Los desafíos plásticos del México moderno

Se inaugura una muestra que recupera la producción artística multidisciplinaria en México de 1952 a 1967

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26/03/2014 01:57 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de marzo.- Es posible que al mirar el Mural de hierro (1961), de Manuel Felguérez, frente a La serpiente del Eco (1952), de Mathias Goeritz, se haga evidente el concepto de “obra total” que guía el discurso de la exposición Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos en México 1952-1967, en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC)

El mural, explica Rita Eder, coordinadora de la curadora de la colectiva de 380 piezas, fue una obra ex profeso para la inauguración del Cine Diana, donde se presentó como complemento de un peformance de Alejandro Jodorowsky.

Fue muy discutido en su época; se decía que si trataba de hacer un repaso de la nación, si era un Quetzalcóatl; se buscaba cierta mexicanidad en la obra, algo que a Felguérez no le interesaba, porque en realidad él estaba en la abstracción total del arte. Es el ensamblaje que fractura la idea de arte convencional, fractura la idea de la división entre pintura y escultura”, apunta del mural que se restauró y se busca integrar al MUAC.

Mientras que la escultura de Goeritz representa el concepto de todas las artes contenidas en un solo espacio que el artista imprimió en el Museo Experimental El Eco, para el que hizo ex profeso esta pieza; tanto el recinto como la serpiente engloban la idea del “arte total” en el que las divisiones se borran.

Sin ser las protagonistas de la muestra, ambas piezas por su historia y su concepción revelan cómo el concepto de Ruptura, acuñado para hablar del arte mexicano durante este periodo, es rebasado con la producción multidisciplinaria de artistas como Alberto Gironella, Alan Glass, Pedro Friedeberg, José Luis Cuevas, Helen Escobedo, Juan José Gurrola, Salvador Elizondo, Leonora Carrington y Lilia Carrillo, entre otros.

A decir de Eder la ruptura como definición queda reducido en el sentido de que éste sólo involucra a la pintura que se deslindaba del muralismo y la Escuela Mexicana de Pintura; sin embargo, esta fractura ocurre igual en la literatura, el cine, el teatro, la arquitectura, la escultura, y más bien las disciplinas se fusionan en proyectos culturales.

Está ligada con la idea de quiebre que propuso la ruptura, pero si recordamos la mayoría de las exposiciones sobre la ruptura se refieren a pintura, pero en la historia del arte la ruptura quedó en un concepto reducido. No decimos que el concepto sea inservible, lo que decimos es que es reducido respecto a lo que realmente sucedió”, señaló de la exposición curada por seis investigadores a partir de un seminario del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Ello se hace evidente en piezas como La ópera del orden (1962), una obra teatral con fotografía de Kati Horna y Ursula Bernath; escenografía de Manuel Felguérez, Vicente Rojo, Lilia Carrillo y Alberto Gironella; música de Ángeles Negros, y guión y dirección de Alejandro Jodorowsky.

También en Destrucción (1965-1966), pintura casi minimalista de Vicente Rojo, en la que integra materiales ajenos a la tradición pictórica como el hule y el alambre sobre tela. Si bien en este caso no hay colaboración, la curadora señala la abstracción de la pieza para llevar el óleo a su esencia. Lo mismo destaca la participación de Salvador Elizondo en la publicación de la revista Nuevo Cine o S.NOB; incluso el autor trascendió de la crítica a la producción cinematográfica con la creación de la película Balcón vacío, dirigida por Jomí García Ascot.

Álvaro Vázquez Mantecón, también curador de la muestra que reúne a 74 artistas, expone que este periodo igual se caracteriza por una superposición de tiempos; una relación constante de lo antiguo con lo moderno en una búsqueda por integrar al presente elementos prehispánicos. Además del trabajo de Gunther Gerzso o Mathias Goeritz, fue en la arquitectura donde se desarrolló la idea a partir de proyectistas como Luis Barragán y Félix Candela.

La exhibición, seccionada en seis núcleos temáticos, reúne fotografía, video, escultura, pintura y material documental; piezas que en cierta medida respondieron al desarrollo estabilizador por el que atravesó el país a nivel político y económico, concluyó Eder.

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