientes de que esas cartas iban a pasar en la historia; eso significa que cuando las escribieron sabían lo que decían, y aunque perdieron cierta espontaneidad, habría que buscarle detalles auténticos y genuinos, no impostados, y conocer lo valioso de esta correspondencia. Siempre es interesante asomarse a algo tan íntimo como la correspondencia entre dos importantes figuras de las letras.”

La correspondencia, apunta, es de mucho valor porque como estaban muy conscientes de que esas cartas iban a pasar en la historia, procuraban corregirlas, hacerlas muy precisas. Por eso le digo que a veces falta la espontaneidad. Pero son documentos literarios y como tal hay que tomar los dos aspectos: la intimidad de la amistad y las opiniones literarias de ambos.

Es cierto que tuvieron problemas cuando Enrique Krauze atacó violentamente a Fuentes. “Entonces se desvió la relación. Pero antes de eso fueron muy amigos, fueron íntimos, y la correspondencia nos permitirá conocer esta intimidad”, precisó.

Por su parte, el poeta Marco Antonio Campos, expresó que desde un punto de vista objetivo posible, esas cartas atestiguan la amistad entre dos grandes figuras de la literatura mexicana. “Y estoy seguro que en sus líneas encontraremos algo que nos esclarezca, sobre ellos mismos, sobre la literatura mexicana y la literatura en general”.

En su opinión, casi siempre las cartas de Octavio Paz, al igual que las de Alfonso Reyes, son muy cuidadas. “Recordemos que ambos mantuvieron muchos años de amistad: Fuentes ya era famoso desde que publicó Los días enmascarados, él tuvo una gran influencia de los años 50 en el ambiente literario mexicano hasta que se fue a Europa en los 70, haciendo caso de lo que Neruda recomendaba y que Fuentes hacía mucho: irse y regresar”.

Lo que es claro en sus ensayos políticos es la influencia del lenguaje de Paz, detalla, influencia que también se puede apreciar en sus primeras novelas y libros de cuentos como: Los días enmascarados, Cantar de ciegos, Las buenas conciencias, La región más transparente, Aura y La muerte de Artemio
Cruz
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“Pero lo que Carlos Fuentes tenía, al igual que José Luis Cuevas, es que se preparó desde muy joven para la fama”.

Así que tuvo la facilidad para comunicarse con todo tipo de personas. “Eso habla muy bien de él, pero Octavio Paz no se preparó para la fama” y seguramente esta correspondencia nos permitirá ahondar en su cercana relación hasta llegar a su ruptura, donde Carlos Fuentes tuvo la razón”.

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