José María Espinasa dirige el Museo de la Ciudad

El poeta y ensayista, quien fue nombrado por su amigo Eduardo Vázquez, acepta que no tiene ninguna experiencia en la administración de museos

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02/04/2014 04:09 Luis Carlos Sánchez
El poeta José María Espinasa admite que no es experto en museografía o servicios educativos, pero afirma que conservó al equipo con el que venía trabajando el Museo de la Ciudad de México —que en 2014 cumple 50 años— cuando tomó el timón del recinto el mes pasado
El poeta José María Espinasa admite que no es experto en museografía o servicios educativos, pero afirma que conservó al equipo con el que venía trabajando el Museo de la Ciudad de México —que en 2014 cumple 50 años— cuando tomó el timón del recinto el mes pasado

CIUDAD DE MÉXICO, 2 de abril.- “Uno puede ser muy buen conductor y no saber cambiar una bujía”, afirma el poeta y ensayista José María Espinasa sobre su nueva función: la de director del Museo de la Ciudad de México. El también editor, que ha sido puesto en el cargo por su amigo Eduardo Vázquez Martín,  secretario de Cultura capitalino, acepta que su experiencia no abarca la administración de museos, pero que la difusión cultural sí “ha sido una de mis vocaciones”.

“Aunque yo tengo una carrera más visible como editor, la difusión cultural también ha sido una de mis vocaciones, durante mucho tiempo dirigí las actividades culturales de la UAM, en los años ochenta; después en la UNAM tuve a mi cargo muchos eventos de conferencias, coloquios, obras de teatro, cineclubs, conciertos y cuando se me ofreció la dirección del Museo de la Ciudad de México yo pensé en lo que, como público, conocía de este museo”, dice en entrevista.

Espinasa admite que no es experto en museografía, servicios educativos o ampliación de públicos –pues “la idea del todólogo es muy peligrosa”–, pero afirma que cuenta con el equipo con el que venía trabajando el Museo de la Ciudad de México –que este año cumple 50 años de su creación– desde antes de su llegada.

“Una de las ventajas con las que me encontré en el museo es que había una planta de trabajadores que están funcionando bien, no me encontré un lote baldío, un desierto, un lugar en ruinas, me encontré un lugar vivo, un lugar al que trataré de darle mi personalidad”.

La propuesta para dirigirlo llegó del propio Vázquez Martín, con quien acepta que mantiene una relación de amigos de más de 30 años: es “un intelectual y escritor con el cual ya había trabajado antes y con el cual tenía muchas coincidencias, de lo que esa idea de difundir la cultura debe ser, había una coincidía previa”.

¿Amistad?, se le pregunta, “sí amistad, somos amigos desde hace más de 30 años y conocemos ambos lo que hemos hecho en distintos ámbitos”.

En cuanto recibió la propuesta se reunió “varias veces” con el secretario “para entender su propuesta cultural y ver cómo el museo bajo mi propuesta se podía insertar en ese proyecto”.

A la amistad y visiones compartidas se sumó la necesidad de crear un proyecto para recordar el 75 aniversario del exilio español en México y el centenario del natalicio de Octavio Paz, Silvestre Revueltas y Efraín Huerta, que se cumplen este año.

“Yo en el tema del exilio he trabajado en los últimos 15 años y eso nos permitía interactuar; después este año es el de los centenarios de tres de nuestros escritores y en ese sentido yo también podía aportar una visión multidisciplinaria desde el museo a la celebración de estos centenarios (…) Mi visión era lo suficientemente bien informada como para volverlo muy atractivo, yo creo que la ciudad está en un momento en que requiere una política cultural muy clara de equidad, diversidad, fomento, hacer lo que los expertos han llamado estos cruces multidisciplinarios”, dice.

Un espacio flexible

Si con la administración malograda de Lucía García Noriega (quien fue sustituida por Vázquez Martín) se buscó “regresa” al Museo de la Ciudad de México una visión más citadina, reforzada en la historia, con la llegada de José María Espinasa la idea será que la misma urbe dicte el rumbo y aptitud que tendrá el espacio.

