México, nueva faceta literaria

La exitosa escritora chicana, Sandra Cisneros, se mudará definitivamente a Guanajuato, la tierra de su madre

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03/05/2014 02:55 Virginia Bautista
¿Has visto a María? es su obra más reciente. Foto: Luis Enrique Olivares
¿Has visto a María? es su obra más reciente. Foto: Luis Enrique Olivares

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de mayo.- “Soy una escritora gracias a la Divina Providencia. Hija de padre mexicano y madre mexico-americana. No me gusta hablar, pero soy muy fisgona. Me encanta mirar, escuchar y hacer reír a la gente”, así se define Sandra Cisneros.

Nacida en Chicago en 1954, la narradora y poeta fue una de las pioneras en abrir brecha para que la literatura escrita en inglés por mujeres latinas fuera reconocida en Estados Unidos.

No me siento reducida cuando me llaman escritora chicana, porque soy todo eso: hija de migrantes, mexicana del otro lado, mujer. Al contrario, lo veo como un privilegio, un honor, porque he podido abrir paso a otros escritores”, afirma en entrevista con Excélsior.

De visita en la Ciudad de México, donde ofreció una charla en la Biblioteca Benjamín Franklin, la autora de la novela La casa en Mango Street, que publicó hace 30 años y de la que se han vendido dos millones de ejemplares, incluida su traducción al español hecha por Elena Poniatowska, vive desde hace un año en San Miguel de Allende, Guanajuato.

Estoy huyendo de tanto estar ante el público. Estoy escondiéndome, tratando de enfocarme a mi obra. Estoy jubilándome de mí misma y empezando una nueva etapa maravillosa y espiritual, a ver a dónde me arrastra”, confiesa.

La también cuentista dice que vino a San Miguel de Allende porque sus antepasados la llamaron. “Vine a dar una lectura hace dos años y tuve una epifanía muy fuerte: sentí a la luz entrar a mi corazón y me di cuenta de que yo no soy mi casa, que me puedo alejar de ella, me sentí libre y ligera.

Cuando regresé a Estados Unidos, mis amigos me recordaron sobre la violencia y me dio miedo. Pero luego regresé y volví a sentir la luz y me sentí segura. Ahora estoy enterrando 25 años de mi vida en Texas, quiero vender mi casa, estoy buscando hogares para algunos de mis gatos y perros. Me estoy aventando como los que se lanzan de La Quebrada en Acapulco. No sé por qué, pero aquí estoy”, asegura quien considera que sus ideas son “muy liberales” para los texanos.

La autora de la novela Caramelo, en la que recrea la historia de su padre, detalla que le gusta andar con la gente, “pero al mismo tiempo me fascinaría ser invisible, porque la gente te quita la energía y luego no puedes escribir.

Hay parte de mí que se arrepiente de haberme hecho escritora. Me pregunto por qué no fui cantante de ópera, una bailarina española o músico, algo más sociable, porque siento que mi oficio es como el de una monja en su celda”, agrega.

Cisneros aclara que aún no sabe qué escribirá en México “hasta que me dé a la cabeza como un trancazo. Nunca lo sé, aun cuando lo estoy escribiendo.

Yo sólo me siento contenta, muy bendecida. No soy ingenua, sé que estoy viviendo en unos tiempos peligrosos para todos, pero me siento en mi hogar. Y eso es importante para una mujer, para una escritora. Te tienes que sentir segura y contenta para poder crear”, añade.

De lo que sí tiene certeza es de que su herencia mexicana seguirá determinando su obra literaria, la cual se caracteriza por el humor. “El humor lo aprendí porque vivía en una casa de nueve personas y todos hablaban al mismo tiempo y nadie escuchaba. Así que mi hermano y yo competíamos a ver quién era más chistoso para que nos hiciera caso. Nació de tener tantos hermanos, por hambre de atención”.

Musas aztecas

Cisneros explica que su estancia en México la ha motivado para escribir poesía. “Estoy haciendo un poemario a escondidas, poco a poco. Hay algo en México para mí, quizá porque tengo muchos recuerdos profundos y sentimientos fuertes. Es como si se me abriera el corazón. No sé si en todas partes o sólo en Guanajuato, de donde es mi madre”, indica.

Trabaja además en una antología de sus ensayos que debe entregar en julio próximo. “Se llama Una casa propia y reúne 40 ensayos que he escrito a lo largo de tres décadas. Yo no sabía que tenía tantos. Estaban dispersos y ahora los recopilo. Son ensayos literarios, como cuentos autobiográficos con anécdotas de distintas etapas de mi vida como escritora”.

Y dice que le encantaría que se publicara en español su libro más reciente, ¿Has visto a María?. “Es un cuento que empecé a leer en voz alta, pensando que sería parte de mi próxima colección, pero me di cuenta de que era medicina para quienes andaban en duelo y decidí publicarlo para los adultos que necesitan esta historia”.

Hablar en español

Cisneros disfruta de hablar el español, el idioma con el que se comunicaba con su padre. “Me encanta. Hay algo que surge del castellano que le da sabor a mi escritura. Es un idioma que usa mucho el diminutivo , tiene dulzura, un cariño que no hay en el inglés; que es directo y eficaz, pero un poco frío. Mi palabra favorita es chuchuluco, porque la usaba mucho mi papá”.

Por lo pronto, planea adquirir oficialmente la nacionalidad mexicana. “En estos tiempos de xenofobia quiero ser mexicana”.

Lamenta que su obra se conozca poco en México y que sus libros traducidos al español ya no estén en circulación, pues no se han reeditado. “Espero que ahora con la cercanía hagamos algo. Me gustaría publicar un poemario en una casa editorial pequeña para venderlo en Estados Unidos y regalarlo aquí”.

Armada con sus calcetas rojas que tienen estampada a la Virgen de Guadalupe, “me las pongo cuando me da miedo”, a Cisneros le agrada lucir sus faldas de holanes, su rebozo y su morral. “Es una manera muy indígena de ver el mundo a los 59 años de edad”.

Otra cosa que ha descubierto es que le ofende la palabra señora. “Nunca me sentí señora hasta que llegué a México. No tengo hijos, pero tampoco soy señorita. No sabía dónde ubicarme. Pero encontré la solución cuando, al ir caminando en San Miguel, me encontré con unos campesinos y los saludé y me dijeron ‘buenos días, señito’. Eso sí me gustó”.

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