“Aquí me formé; soy escritor mexicano”: José de la Colina

El escritor recibió anoche en Bellas Artes el Premio Xavier Villaurrutia por su libro de ensayo De libertades fantasma o de la literatura como juego

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30/04/2014 01:36 Luis Carlos Sánchez
De la Colina, rodeado por Felipe Garrido, Bárbara Jacobs, María Cristina García Cepeda, Myriam Moscona y Vicente Leñero. Foto: Eduardo Jiménez
De la Colina, rodeado por Felipe Garrido, Bárbara Jacobs, María Cristina García Cepeda, Myriam Moscona y Vicente Leñero. Foto: Eduardo Jiménez

CIUDAD DE MÉXICO, 30 de abril.- La escritura cuidadosa de la forma y “muy dedicada a lo sublime”; de allí, afirma José de la Colina, proviene la tradición literaria que le educó. Esa manera de acercarse a las letras es también la que fue reconocida ayer, en el Palacio de Bellas Artes, donde el escritor —llegado a México procedente de España, en 1941— recibió el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2013 por su libro De libertades fantasmas o de la literatura como juego, publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

El galardón, como lo había dicho el propio autor en días pasados cuando se dio a conocer su nombre, refrenda su mexicanidad: “Hace tiempo, cuando salió la noticia de que se me otorgaba el Premio Xavier Villaurrutia, se publicó en varios periódicos un título de la noticia que decía: ‘el Premio Villaurrutia al escritor español José de la Colina’, yo no soy un escritor español, soy un escritor mexicano, aunque haya sido embotellado de origen allá en España. Soy un escritor mexicano porque aquí me formé como escritor, aquí existo como escritor”, dijo.

Aquella formación le llegó de la “universidad del aire”, los libros de “diversa índole” y maestros de la palabra como Juan José Arreola.  “Soy un escritor mexicano porque yo aquí me formé, desde luego con la presencia muy importante y como parte de la universidad del aire, porque yo no tengo ni la primaria —aparte de la presencia de los refugachos españoles, de los que he sido parte y no reniego para nada de esa situación—, pero soy un escritor mexicano, formado en México. Mi primer editor fue el gran Juan José Arreola con un libro muy malo, pero él me publicó mi primer libro que a él le parecía que estaba bien, allá él”, recordó.

Durante la entrega del reconocimiento, el escritor y periodista Vicente Leñero —también miembro del jurado junto con Bárbara Jacobs y Myriam Moscona— rememoró a De la Colina,  precisamente, como uno de los aspirantes a escritor más destacados del taller que Arreola daba en un garaje de la calle Volga de la Ciudad de México.

“Junto con José de la Colina somos sobrevivientes de esa menguada generación de los años 30 en la que Arreola nos enseñó a escribir por el simple contacto de su voz y de su palabra bien escrita; se dice fácil lo de la palabra bien escrita, pero sólo unos cuantos de aquellos tiempos como José de la Colina, como Fernando del Paso, consiguieron sobresalir entre la punta de aprendices que nos arremolinábamos en torno al maestro de la frase y el párrafo perfecto”, dijo Leñero.

De la Colina además de recomendarle lecturas como la de Pío Baroja, Ramón Gómez de la Serna o William Faulkner, agregó, le “encendió con la luz de un cerrillo la oscuridad del túnel literario”, luego de elogiarle una pequeña metáfora de un cuento que se había atrevido a entregar al propio Arreola y que había sido destrozado por los compañeros de taller.

Ensayo de una vida

El libro que le ha sido merecedor del galardón, entregado conjuntamente por el INBA y la Sociedad Alfonsina y que también ha sido entregado a autores como Juan Rulfo y Octavio Paz, “es el ensayo de una vida, la prueba y error de un largo y apasionante trayecto de lecturas”, dijo por su parte Myriam Moscona.

“Conversacional y entretenido, de párrafos largos, llenos de asociaciones de ideas que se guiñan, este conjunto de ensayos festivo y melancólico a un tiempo pareciera decirnos en medio de su propuesta erudita: ‘¡no te la tomes tan en serio, compadre!’. Esa voz que entre sus disquisiciones habla de Cervantes, sobre el docto género de la dedicatoria de un libro, sobre el incipit, sobre las disgregerías, sobre el escribir y desescribir, sobre los gatos, sobre Gerardo Deniz, sobre Snoopy, Cri-Crí y Pinocho, sobre la adivinanza, la palindromía, el cine, la amistad y la conversación con uno mismo”, señaló.

 

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