El vate Hugo Gutiérrez Vega ve a la poesía como esencial en su vida

Aceptó ayer en el homenaje que le realizaron en el Palacio de Bellas Artes que es “aprendiz de todo y maestro de nada”; anuncia su último libro

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19/05/2014 03:20 Juan Carlos Talavera
Hugo Gutiérrez Vega, ayer durante su homenaje.
Hugo Gutiérrez Vega, ayer durante su homenaje.

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de mayo.- “La poesía es emoción, pero es también sentimiento y expresión que ayuda a vivir, a llorar y a gozar”, aseguró el poeta y ensayista mexicano Hugo Gutiérrez Vega (1934) minutos antes de la celebración que recibió ayer en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, como reconocimiento a su trayectoria literaria, donde adelantó que está reuniendo materiales para un nuevo tomo de Bazar de asombros y que ha comenzado a escribir el que será su último libro de poesía.

“La poesía es la labor esencial de mi vida y mi trabajo. Soy aprendiz de todo y maestro de nada. La poesía también ayuda al conocimiento de uno mismo, al gozo  y a la lágrima”, detalló el autor de Cuando el placer termine y Antología con dudas, dentro del ciclo del INBA Protagonistas de la Literatura.

Luego recordó que Octavio Paz decía sobre la poesía que ésta era un acto de la catacumba. “No necesariamente. Durante muchos años la poesía fue un acto público al que asistían miles de personas, donde los poetas y los juglares atendían a un numeroso y entusiasta público. Y, aunque el siglo XIX efectivamente encerró la poesía en la catacumba, y el XX aun más, he visto a la poesía funcionar ante grandes públicos”.

Entonces se preguntó si la poesía podría sobrevivir sin música, sin la necesaria musicalidad y la cadencia de sus palabras. “¡No!, no es posible, la música necesita del poema y el poema necesita la música. La poesía y la música son como hermanas”.

A continuación inició el homenaje para celebrar, en vida, la trayectoria del poeta que ha hecho de lo cotidiano un sendero de poemas.

Primero tocó el turno al ensayista y editor Juan Domingo Argüelles, quien trazó una oda que resaltó las virtudes del poeta. “Hugo Gutiérrez Vega jamás se ha andado por las ramas, su poesía no ensaya la pirueta circense, ni la machincuepa mortal con las que algunos matan toda emoción del lector; no busca impresionar, busca comunicar y comunica; no quiere sorprendernos, quiere que conversemos ahí donde la poesía es comunicación, diálogo, algo en común, gozo y comunión.”

Aseguró que la poesía de Gutiérrez Vega le enseñó algo fundamental a lectores y poetas en la segunda mitad del siglo XX: hablarle de tú a la poesía y despojar a la sacrosanta lírica de sus mantos solemnes que ocultaban su hermosa desnudez.

“Gutiérrez Vega nos mostró que el poeta y el lector de poesía son –tal como aseguraba Federico García Lorca– personas que andan por las calles y no patitiesos engendros de la solemnidad que esperan caer la noche para salir de sus guaridas oscuras y tenebrosas a llenar de ripios y plumas las alas atiborradas de cursis pudibundos.”

Con sus versos metió en la poesía a Grecia, a la reina Victoria, la reina Margot, a la abuela que hablaba con pájaros creyéndolos ángeles y al perro de la carnicería. “Y en su ecuménica poesía tiene cabida todo el mundo: los poetas mismos, las cosas, los pájaros, la mujer, su mujer, las mujeres, sus hijas, el amor, la tristeza, la oda y la elegía; pero también el humor, la gracia”, añadió.

Al mismo tiempo, Gutiérrez Vega le puso el cascabel al gato, buscándole tres pies a las ineptitudes de la inepta cultura y lo coloquial en sus libros dejó de serlo porque toda poesía es coloquial o no es.

Pero, sobre todo, a sus 80 años cultiva la delicada planta de la esperanza, no sin escepticismo. “Cree que la paciencia es la loca de la casa y, sin embargo, día a día la cuida, la escarda y la consiente. Entonces, la loca de la casa se aferra a su locura y el jardinero acaso contagiado, mantiene la esperanza de que florezca un día y nos entregue un fruto de esperanza”.

Luego tocó el turno al poeta Marco Antonio Campos, a quien refirió como uno de los mayores memoriosos que él conoce. Y lo es a tal grado que, aun hoy que él conoce de teatro, ante cada duda le hace constantes consultas lo mismo de teatro, de poesía y narrativa.

Durante la charla también estuvieron el poeta Augusto Isla, el editor Luis Tovar y Lucinda Ruiz Posada, esposa de Hugo Gutiérrez Vega, quien recordó parte de su historia personal y su vida con él.

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