Octavio Paz, el ensayo, ancla del presente

En esta tercera entrega de ocho en el marco del centenario del natalicio de Octavio Paz, especialistas en el pensamiento del Nobel de Literatura revisan su extensa obra ensayística con el fin dimensionar el peso intelectual que tuvo en su época no sólo como poeta, sino como una voz con autoridad y visionaria sobre el entorno de México y el mundo

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26/03/2014 05:13 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de marzo.- A Octavio Paz se le ha definido como un “hombre de su siglo”: el intelectual que dedicó su pensamiento a describir y reflexionar sobre quienes compartieron su presente; el crítico que analizó las tantas aristas históricas, políticas y sociales del tiempo que vivió. Y fue el ensayo como género el contenedor de sus reflexiones políticas, de sus críticas literarias, de sus preocupaciones históricas, de sus visiones sobre el arte, de sus análisis sobre la actualidad.

En este ejercicio de recordar al Premio Nobel de Literatura 1990 a cien años de su nacimiento, resulta indispensable revisar esta obra ensayística para comprender y dimensionar el peso que tuvo en su época no sólo como poeta, sino como una voz con autoridad, incluso visionaria sobre el entorno de México y el mundo.

Así lo consideran Julio Ortega, crítico, ensayista y profesor de la Universidad de Brown, y Enrico Mario Santí, profesor de la Universidad de Kentucky y biógrafo del escritor fallecido en 1998, quienes ven en los ensayos de Paz a un filósofo de su presente, quien bien logró que su poesía y su filosofía “vivieran en casas vecinas”.

El ensayo es el escenario de su poesía. El poeta se entiende mejor en esa reverberación de sus ideas, y el ensayista se debe a la irradiación del campo poético. Esa vivencia ilumina su poesía y su ensayística, el anverso y el envés de su obra”, opina Ortega.

El ensayo —añade Santí— es el lado discursivo de la imaginación literaria. “Solía decir Paz que poesía y filosofía vivían en casas vecinas con vasos comunicantes. Paz no era un filósofo, aunque sus ensayos abordan temas filosóficos que a su vez se comunican con los poéticos. Respondían ambos al tipo de escritor que él era: un poeta filosófico y un ensayista que fue, muchas veces, lírico”.

Desde tiempos de juventud, Paz escribió sobre literatura, antropología, historia, política, arte y ciencia. Ya en sus ensayos formales, lo mismo escribió sobre Sor Juana Inés de la Cruz, Xavier Villaurrutia o de Fernando Pessoa, que de la cultura oriental y los indios americanos. Así construyó una visión amplia de los ecos de la poesía, del diálogo entre poesía y sociedad, de la tradición literaria mexicana, de la modernidad y de la vanguardia artística.

En el libro Primeras letras (1931-1943), Santí recopila los escritos tempranos de Paz que abarcan una veintena de años de producción literaria, y en los cuales ya se encuentran antecedentes de ensayos de largo aliento. Es el caso del texto Poesía de soledad y poesía de comunión (1942), que podría leerse como la antesala del ensayo El arco y la lira, en donde el escritor expone su poética.

Sin embargo, a partir de la publicación de El laberinto de la soledad, en 1950, se evidencia una creciente madurez en su prosa, una seguridad en su pensamiento crítico y confianza en su narrativa reflexiva, por lo que marca el inicio de sus libros ensayísticos de largo aliento que luego desarrolla en El arco y la lira, Los hijos del limo, La otra voz, y en total más de una veintena de publicaciones de este género literario.

Este primer ensayo surge no sólo en un momento de madurez intelectual, sino también diplomática y como hombre, pues cuando se publica, Paz se acercaba a los cuarenta años de edad con un patrimonio poético y una trayectoria como crítico ya muy reconocida.

Ese gran ensayo (El laberinto de la soledad) de interpretación imaginativa es hijo de su tiempo. Corresponde a la necesidad de conocernos a través de una versión alternativa de los hechos, más allá de la historia y las disciplinas sociales, desde la filosofía de la historia y una idea de la nación como destino”, refiere Ortega, académico del Departamento de Estudios Hispánicos en Brown.

