Perdura obra educativa de Jaime Torres Bodet

A 40 años de su muerte, políticos y analistas lo recuerdan como el ideólogo de la unidad nacional

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13/05/2014 05:46 Wilbert Torre

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de mayo.- ”He cumplido mi deber hasta el último momento”, escribió Jaime Torres Bodet en una nota breve, un 13 de mayo de hace 40 años. Una hora después de terminar sus memorias decidió poner final a su existencia, apagada por un cáncer. Intelectual, poeta, diplomático y político, sus palabras últimas son un espejo de la intensidad de su vida desde que se hizo poeta a los 16 y servidor público cuando había cumplido apenas la mayoría de edad.

“Imposible olvidar que emergió como conciliador e ideólogo de la unidad nacional en tiempos de guerra, y que fue autor de los mejores discursos del presidente Manuel Ávila Camacho”, dice Porfirio Muñoz Ledo sobre el también ensayista que en 1921, a los 19 años, se convirtió en secretario particular de José Vasconcelos. Muñoz Ledo lo conoció como estudiante en Francia. Fue su mentor y lo formó en la política.

“Es un caso excepcional en México que corresponde al sentido de su generación: un funcionario ejemplar, un diplomático de lujo y un magnifico poeta, sin olvidar sus ensayos”, advierte el veterano político, al cumplirse 40 años de la muerte de Torres Bodet.

Para José Woldenberg, uno de sus principales legados es la gran reforma educativa que promovió en 1946, un documento esencial que subrayó el deber de ser de una educación ilustrada, laica, basada en la ciencia y escindida de credos religiosos, que suprimió también el carácter socialista que tantas tensiones generó en una época.

El expresidente consejero del IFE recuerda una cita del destacado intelectual y escritor mexicano, el poeta más prolífico en la década de 1920:

“La escuela no debe ser ni un anexo clandestino del templo ni un revólver deliberadamente apuntando hacia la autenticidad de la fe. Nuestras aulas han de enseñar a vivir, sin odio para la religión que las familias profesen, pero sin complicidad con los fanatismos que cualquier religión intente suscitar en las nuevas generaciones.”

En conversación con Excélsior el maestro Woldenberg retomó algunas ideas de un texto que escribió en un ensayo. Subrayó que como un hombre ilustrado Torres Bodet fue capaz de saber que  la escuela no puede ser una simple continuación de las enseñanzas en casa, sino que en muchos casos puede representar una ruptura.

Recordó la Biblioteca Enciclopédica Popular, otra de sus significativas aportaciones, cuyos cerca de 150 ejemplares se distribuyeron entre los maestros rurales para poner a los lectores en contacto con obras inalcanzables en México.

Mencionó también el libro de texto gratuito, combatido por libreros y editores y por la derecha, un proyecto que alcanzó a miles de familias. Para Woldenberg la distribución de millones de ejemplares en 1960, en todas las escuelas primarias del país, significó una epopeya cívica que marcó para bien a varias generaciones de mexicanos.

“Se trata de uno de los políticos mexicanos más cultos, visionarios y verticales del último siglo”, advierte la maestra Ifigenia Martínez sobre el versátil intelectual, que fue secretario de Educación Pública en el régimen de Manuel Ávila Camacho, canciller en la era de Miguel Alemán y por segunda ocasión titular de la SEP en el gobierno de Adolfo López Mateos.

“Fue uno de los precursores de la gran reforma al artículo tercero de la Constitución en 1946, que promovió la unidad de los mexicanos en un clima de división. También le debemos el libro de texto gratuito, que concentró la riqueza cultural del país”, recordó el secretario de Educación Alonso Lujambio —fallecido en septiembre de 2012— en la presentación de la biografía Jaime Torres Bodet: realidad y destino, escrita por Fernando Zertuche.

La maestra Ifigenia Martínez recuerda el día que recibió una llamada del secretario de Educación. Había escrito un artículo sobre financiamiento de la educación pública. Torres Bodet lo leyó y quiso hablar con ella.

“Esto no puede quedarse nada más así en los diarios”, recuerda que le dijo Torres Bodet. La invitó a sumarse al Plan de Once años, que daría continuidad a la política educativa entre 1958 y 1970. En el país había más de 11 millones de analfabetas, 3 millones de niños no asistían a la escuela y la eficiencia terminal en primaria era de 16% en las ciudades y 2% en el campo. La escolaridad promedio era de dos años.

“Era muy enérgico y llevaba con severidad el plan educativo que agrupó a mexicanos de distinta representación política y técnica”, recuerda la maestra Martínez. “Teníamos la orden de hacer la educación accesible a todos los mexicanos.  Ningún niño debía dejar de aprender a leer y escribir. Si la escuela estaba muy lejos, se abrían internados”.

“Para don Jaime la vida era una tarea. Una vez cumplida la tarea, se acabó la vida”, expresa Muñoz Ledo al recordar el final de Torres Bodet, en su casa, rodeado de fotografías familiares, en el escritorio donde siempre escribió, una hora después de terminar sus memorias.

Sus proyectos

La obra de Torres Bodet abarca las áreas educativas, diplomáticas y científicas:

  • Promovió la Campaña Nacional contra el Analfabetismo (1944-1946).
  • Estableció el Comité Federal del Programa de Construcción de Escuelas (1945).
  • Fundó el Instituto Nacional de Capacitación del Magisterio.
  • Construyó la Escuela Normal para Maestros, la Escuela Normal Superior y el Conservatorio Nacional en la Ciudad de México.
  • Impulsó la construcción de la unidad profesional de Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional.
  • Fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos.
  • En 1948, fue elegido para el cargo de director general de la UNESCO.
  • Promovió la construcción del Museo Nacional de Antropología y del Museo de Arte Moderno.
  • Ingresó en la Academia Mexicana de la Lengua en 1952.
  • Fue miembro de El Colegio Nacional, al cual ingresó el 6 de julio de 1953. 
  • En 1966 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Literatura y Lingüística.

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