“Este no puede ser un museo común y corriente, tiene que estar vinculado a la ciudad, no puede ser un museo de arte, pero no puede dejar de serlo, tiene algo de gran casa de la cultura de la ciudad y no está mal, por qué no asumirlo, que sí, que aquí tenemos eventos de muy diversa importancia. La cultura se tiene que estar reinventando día a día y las instituciones culturales deben estar con las antenas puestas y la mirada muy atenta para ver qué está pasando, para ver hacia dónde se dirige la ciudad”, explica.

Espinasa encuentra una evolución natural en el espacio; dice que hace 50 años cuando Pedro Ramírez Vázquez llevó a cabo la transformación del edificio del siglo XVIII para convertirlo en museo fue natural que la vocación fuera histórica: “seguramente le sirvió como fuente de ideas, laboratorio para lo que después fue el gran museo de este país que es el Museo de Antropología”.

Pero de aquellos años a la actualidad las cosas han cambiado, “para empezar con la tecnología”, señala, por ello a partir de ahora, “la Ciudad de México es la que le va a dar su temperatura. El concepto comenzó a cambiar y también comenzó a cambiar la realidad de la cultura en México. Yo no quiero competir con el Museo de Arte Moderno o con el Tamayo o con el Munal”.

El de la Ciudad de México, dice, es un espacio con una actividad heterodoxa: desde talleres sobre parques portátiles hasta escenario para una boda gay encabezada por Miguel Ángel Mancera o como sede de un coloquio sobre cultura y televisión: “el abanico de eventos que se realizan en este lugar es grandísimo (…) quisiera ver en esto no un defecto sino una ventaja, que esa maleabilidad sea la posibilidad de responder a la demanda cultural de México; mi política es que este museo es la casa de toda la cultura mexicana y sobre todo de la Ciudad de México, ese concepto de cultura será el más amplio y plural posible”, argumenta.

¿Quién Es?

José María Espinasa nació en la Ciudad de México en 1957, donde realizó estudios de cine y literatura en la UNAM. Profesor, periodista y editor, fue asesor de Difusión Cultural y jefe de relaciones culturales del Departamento de Publicaciones y del departamento de Actividades Literarias de la UAM, así como asistente de programación de actividades culturales del plantel Azcapotzalco de la misma institución.

Ha sido secretario de redacción de las revistas Casa del Tiempo y Tierra Adentro, también fue director del sello independiente Ediciones Sin Nombre y coordinador de producción editorial de El Colegio de México. Ha sido becario del Fonca, Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales y en 1995 ingresó al Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Tendrá librería del FCE

La Librería del Pórtico de la Ciudad de México, que ocupó un lugar en el edificio del museo, se convertirá ahora en una librería administrada por el Fondo de Cultura Económica (FCE) que estará lista a “mediados de junio” cuando se inaugure la exposición La ciudad de México y el exilio español, informó José María Espinasa.

“El Pórtico ya no, tenemos este espacio que se va a manejar entre la Secretaría de Cultura y el FCE, creemos que es muy importante tener una librería dentro del museo y en esta calle de Pino Suarez que es muy concurrida, es una lástima que no tengamos un espacio de venta de libros que aproveche ese flujo de gente”, dijo.

Para abrir la nueva librería la dependencia local realizó un acuerdo con el FCE, “el espacio físico está prácticamente acabado” y tendrá una triple vocación: primero la de albergar la bibliografía que se produce sobre la ciudad, “desde las novelas urbanas hasta investigaciones sobre su drenaje o su arquitectura, en fin”.

En segundo lugar, explicó, se buscará que funcione como un espacio para editoriales independientes, “yo sé de lo complicado que es colocar sus ediciones en las librerías” y en tercer sitio, como sinergia con una nueva cafetería que se pretende abrir en la esquina del inmueble:

“En la otra esquina donde está la escultura insignia (una cabeza de serpiente azteca que se conservó cuando fue construido el inmueble) queremos abrir una cafetería porque también nos parece una manera de que el museo este sociabilizado y no sea un lugar ajeno a ese tránsito que hay sobre la calle y que representa una parte de la ciudad, vamos a tratar de crear sinergia entre los distintos espacios”, dijo.

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