Mientras que para Santí este primer ensayo antropológico buscaba, por un lado, hacer un trayecto por la historia de México y, por otro, trazar la identidad del mexicano.

Desde luego, el doble propósito lo incluía a él. Él mismo dijo muchas veces que El laberinto de la soledad fue una suerte de confesión y, al mismo tiempo, un esfuerzo por reconciliarse con el país y con su cultura, de la cual él se había alejado durante casi diez años”, añade el autor de El acto de las palabras: Estudios y diálogos con Octavio Paz.

Inteligencia y curiosidad

Desglosar los temas que al premio Príncipe de Asturias 1993 interesó para sus ensayos significa abrir un abanico temático de lo que ocurría en el país y el mundo frente a él, pues todo atraía su atención: “Era un hombre curioso”, recuerda Santí. Se ocupó desde la poesía, la narrativa, el cine, el arte mexicano y global hasta la cultura oriental y la política.

Entonces escribió Claude Levi-Strauss o el nuevo festín de Esopo (1967), La búsqueda del comienzo (escritos sobre el surrealismo) (1974), El ogro filantrópico (1979), La otra voz. Poesía y fin de siglo (1990) y Vislumbres de la India (1995), entre otros.

Ortega prefiere concentrar todas estas curiosidades en un interés por la modernidad de su tiempo: “La preocupación más recurrente en su obra ensayística es nuestro lugar en lo moderno. En ello coincide con nuestra tradición ensayística. Por eso Paz cuestionó que la modernidad convierta al mundo en depósitos de basura y que nos imponga el predominio del mercado”.

A la distancia temporal, los ensayos del miembro honorario de la Academia Mexicana de la Lengua constituyen una de sus mayores aportaciones al lector de lengua española, a decir de Santí, quien destaca el descubrimiento de varios modus de poesía, aleccionar sobre el sentido y alcance de la lírica, y la mirada visionaria sobre escritores todavía noveles.

“Las aportaciones (de Octavio Paz) fueron claras: descubrió, para el lector de lengua española, la existencia de un mundo, o varios mundos, de poesía: desde la francesa, portuguesa y catalana, hasta la bosnia, china, india y japonesa. Por otra parte, el aporte fue aleccionarnos sobre las formas, el sentido y los alcances de los poemas. Lo hizo en libros tan extensos como El arco y la lira, o ráfagas breves como Recapitulaciones, considera.

Paz siempre lamentó —añade Ortega— la ausencia de crítica en la vida literaria hispánica. Concebía la crítica como una revelación, proyección y diálogo de la misma obra. La ausencia de esa crítica le parecía que empobrecía la actualidad de la obra literaria.”

Cuando el homenaje a Paz por su cumpleaños 80, Enrique Krauze lo definió: “Imagínate un filósofo griego, un tribuno romano, un humanista del Renacentismo, un poeta metafísico, un sabio de la Ilustración, un revolucionario girondino, un rebelde romántico, un poeta del amor, un anarquista natural […] Todas esas corrientes de civilización, y muchas más, asumidas, encarnadas, recreadas por una sola persona. Eso es, aproximadamente, Octavio Paz”.

De Marcel Duchamp a Rufino Tamayo

Aun cuando se interesó por distintos asuntos, es el arte el que ocupa un espacio mayoritario en su obra ensayística; tan sólo dos tomos (de 14) de las obras completas de Paz editadas por el Fondo de Cultura Económica en 1994 están dedicados exclusivamente a las bellas artes: el primero al arte moderno y universal, y el segundo a las artes visuales de México.

Entendió como pocos el oficio de escribir sobre arte no como crítico de oficio sino en el sentido de Charles Baudelaire: la pintura vista desde la poesía”, señala Miguel Ángel Muñoz, investigador y crítico.

