Publican antología del lúcido pesimista Los días que no se nombran

Editorial Era lanza una selección póstuma de la poesía de José Emilio Pacheco, revisada por el propio autor y preparada por Jorge Fernández Granados

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11/04/2014 04:00 Virginia Bautista
El autor de No me preguntes cómo pasa el tiempo.
El autor de No me preguntes cómo pasa el tiempo.

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de abril.- En sus últimos poemas, José Emilio Pacheco (1939-2014) “demuestra una humanidad y una sabiduría humana muy profunda”, afirma el escritor Jorge Fernández Granados, quien colaboró en la elaboración de la antología Los días que no se nombran.

“Creo que era más pesimista de joven que en su etapa de madurez. El último Pacheco era particularmente generoso y hasta irónico, tierno, algo muy hermoso. Eso habla de una evolución personal que le fue haciendo perdonar un poco esa acidez de los primeros años”, agrega.

Fernández Granados trabajó, junto con el editor Marcelo Uribe, director de Era —sello que acaba de publicar el libro de 436 páginas—, en la antología de los poemas que Pacheco seleccionó personalmente y en la que están representados todos sus poemarios publicados de 1958 a 2010.

“Él la revisó. Estaba pensada como una especie de homenaje por su trayectoria, pero nunca nos imaginamos que sería un libro póstumo, una antología de la poesía que él eligió, la que le parecía que representaba mejor su obra poética”, comenta en entrevista.

El también poeta y ensayista define los poemas de Pacheco, tras revisar sus 14 poemarios, desde Los elementos de la noche (1963) hasta Como la lluvia (2009) y La edad de las tinieblas (2009), como “elegías de un lúcido pesimismo”.

“Tal vez la palabra pesimismo sea un poco injusta para toda la obra de José Emilio, porque buena parte de ésta quedó escrita en prosa. Sin embargo, si se utiliza pesimismo junto a la idea de lucidez, le da un significado diferente.

“El suyo no es un pensamiento solamente negativo, la pesadumbre, la desazón, la desesperanza, sino que es la lucidez la conciencia que lleva a un escepticismo profundo de la condición humana”, detalla.

Menciona que las constantes que son reconocibles a lo largo de su obra son, entre otras, los ejemplos de la naturaleza, plantas y animales como fuente de alegorías y lecciones, y temas como el tiempo y la destrucción y el drama testimonial de la conciencia.

“Otra de las características que tiene su poesía es que rara vez habla de sí mismo; casi siempre el yo lírico, la voz que enuncia el poema, suele estar situado en otro personaje, en otra figura, en otro tiempo.

“Habla el zorro, la araña, el halcón, un animal marino o una planta, que están contemplando el tiempo, el mundo; o a veces habla en la época de Lope de Vega o en la Segunda Guerra Mundial desde la voz de un perseguido. Esto lo hace muy singular”, indica.

El autor de otra antología sobre Pacheco, La fábula del tiempo, que llega sólo al año 2000, señala que el poeta puso en tiempo presente el género de la poesía. “Lo hizo sobre todo desde 1967 en adelante, a partir de No me preguntes cómo pasa el tiempo, sincroniza el género con el devenir histórico, con el paso del tiempo.

“Renueva el género al tomar esa actitud del poeta no como un visionario, un oráculo, un ser por encima de los demás, sino el poeta como un ciudadano, como un testigo, un habitante de su tiempo y su lugar. Hace que la poesía se renueve desde su esencia”, considera.

Para Jorge Fernández, la gran lección que deja el ganador de los premios Reina Sofía y Cervantes es que “para que algo exista, para que algo viva, debe transformarse; pero la transformación no depende sólo de un cambio o una renovación. Lo nuevo por lo nuevo no sirve, lo que sirve es lo que cambia porque necesita renovarse. Como espíritu crítico, lúdico, se daba cuenta de que, más que la alabanza, el halago o el aplauso, lo que quería compartir con el lector era una visión crítica”.

Tras la revisión de la obra poética de Pacheco, concluye que “en la última etapa se fue volviendo más perfecto, más preciso, justo, transparente, limpio; una decantación de esa lucidez, pero llevada a un acto de verdadera sabiduría”.

El prólogo de esta antología es ampliado en el ensayo sobre el autor de Las batallas en el desierto con el que Fernández Granados cierra su próximo libro, El fuego que camina. Huellas de 17 poetas hispanoamericanos, que en un par de meses publicará Conaculta.

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