José de la Colina ya no es un refugacho

El cuentista y ensayista avecindado en México desde 1941 ganó el Premio Xavier Villaurrutia por De libertades fantasmas o de la literatura como juego

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09/04/2014 04:41 Luis Carlos Sánchez
El Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores, dice el cuentista y ensayista José de la Colina (Santander, España, 1934), representa para él adquirir definitivamente la mexicanidad
El Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores, dice el cuentista y ensayista José de la Colina (Santander, España, 1934), representa para él adquirir definitivamente la mexicanidad

CIUDAD DE MÉXICO, 9 de abril.- El Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores, dice José de la Colina (Santander, España, 1934), representa adquirir definitivamente la mexicanidad. El galardón que han recibido otros autores como Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes o Juan José Arreola, dice, “es sobre todo hacerme definitivamente mexicano y ya no ser un refugacho; yo de hecho pertenezco a la literatura mexicana, los de la literatura española ni siquiera se acuerdan de mí”.

De la Colina llegó a México en 1941 —“en el año 41 sapo”— junto con su familia expulsado por el franquismo; este año cumplió 80 de edad y ayer fue declarado ganador del premio literario por De libertades fantasmas o de la literatura como juego (Fondo de Cultura Económica, 2013), un libro que se encarga más de curiosidades literarias como la adivinanza, el palíndroma o el anagrama. En ese lugar el autor ha encontrado el sentido de la palabra escrita.

“Yo trato —porque no es tan fácil, es mucho más fácil que los géneros pesimistas y sombríos—, yo trato de derivar hacia el humor y hacia el humorismo, pero eso es más difícil que lo trágico, que lo profundo, etcétera, etcétera, por eso en De libertades fantasmas… me he dedicado a lo que se supone que eran los puros márgenes y las cosas superficiales de la literatura, que cada vez me convenzo que no es así y que la literatura no es un arte sino una artesanía, por lo menos para mí”, señala el autor.

De la obra, el jurado —integrado por Bárbara Jacobs, Vicente Leñero y Myriam Moscona— consideró que se trata de un libro brillante y armónico. “Se destacó el ingenio y la brillantez de sus breves ensayos que exaltan el manejo de su buena prosa. Densa y transparente al mismo tiempo, su escritura tiene la exquisitez de fluir en el goce de su malicia entre sus textos personalísimos de onda melancólica festiva. De la Colina no conversa en tono pedante y, pese a su erudición, jamás se jacta de ella”, según consta en el acta.

Jacobs cuenta que “hubo mucho valor en llegar a esta decisión (la de elegir a De la Colina) y estamos seguros de que los finalistas que no fueron premiados ahora, lo serán en su momento. Al añadir el nombre del ganador, José de la Colina, a la lista de premiados con el Villaurrutia, se integra muy armónicamente”.

El humor corresponde a De la Colina, también la sinceridad: en los últimos años, asegura, “he derivado a la idea de que las profundidades literarias son bastantes engorrosas e incómodas y que me gustan más, me atraen más, las supuestas artes menores dentro de la escritura”.

En ello, se le menciona, México tiene mucho que aportar: “México no sé, yo creo que es expresión de temperamentos individuales, yo no creo en esas cosas de la identidad nacional ni nada, agradezco mucho a los mexicanos el que me hayan permitido refugiarme con mi familia y desde niño en el país, pero en fin, creo que existen individuos y agradezco mucho a los mexicanos tanto el haberme refugiado como el otorgarme ahora el premio Villaurrutia”, responde.

También sobre el autor de Nocturno en que nada se oye, al De la Colina le surge la espontánea franqueza y declara que su teatro le aburre y sólo su poesía le ha marcado. “Villaurrutia murió cuando yo era todavía muy niño y yo todavía no frecuentaba poetas ni gente de mal, pero delicioso vivir; lo conocí como lector nada más y me deslumbró con algunas frases, pero sobre todo con aquella de “o la nocturna rosa que no ocupa lugar en el espacio y cuyo movimiento es una misteriosa forma de la quietud”.

“Fue lo que más me maravilló porque su teatro es muy aburrido; lamento mucho decirlo de alguien que tiene el nombre del premio que me asestan, pero sobre todo me maravilló la poesía y sus ensayos”, cuenta.

El premio que se otorga desde 1955 a una obra publicada es convocado anualmente por la Sociedad Alfonsina, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Este año la ceremonia de entrega se realizará el próximo 29 de abril a las 19:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Con 80 años recién cumplidos el pasado 29 de marzo, ¿qué tan satisfecho está con lo que ha escrito?, se le pregunta a De la Colina: “Satisfecho nunca, satisfecho nunca, uno cree que lo dejará satisfecho el próximo escrito, porque yo soy un hombre de escritos, no de libros; tengo pocos libros, apenas una decena, pero lo que sí sé es que escribir me da gusto y si además le pagan a uno por escribir como profesional, pues repito la frase: miel sobre hojuelas”, concluye.

Otros autores galardonados

En la historia del Premio Xavier Villaurrutia han destacado los siguentes escritores mexicanos.

1955
Juan Rulfo
Pedro Páramo

1956
Octavio Paz
El arco y la lira

1960
Rosario Castellanos
Ciudad Real

1963
Elena Garro
Los recuerdos del porvenir
Juan José Arreola
La feria

1965
Salvador Elizondo
Farabeuf o la crónica de un instante

1966
Fernando del Paso
José Trigo

1967
José Revueltas
A la trayectoria

1970
Eduardo Lizalde
El tigre en la casa

1973
José Emilio Pacheco
El principio del placer

1975
Carlos Fuentes
Terra nostra

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