Desde una trinchera siempre analítica, sus ensayos sobre la estética fueron una suerte de revelación de personajes, corrientes o propuestas, y más allá de dar una “palmada en la espalda” a quienes atendía en sus textos, Paz buscaba deshebrar su concepto, su quehacer, su obra, su presencia en la escena artística.

Creo que la obra de Paz como ensayista en cuanto a las artes visuales es fundamental para entender no sólo el arte moderno y contemporáneo de México, sino del mundo. Pienso que Paz tuvo esa enorme visión de discernir, y estar presente en todos estos movimientos que cambiaron no sólo la historia del arte, sino la historia de la literatura”, añade.

A Paz no le gustaba, continúa, ni lo abstracto ni lo figurativo, sino el arte que enseñara a ver: “Cuando se situaba frente a una obra se dejaba poseer y dominar por ella”, afirma del poeta que en su lista de creadores preferidos destaca Joan Miró, en quien descubre los azules, las barcas, la imaginación de un artista, y a quien incluso dedica el poema Fábula.

Si bien Paz escribe textos sobre los grandes muralistas mexicanos, los artistas de la Ruptura y los surrealistas internacionales, el también curador considera que el libro básico del escritor, en términos estéticos, es Apariencia desnuda, integrado por tres ensayos sobre la obra de Marcel Duchamp que a la distancia representan reflexiones fundamentales para entender al creador del readymade.

La postura de Paz como ensayista es ver que Duchamp es la contraparte de Pablo Picasso; es decir, situó a los dos como grandes genios de principios del siglo XX, pero diciendo que Duchamp es la contraparte no sólo rebelde sino innovadora de Picasso. Duchamp será una obsesión de Paz y logrará arrancar al artista del Olimpo de las vanguardias, donde mueren los grandes, para devolverlo a la vida ‘del gran Arte’. He aquí una iluminación perfecta: Paz dio vida nueva a un artista genial”.

Del arte mexicano, sin duda fue Rufino Tamayo quien atrapó la mirada del escritor. Al pintor oaxaqueño dedicó tres ensayos en los que argumentó que sus pinturas, sobre todo de caballete, contenían una modernidad permeada en el pasado prehispánico al que referían todas sus representaciones.

Así encuentra en la obra del artista una afinidad por el rescate del México antiguo, pues siempre le impresionó la cultura prehispánica de tal forma que en sus textos evidencia que toda cultura y todo arte tienen una historia.

Lo mismo halla complicidad con José Luis Cuevas, Juan Soriano, Vicente Rojo, Alice Rahon, Alberto Gironella, Frida Kahlo, María Izquierdo, Richard Serra, Rafael Canogar, Alberto Gironella, Fernando de Szyszlo, Juan Soriano, que con Antoni Tápies, Eduardo Chillida, Roberto Matta y Wilfredo Lam.

No le preocupa indagar en las retóricas de la historiografía del arte sino entender la pintura y su historia a partir de la poesía. Paz decía sobre las diversas generaciones que se cruzan en la historia que los artistas deben redescubrir el punto de convergencia entre tradición e invención. Paz en muchos aspectos fue un visionario, y en cuanto a las artes visuales fue un enorme visionario en ver cómo crecerían estos artistas y movimientos.”

A Paz se le juzgó por su crítica dura contra los artistas que ocuparon su creación como bandera política, pero a decir de Muñoz era una postura, evidente en sus ensayos, a favor del arte en su esencia: “Se le ha entendido mal su desprecio a la política en el arte; él siempre fue un personaje crítico del sistema político y siempre decía que no había que combinar la política con la estética”, concluye del escritor que también dedicó un poema a Antoni Tápies.

 

 

Una existencia de poesía e ideas

Para mí la poesía y el pensamiento son un sistema de vasos comunicantes. La fuente de ambos es mi vida: escribo sobre lo que he vivido y vivo”, decía Octavio Paz en el prólogo de La llama doble, una idea que resume a este intelectual total del siglo XX.

