Viaja acervo de Rufino Tamayo a Estados Unidos

El Museo de Arte Contemporáneo de San Diego inaugura el próximo sábado una muestra que revisa la colección de obras modernas y contemporáneas que fundó el propio pintor oaxaqueño para exhibirse en el recinto que lleva su nombre

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14/05/2014 04:12 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de mayo.- La voluntad de Rufino Tamayo de integrar la herencia precolombina con las vanguardias estéticas de Estados Unidos y Europa rebasó su propia producción, y es en la formación de su acervo donde más proyectó su sincretismo a partir de una mirada visionaria sobre los artistas de su entorno.

“Tamayo comenzó a adquirir arte para su futuro museo en 1969. Llenó su colección con obras de artistas con los que su práctica establecía un diálogo, así como aquellos que se apartaron de sus propios intereses, pero con un compromiso artístico”, señala Elizabeth Rooklidge, curadora asistente del Museo de Arte Contemporáneo de San Diego (MACSD)

Esta es la lectura final del equipo de curadores del recinto estadunidense luego de revisar la colección del pintor y muralista mexicano, resguardada en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo, en la que encontraron un abanico de lenguajes, propuestas, creadores y movimientos estéticos desde Pablo Picasso hasta Carlos Cruz-Diez.

A partir de esta revisión, el MACSD presenta la muestra Tesoros del Tamayo, Ciudad de México compuesta por una treintena de obras las cuales desglosan los intereses plásticos del artista, sobre todo a partir de sus estancias en París y Nueva York desde los años 30. La exposición es resultado de una colaboración entre el museo de San Diego y el Museo Tamayo; éste último inauguró en marzo pasado la muestra Doble Negativo. De la pintura al objeto, con 15 piezas del acervo estadunidense.

La propuesta curatorial del MACSD presenta óleos de Tamayo como Retrato de Olga (1964), y a la vez de artistas como Francis Bacon, Mark Rothko, Francisco Toledo, Gabriel Orozco, Francis Alÿs y Carlos Amorales como reflejo de la mirada del muralista capaz de asimilar obras del cubismo hasta del expresionismo abstracto, sin abandonar elementos de la cultura popular mexicana. 

“Al principio de su carrera, Tamayo rompió con el estilo del realismo social de la pintura que dominó el arte mexicano posrevolucionario, y abrazó una marca distinta de la figuración abstracta. Él dibujó desde los diversos movimientos de vanguardia como el cubismo, el surrealismo y el expresionismo abstracto que encontró durante sus largas estancias en el extranjero”, detalla la curadora.

Rooklidge precisa que resulta natural que el acervo de Tamayo refleje el sincretismo impreso en sus propias obras, pues si algo caracterizó su plástica fue la síntesis de la imaginería precolombina y formas populares de México con las estrategias estéticas de la modernidad del siglo XX; lo que en cierta manera lo desmarcó del arte mexicano nacionalista de Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros.

La treintena de obras revelan también el enfoque cosmopolita de Tamayo; la influencia de los diversos movimientos de vanguardia en su producción, y su cercanía a la estilística de pintores europeos. “Vemos los vínculos con los grandes, como con las pinturas figurativas de Pablo Picasso y Francis Bacon, y un buen ejemplo de color son las abstracciones de campo de Mark Rothko. El más fuerte de sus compañeros artistas latinoamericanos que se destaca es Francisco Toledo con sus obras que llevan la marca registrada de animales”.

La exposición igual refiere a la misión del pintor por la promoción de los artistas mexicanos, y su interés porque establecieran un diálogo con la comunidad artística extranjera, añade Hugh Davies, director del museo: “El compromiso de Tamayo con las vanguardias artísticas en Europa y Estados Unidos es el tema central de la exposición que incluye a artistas internacionales que trabajan en las venas del surrealismo, el cubismo y el expresionismo abstracto, entre movimientos”.

Uno de los núcleos de la muestra es el arte latinoamericano que ocupa un espacio importante en la colección del Museo Tamayo compuesta en total por 480 piezas. A decir de la curadora los artistas seleccionados participaron en el desarrollo de la modernidad en América Latina al fusionar las vanguardias con los temas y la iconografía de su localidad, como Carlos Cruz-Diez o Roberto Matta.

Rooklidge explica que este eje temático sirve de puente entre la colección del MACSD y la del Tamayo, pues ambos se concentran en la producción de artistas latinoamericanos que producen desde la experimentación de mediados del siglo XX.

El director del MACSD adelanta que prepara para 2017, en colaboración con el Museo Tamayo y el Museo de Arte de Lima, la exposición Memorias del subdesarrollo, que explorará cómo los artistas de Brasil, Argentina, Venezuela y México, encontraron maneras de producir fuera del sistema de museos entre 1960 y 1980.

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