Rescatan arte novohispano; patrimonio oaxaqueño

Durante más de una década se han documentado las obras de un centenar de templos en el estado, que ayudarán no sólo a evitar el saqueo, sino a complementar la historia del arte mexicano que busca reunir el Catálogo nacional de bienes culturales muebles ubicados en recintos religiosos

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12/05/2014 04:07 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 12 de mayo.- La urgencia de concluir la catalogación del arte novohispano de Oaxaca, que realizan investigadores de la UNAM desde hace más de diez años, radica no sólo en la necesidad de proteger el acervo del saqueo, sino de complementar la historia del arte mexicano a partir de piezas de tiempos de la conquista.

Pues los registros hasta el momento de ocho mil objetos ubicados en más de 100 templos oaxaqueños han servido de eslabones para trazar la cronología de arte mexicano, y entonces entender los diferentes momentos históricos de la producción artística, desde la popular hasta las llamadas bellas artes.

Así lo consideró Pablo Amador Marrero, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM, quien ahora dirige el proyecto de Catalogación de Arte novohispano en Oaxaca, que es parte del Catálogo nacional de bienes culturales muebles ubicados en recintos religiosos promovido desde 2001 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en colaboración con la universidad.

“Son eslabones de la historia de los que se va a nutrir la historia general del arte en México; el catálogo no es sólo el inventario de piezas, sino una puerta a muchas posibilidades de investigación del arte”, señaló en entrevista el doctor en Historia del Arte.

Al señalar que aún faltan cerca de 700 templos por inventariar, el investigador explicó que además de rastrear obra robada, numerar patrimonio en riesgo y detectar piezas para restauro, el catálogo sirve para ampliar el conocimiento sobre la producción del arte desde la misma arquitectura de las iglesias hasta los retablos, pilas bautismales, esculturas, pinturas y herrería de los recintos.

Por ejemplo, con los recientes registros se ha determinado que Oaxaca desde tiempos de la Nueva España es productora de objetos de plata con características propias, sin ser una réplica de las piezas de Taxco que se ha considerado el único sitio de producción de plata en el país. 

“Tenemos templos que albergan piezas del siglo XVI que no se conocían, y por ejemplo tenemos platería oaxaqueña que gracias al inventario hemos podido conocer y podemos hablar ya de una platería oaxaqueña con identidad propia y eso lo logramos en la investigación; por eso decimos que Oaxaca puede aportar muchos referentes sobre la historia del arte”.

En el mismo sentido, Amador Marrero destacó el descubrimiento de tejidos del siglo XVI provenientes de Europa, los cuales por su confección y por su antigüedad son piezas invaluables que señalan un periodo de ornamentación de iglesias y catedrales con objetos extranjeros.

“En Mitla también hemos encontrado escultura guatemalteca de mucha importancia, que no se sabían existían en esta región. La finalidad primaria del Instituto era conocer ese patrimonio, luego se sumaron otros objetos como cumplir con una ley  que pide tener nuestro patrimonio inventariado”.

Amador Marrero recordó que el proyecto de catalogación tiene su origen en las investigaciones sobre escultura novohispana a cargo de Elisa Vargaslugo, también historiadora del IIE, que luego se convirtió en un catálogo nacional de arte dirigido por Teresa Uriarte, entonces directora del Instituto.

“Teresa Uriarte empezó una campaña para la catalogación, primero de escultura, y luego empezamos abrir el abanico y se trabajó en inventarios generales de bienes muebles e inmuebles. Para desarrollar los estudios sobre investigación de la historia del arte necesitábamos los referentes, conocer cuál es nuestro patrimonio y por eso entran los intereses del INAH y a su vez los estados, entonces llegamos a un acuerdo marco entre Conaculta, INAH y el Instituto”.

Al reconocer que falta más de la mitad del inventario de Oaxaca, el académico señaló que si bien el proceso de registro toma entre tres y cuatro meses por iglesia, las negociaciones con los pobladores para entrar a las comunidades son lo que ha alargado el proyecto; además de la falta de recursos para la contratación de más personal.

Se tiene enumeradas y con cédula el acervo de las iglesias de la ciudad y el valle central, y se han trabajado en algunos poblados de la sierra norte, pero hace falta la zona sur del estado que es la más conflictiva en términos de seguridad: “Es complicado hacer el contacto con la gente, pero cuando comprenden de los beneficios ellos mismos se convierten en custodios del patrimonio, incluso nos llevan piezas que ni siquiera están en los templos”.

Amador Marrero detalló que el catálogo se compone de fichas por cada obra la cual contiene fotografías, medidas, ubicación, estado físico, periodo histórico, y una breve descripción analítica de los materiales, técnicas de manufactura y estilos; información que ayuda a un futuro proceso de restauración.

“No sólo es el objeto, también nos interesa lo que está alrededor de él; hemos visto piezas en mal estado de conservación y les damos recomendaciones de cómo y dónde acudir para hacer la restauración porque al final todos los objetos reflejan un momento histórico del arte, y nos hemos dado cuenta que aún desconoce mucho de este patrimonio”, concluyó.

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