Este creador nacido en 1914 y muerto en 1998, que ganó premios como el Nobel de Literatura, el Cervantes, el Príncipe de Asturias, el Menéndez Pelayo, entre otros, es un clásico moderno que indagó en todos los caminos, que experimentó en las vanguardias y que descubrió las culturas india y oriental para muchas generaciones, sin perder el diálogo con la tradición.

Paz comenzó a escribir desde muy temprano y en 1937, tras finalizar sus estudios de Derecho en la UNAM, viajó a España para apoyar la República y participó en Valencia en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas.

En él conoció a muchos poetas de la generación del 27 y de la revista Hora de España. El viaje lo hizo con su primera mujer, la escritora mexicana Elena Garro, con la que tuvo su única hija, Helena.

Después se uniría a Bonna Tibertelli y, en 1965, cuando ya era embajador de México en la India, se casaría con Marie-José Tramini, su compañera hasta el final de su vida.

A su vuelta a México fundó la revista Taller, donde dio cuenta de una nueva sensibilidad literaria, y en 1943 se trasladó becado a Estados Unidos. En 1945 ingresó en el Cuerpo Diplomático de EU y fue destinado a Francia, donde comenzó su relación con las vanguardias, con los surrealistas, con Bretón a la cabeza, y donde descubrió el amor y la libertad como alimentos para su poesía.

En París escribió El laberinto de la soledad, uno de sus más simbólicos y reconocidos ensayos junto con El arco y la lira (donde teoriza sobre la poesía como forma de vida), en el que habla de la identidad mexicana.

Fue embajador en París, Tokio y Nueva Delhi, destino en el que se encontraba en 1968 cuando se produjo la matanza de Tlatelolco contra el movimiento estudiantil, por orden del presidente Gustavo Díaz Ordaz. Paz dimitió de su cargo por solidaridad con las víctimas y desde ese momento se dedicó de lleno a su obra.

Fundó dos revistas fundamentales: Plural (1971-1976) y Vuelta (1976-1998) con la idea de renovar el panorama cultural mexicano y dar cabida a la poesía, la crítica literaria, la filosofía y el ensayo.

-EFE

 

Exhiben al Paz más íntimo

Muchas gracias, Jorge Guillén, por su carta y por su poesía, muchas gracias por su amistad”. El Octavio Paz más íntimo, el que se expresaba así en cartas a su amigo Jorge Guillén, es al que propone acercarse la Biblioteca Nacional de España en una exposición por el centenario de su nacimiento.

La muestra es pequeña en su formato —“cuatro pinceladas” en forma de cartas, primeras ediciones, un grabado y un retrato, apunta el director cultural de la Biblioteca, Carlos Alberdi—, pero no sólo descubre al escritor, sino también al amigo, al pensador pendiente de la escena intelectual.

Las dos cartas que se exhiben están dirigidas a Jorge Guillén, manuscritas a pluma, con algún tachón. La primera la escribió el 25 de abril de 1950 desde París, en respuesta a la que recibió del poeta de la Generación del 27, y que le asegura guardar “como un exorcismo y un talismán contra las malas horas y las malas obras, contra las malas lenguas y las inteligencias tibias”.

Tenemos más cartas, pero hemos seleccionado estas dos por su riqueza”.

La exposición, que se abrió ayer y permanecerá abierta hasta el 18 de mayo, incluye también primeras ediciones de cuatro de sus obras: “El primer librito que hizo en España durante la Guerra Civil y que le editó Manuel Altolaguirre, Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España, Libertad bajo palabra (1949), El laberinto de la soledad (1950) y Águila o sol (1951)”, detalla Alberdi.

Se suman un retrato que le hizo en 2000 el pintor figurativo Ángel Mateo Charris, y uno de los “muchos libros de artista” que escribió, en esta ocasión con el pintor geométrico húngaro-alemán Gunther Gerzso.

-EFE

 

Tres en letras de oro

Aún no está listo el programa que el Gobierno de la Ciudad de México llevará a cabo para recordar el centenario del natalicio de Efraín Huerta, Octavio Paz y José Revueltas, pero ya se alista para develar con letras de oro, en el Muro de Honor de la Asamblea Legislativa capitalina (ALDF), los nombres de los escritores en el centenario de su nacimiento.

