Ulf Rollof hace del robo un arte

El artista sueco expone en el DF su serie Cleptomanía, padecimiento del que, dice, ya se rehabilitó

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11/05/2014 05:20 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de mayo.- Era 1997 cuando el artista plástico Ulf Rollof  (Karlskrona, 1961) comenzó a recibir terapia para curarse de la cleptomanía que padecía. Fue en México donde confesó por primera vez que sufría el trastorno compulsivo que le llevaba a robar, generalmente, ropa de diseñador. “Me sentía como un pájaro que se viste para brillar porque no se siente brillante”, recuerda.

Mi historia sólo la conocían dos o tres personas en el mundo, antes para mí fue muy fuerte la situación de la culpa”, dice. Curado por completo, Rollof ha optado por desterrar ese pasado llevándolo a su obra. La cleptomanía y el hurto sirven hoy al artista para abordar aquellas estrategias, o defensas, que el ser humano utiliza para protegerse —de uno mismo o de ser robado— pero que en realidad “no valen y complican la vida”.

Rollof comenzó a trabajar en la serie Cleptomanía en Estocolmo en 2008, pero la completó en la Ciudad de México durante una estancia en Casa Maauad, un espacio de la colonia San Rafael que funciona desde hace cuatro años como galería y domicilio de residencia para artistas nacionales y extranjeros.  

La obra, que abarcará cuatro habitaciones de la casona porfiriana, consiste en óleos de gran formato montados en cajas de luz e instalaciones que reflexionan en torno al acto de hurtar y del trastorno que padeció el propio artista. “Me senté y cerré los ojos, y lo que vino a mi mente fueron imágenes invasivas que me recordaban esas manías, mis secretos y compulsiones de aquel entonces”, dice el artista, quien antes expuso en el Museo de Arte Contemporáneo (MUAC) su trabajo Axolotl Project.

Desde 1997 empecé con terapia hasta que terminé completamente con la cleptomanía. Lo que estaba robando era ropa, en una forma de robar como para protegerme; era ropa de moda, de diseño, lo más lindo que (pensaba) me podía mostrar al mundo; mi mamá y mi hermana son diseñadoras de moda y no era raro que supiera de ello”, dice.

Los cuadros de Rollof están llenos de color y resultan aún más brillantes colocados en un bastidor con luces (una técnica que inventó en 1986 en un rancho de Michoacán, a las orillas del Lago de Pátzcuaro). Uno de ellos se titula Circo Cleptoma y muestra una escena que recuerda los cárteles del art nouveau y art decó. “Circo cleptoma resulta más corto, es como un nombre, como un secreto, tal vez sea cleptomanía, pero no estás seguro. Empecé pintando esa industria como máquina y poco a poco fui trabajando las imágenes que fueron apareciendo”, explica.

En otro segmento ha colocado una mesa sobre la que reposa un mantel de mezclilla; a un costado hay dos cuadros con tela del mismo material y justo enfrente cuelga un gancho con un pantalón de mezclilla, creado por un diseñador sueco; en todas las telas el artista ha trazado con pintura diferentes en una clara intención de copiar las rejas de una prisión.

La exposición busca hablar de esos temas, de las estrategias que tenemos para protegernos y que en realidad no valen. A lo mejor muchos de nosotros tenemos estrategias para protegerse que valen más o menos; eso pasó conmigo y la cleptomanía”, agrega. Para complementar el proyecto, Rollof recorrió la calle de Altamirano y calcó, utilizando papel y los rayos del sol, las rejas que protegen las casas de esa zona de la San Rafael.

Documentamos todas las rejas que tienen dibujos muy ornamentales, hicimos copias como se hacían en el siglo XIX que se pone el papel y se expone al sol; aquí involucramos al barrio y cómo se ve a la vista de un ladrón. Yo nunca robé nada a nadie, pero tenía una enfermedad y robaba en los negocios. Las rejas de la colonia hablan de una situación que sólo se busca evitar, que está en el futuro y no ha pasado aún, las rejas son para protegerse de un robo”, dice.

Espacio de creación

El espacio que albergará la muestra de Ulf Rollof surgió hace cuatro años por iniciativa de su propietario, el también artista Anuar Maauad. Todo comenzó cuando buscaba un lugar para mudarse; la casa de Altamirano 20 en la colonia San Rafael era, por entonces, una vecindad ruinosa que aún conservaba el esplendor que tuvo cuando fue levantada alrededor de 1880.

Desde el primer momento, cuenta Maauad, supo que el espacio se convertiría en un lugar de convergencia con el arte contemporáneo. “Estaba buscando una casa para vivir y tener un estudio. Desde que entré supe que tenía la oportunidad de convertirse en lo que es ahora; su ubicación es extraordinaria y la colonia no tiene esa inercia de colonias como la Roma, la Condesa”, explica.

En los casi dos mil metros de construcción, Maauad ha mantenido con sus propios recursos y algunos patrocinios no sólo un lugar de exhibición de arte contemporáneo sino también la posibilidad de recibir hasta tres artistas (en residencias de hasta tres meses) en los departamentos que instaló en la parte alta del inmueble y proporcionarles un espacio de creación en los estudios permanentes que tiene la casa y que también son ocupados por artistas como Mauricio Limón, Emilio Chapela y Sofía Borges.

Hemos apoyado al MUAC, a galerías, con residencias, ellos mandan acá a sus artistas, no tenemos la capacidad para atender a muchos artistas pero el que lleguen permite que haya un flujo más fuerte y vinculación con otros países, con otros artistas y curadores, hay un seguimiento por ambas partes que hace más rico el asunto, todo mundo pasa por aquí”, agrega. Junto con la exposición Cleptomanía, de Ulf Rollof, Casa Maauad inaugurará, dentro de su Project Room, Monumento a Balú, de Cristóbal Gracia (Ciudad de México, 1987).

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