Desafío plástico, una ruptura monumental

El pintor y escultor Manuel Felguérez reconstruye la historia detrás de la obra que creó con chatarra en 1962 para el Cine Diana, la cual fue recuperada para convertirse en una de las piezas centrales de la muestra Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos en México 1952-1967

COMPARTIR 
28/04/2014 05:17 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de abril.- A pesar de que pasó  más de 50 años sin mantenimiento, el Mural de hierro, que Manuel Felguérez realizó para la inauguración del Cine Diana en 1962, sólo requirió una limpieza general de las piezas de metal para remontarse en la sala de exhibiciones del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), y así reinsertarse en la escena actual del arte mexicano.

En el marco de la exposición Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos en México 1952-1967, que se exhibe en el recinto universitario desde marzo pasado, el mural de más de 30 metros de largo por cuatro de ancho se rescató de su lugar de origen, donde se encontraba abandonado en un pequeño pasillo.

“En los años 60 todavía el cine era un negocio, pero después descubrieron que era más negocio vender palomitas que el cine, y empezaron a llenar de dulcerías y tapaban la visión del mural, entonces empezó a tener menos sentido, ya no tenía el impacto de un principio.

“Después descubrieron que en lugar de una sala grande la solución era hacer muchas salas chiquitas; entonces en lo que era el gran lobby donde estaba el mural se hicieron seis salas chicas, lo cual hizo que el mural quedara en un pasillo y como tiene 30 metros ya no había distancia para mirarse”, comenta Felguérez en entrevista sobre la obra que en cierta medida lo catapultó como artista visual en México.

A petición de la Dirección General de Artes Visuales y del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM se pidió prestada la obra a los dueños del cine para trasladarla a la exhibición; aunque se espera que la Universidad adquiera el mural para integrarlo a su acervo artístico que se encuentra en el MUAC.

“La universidad se encargó de organizar el trasporte del cine al museo y se montó en las salas del museo, porque decían que encaja muy bien en los años que abarca su exposición. No se restauró, simplemente se necesitó la transportación dado que moverlo era un milagro por los cincuenta y tantos años que tiene, pero milagrosamente está en perfecto estado.

“Sé que se tuvo que soldar a un muro y pintar el fondo, fue más bien una reinstalación, y me parece que hay bastantes posibilidades de que la Universidad adquiera el mural como propio”, añadió el artista abstracto.

El mural, junto con obras escultóricas como La serpiente del Eco de Mathias Goeritz, representó la real ruptura entre la estética de la Escuela Mexicana de Pintura y los artistas contemporáneos quienes encontraron en la fusión de diferentes disciplinas la creación de un arte “total”, en el sentido de ir más allá de un solo lenguaje.

La pieza de Felguérez no sólo sirvió como obra inaugural del Cine Diana, sino también como telón de fondo para un performance a cargo de Alejandro Jodoroswky, lo que causó mayor revuelo en la escena del arte mexicano por la colaboración entre un artista plástico y un dramaturgo.

El pintor y escultor recuerda que recibió mucha crítica, tanto negativa como alentadora, por romper con el concepto básico del muralismo mexicano: “El mural causó mucho ruido, era el primer mural de polémica porque todavía en ese año, cuando se hablaba de murales, se mencionaban los murales de la Escuela Mexicana; entonces un mural de este tipo venía a ser el cambio, la verdadera ruptura en relación  lo que se consideraba muralismo”.

Felguérez revive que el mural lo hizo de la chatarra de un camión que un amigo artista le regaló, pues la invitación a crear una obra para el cine era con la condición de que no costara dinero. “Entonces con ese camión de chatarra y con los mismo obreros que construyeron el cine, fue con lo que hicimos este mural que todavía tengo oportunidad de ver ahora en un nuevo lugar”, dice.

Aunque el autor de la escultura Puerta 1808 y La puerta del tiempo produjo otros murales de características similares, reconoce que no tuvieron tanto reconocimiento como éste, al cual considera su puerta de entrada a la escena del arte mexicano.

Se ha buscado sinfín de lecturas al conjunto de objetos metálicos sobre el muro, pero el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes 1988 asegura que al momento de diseñarlo no buscó ningún mensaje más que generar un encuentro “espiritual” con el espectador, un momento de contemplación estética.

“Todo lo que he hecho en mi vida está dentro del mundo del llamado arte abstracto, el arte abstracto no tiene un mensaje directo; es más bien una expresión estética que pretende comunicarse con el espectador y proporcionarle un placer estético. Aquí lo importante es el valor estético.

“Esta obra también tiene que ver con la época porque si quieres conocer un poco del pasado tienes que recurrir al arte, pues es una forma de enseñar lo que fue un momento de la creación artística en México, y de lo que provocó”, señala.

Para Rita Eder, investigadora y curadora de la exposición, el mural representa el concepto de arte total que en la década de los 60 surgió en respuesta de la tradición plástica: “Fue muy discutido en su época; se decía que si trataba de hacer un repaso de la nación. Es el ensamblaje que fractura la idea de arte convencional, fractura la idea de la división de pintura y escultura”.

Relacionadas

Comentarios