Ayer ambas instituciones convocaron a la presentación de las actividades conmemorativas por las efemérides, pero como acto oficial sólo se dio a conocer la inscripción con letras doradas de sus nombres y la edición de dos libros conmemorativos. El resto del programa, afirmó Eduardo Vázquez Martín, secretario de Cultura del DF, será presentado el 2 de abril, después del aniversario del natalicio de Paz.

Los dos libros que serán publicados tendrán un tiraje de cien mil ejemplares, diez mil pagados por la ALDF y 90 mil por la Secretaría, en conjunto con la Direccción General de Publicaciones (DGP) del Conaculta.

Los títulos que serán editados incluyen una antología de poesía del autor de los Poemínimos, seleccionada por su hijo
—también poeta— David Huerta; el segundo sobre los documentos que generaron el juicio contra José Revueltas cuando fue encarcelado en Lecumberri y cuyos papeles se encuentran en el Archivo Histórico del DF.

Es un libro sui generis, un texto curioso y un documento histórico que nos aporta una nueva visión de Revueltas. Es interesante este trabajo porque realmente es sorprendente imaginarse a un filósofo de la potencia intelectual de Revueltas respondiendo al Ministerio Público de entonces, de los años de 1968, en plena persecución política”, dijo el funcionario.

Detalló que con apoyo de otras instancias del Gobierno del DF, como la Secretaría de Educación, se buscará hacer llegar estos dos títulos a los lectores jóvenes mediante su dustribución en diversas escuelas de educación básica y superior.

Vázquez afirmó que se define el programa que el gobierno capitalino llevará a cabo. La principal acción será una campaña de difusión que, afirmó, ocupará el transporte y lugares públicos. El Metro, parabuses, espectaculares, y toda la infraestructura capitalina, estará disponible en la ciudad para promover la literatura de los escritores y poetas.

Al dejar estas palabras en un muro lo que se hace es tatuar el nombre de estos autores fundacionales en la piel de un espacio que es la casa de todos, la casa de la representación política de los ciudadanos de la capital y, sin duda, es una razón de celebración”, expresó.

Podemos imaginar nuestra ciudad, nuestra historia; sin estas tres presencias seríamos mucho más pobres, mucho más faltos de referencia y de las palabras justas para nombrar a la ciudad que habitamos y que amamos”, dijo el funcionario en conferencia de prensa en las instalaciones de la ALDF.

Vázquez Martín refirió que Efraín Huerta fue un poeta comprometido socialmente, además de ser el gran poeta de las calles de la Ciudad de México. “Su poesía siempre es un elogio a la calle, también a estos Hombres del alba que son los primeros en levantarse: los trabajadores y los que para Efraín anunciaban el futuro, la transformación de esta urbe en algo más justo”.

Octavio Paz, de quien se celebra el centenario de su nacimiento el próximo 31 de marzo, fue “un rebelde y tenía una idea de la rebeldía quizá tal vez más amorosa”, opinó Eduardo Vázquez. Por su parte, dijo, José Revueltas fue “nuestro gran rebelde, el filósofo, el narrador”.

La ciudad le rinde un homenaje a su poeta como hay que hacerlo y pondremos al alcance de todos, con los esfuerzos de la Asamblea, de las Secretarías de Cultura y de Educación del Gobierno del DF, la obra de este gran poeta”, manifestó.

Al respecto, el presidente de la Comisión de Cultura en la ALDF, Fernando Mercado, destacó que con estas acciones el órgano legislativo en conjunto con la Secretaría, abonan a la celebración de este triple centenario. La edición de estas obras, dijo, “nos parece de lo más interesante; no hay mejor manera de homenajear a estos tres grandes que difundiendo su obra”.

Detalló que con apoyo de otras instancias se buscará hacer llegar estos dos títulos a los lectores jóvenes mediante su distribución en diversas escuelas de educación básica y superior.

-Luis Carlos Sánchez

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