México se convirtió en “escenario bélico”

Por su nuevo libro, Campo de guerra, que vuelve sobre el tema de la violencia, Sergio González Rodríguez ganó el Premio Anagrama de Ensayo 2014

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17/05/2014 02:29 Luis Carlos Sánchez
González Rodríguez es autor de Huesos en el desierto. Foto: Daniel Betanzos

CIUDAD DE MÉXICO, 17 de mayo.- La versión oficial sobre la situación que vive el país, dice el periodista y ensayista Sergio González Rodríguez (Ciudad de México, 1950) “es un cuento de policías y ladrones”, donde el narcotráfico es representado como “la caricatura de un señor vestido extravagantemente, con sombrero y cargando un costal de dinero” y en el que “se hablan muchas fantasías” sobre generar empleos y la necesidad de firmar acuerdos “que finalmente son benéficos al interés de pocos”.

Del otro lado hay una realidad que va directo a convertirse en pesadilla: “vivimos una inestabilidad y una inseguridad enorme en el índice de delitos, extorsión, secuestro y de muchos otros delitos comunes; tenemos un índice de impunidad absoluta, no se castigan los delitos en México: cualquiera puede salir y matar a una persona y tiene 90 y tantos por ciento de posibilidades de que no lo detengan porque nadie castiga los delitos en México, es el imperio del crimen”.

González Rodríguez ha vuelto a la carga sobre los temas de violencia en México, a sus dos libros anteriores Huesos en el desierto (2002), en donde aborda el caso de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, y El hombre sin cabeza (2009), en el que habla de los rituales criminales en el país, suma ahora Campo de guerra, un ensayo en el que analiza el escenario bélico en que se ha convertido la nación, trabajo por el que ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo 2014.

“Siempre me impresionó mucho el tema de la violencia, empecé escribiendo temas como los Mierdas punk, unos chicos muy marginales que hicieron una banda en los años 80, o fenómenos como la Combi gris, que circulaba por las noches en la Ciudad de México secuestrando personas; quería reflejar todo eso. Con las asesinadas de Ciudad Juárez quería ver qué estaba pasando, luego vino el caso de las decapitaciones y ahora quería saber cómo llegó México a una guerra con una cantidad de muertos aproximada a la que hubo en Kosovo”, explica.

El más reciente ensayo de González Rodríguez vuelve a interesarse por el registro de “fenómenos extremos”, de “anomalías” que suceden en la sociedad. En Campo de guerra analiza la situación geopolítica de México y las implicaciones que tiene su cercanía con Estados Unidos en el trasiego de armas y drogas, el control vigilado que lleva a cabo la Unión Americana de toda una región, así como la descomposición en que se encuentra el Estado mexicano.

“La situación es muy fuerte, lo estamos viviendo tan inmediato y estamos dentro del problema que no lo estamos dimensionando y abstrayendo”, considera. “El crimen organizado es una realidad y tendríamos que entender que no es un agente externo a las instituciones; por desgracia creció con y dentro de las instituciones. No son casos de corrupción aislados”.

En su libro el autor analiza la situación que permite la inestabilidad social, la proliferación de los cárteles de la droga, la represión del Estado y el paramilitarismo. Y en todo ello, considera, la Unión Americana juega un papel preponderante: “no estamos haciendo la abstracción profunda de la relación de Estados Unidos con este tipo de fenómenos violentos; Estados Unidos es quien provee las armas, por ejemplo, la industria armamentista de  Estados Unidos es la que infecta México. Tenemos, según algunos especialistas, más de 20 millones de armas sin registro, sin control absoluto”.

Hubo un cambio de partido en el gobierno, ¿no hubo cambios?, se le pregunta: “Ha habido cambios, pero por desgracia el cambio no es sinónimo de avance; lo que necesitamos son avances. Ha habido cambios: cambió el sistema de seguridad pública, sigue funcionando el Sistema Nacional de Seguridad Pública y otras instancias, cambió el modo de operar, pero esos cambios no han manifestado avance”.

La única salida posible es la participación y organización, de lo contrario el “misterio del porvenir” se convertirá en una verdadera pesadilla: “El misterio del porvenir puede ser resuelto siempre y cuando participe la sociedad, cuestione a las autoridades, exija y demande un cumplimiento de la responsabilidad de las autoridades; la sociedad como tal debe ser consciente de su participación, conocer más, formarse mejor, tener una actitud más participativa, olvidarse de la idea de que la democracia es depositar un voto y te olvidas y te vas, eso no es democracia. Tenemos que entrar en una relación distinta entre gobierno y sociedad”.

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