Octavio Paz poeta del intelecto y la emoción

El Nobel de Literatura mexicano fue, según sus críticos, el escritor del pensamiento, el entusiasta, quien logró construir formas perfectas sin caer en el desbordamiento o el melodrama

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25/03/2014 05:15 Juan Carlos Talavera
El Nobel de Literatura mexicano fue, según sus críticos, el escritor del pensamiento, el entusiasta, quien logró construir formas perfectas sin caer en el desbordamiento o el melodrama
El Nobel de Literatura mexicano fue, según sus críticos, el escritor del pensamiento, el entusiasta, quien logró construir formas perfectas sin caer en el desbordamiento o el melodrama

CIUDAD DE MÉXICO, 25 de marzo.- Octavio Paz fue el poeta del pensamiento y de la emoción, el poeta entusiasta que construyó formas perfectas sin caer en el desbordamiento o el melodrama, el intelectual apasionado y verbalmente poderoso que se convirtió en una de las voces esenciales del siglo XX. Así lo recuerdan los poetas Hugo Gutiérrez Vega y Jaime Labastida, el crítico Julio Ortega y el narrador y cronista Juan Villoro, quienes aprovechan el centenario de su nacimiento para desmenuzar su legado poético.

Lo cierto es que la mayor obsesión de Octavio Paz (1914-1998) fue la poesía. Él mismo lo confesó en el primer volumen de su obra completa: “Aunque he publicado muchos libros de prosa, mi pasión más antigua y constante ha sido la poesía. Mi primer escrito, niño aún, fue un poema; desde esos versos infantiles la poesía ha sido mi estrella fija”.

Y justo esa estrella, que germinó en la constelación de su escritura, lo llevó en 1990 a obtener el Premio Nobel de Literatura, en cuyo discurso de aceptación abordó nuevamente el tema: “la poesía está enamorada del instante y quiere revivirlo en un poema”, fervor que cultivó a fuerza de metáforas en cientos de páginas para plasmar un latido sobre el río del lenguaje.

Aquí se presenta al poeta, el autor de Libertad bajo palabra, de Pasado en claro, Árbol adentro, Salamandra, Ladera este y Topoemas, el vate de quien se celebra su centenario y que renovó el lenguaje y para quien un pueblo sin poesía es un pueblo sin alma.

Que las palabras chillen

El poeta Hugo Gutiérrez Vega (1934) recuerda que “Octavio Paz es una de las voces poéticas esenciales del siglo XX, que aunque escribió en muchos géneros fue fundamentalmente un poeta”.

“E incluso en sus ensayos Paz tuvo la capacidad de condensar y precisar la palabra y la fuerza lírica que se da solamente en la poesía. Por tanto diría que la personalidad esencial de Octavio, que afortunadamente tuvo varias, fue la de poeta.”

¿Cómo definir al poeta que le cantó al amor, al erotismo y quien se desveló por el lenguaje?, se le pregunta. “Hay quienes decían que Paz era el poeta del pensamiento y no el de la emoción, contraponiéndolo a Jaime Sabines, considerado el poeta de la emoción y no el del pensamiento”.

Sin embargo en poemas como Piedra de Sol, Nocturno de San Ildefonso y Pasado en claro se aprecia claramente la emoción más genuina y dolorosa en la poesía de Paz. “Y no es tan sólo el ingenio de las palabras o el juego de éstas, sino que en su poesía hay una emoción y un sentimiento sinceros”, añade.

Gutiérrez Vega rememora uno de esos días en que Paz y él conversaron sobre la definición exacta de la poesía. “Entonces le dije una definición de Salvador Díaz Mirón que le pareció pomposa, muy de la época… pero al mismo tiempo muy exacta. “Poesía: pugna sagrada, rabioso Arcángel de ardiente espada. Tú eres heroísmo sin conjunción. El heroísmo del pensamiento, el heroísmo del sentimiento, el heroísmo de la expresión”.

Aquel día ambos poetas también hablaron de Eugenio Montale, quien rezaba que “la poesía es absolutamente inútil, por lo cual es totalmente necesaria”, y llegaron hasta las puertas de la filosofía, recordando que para el irlandés William Butler Yeats lo único que permanece de la filosofía es lo que se ha poetizado.

“Lo cierto es que podemos encontrar en Octavio poemas tan emotivos y dolorosos como Pasado en claro, donde habla de su vida familiar; poemas de regocijo juvenil como Nocturno de San Ildefonso, y de reflexión como en Las palabras, donde lleva las palabras al extremo y las hace chillar”.

“Dales la vuelta,/cógelas del rabo (chillen, putas),/azótalas,/dales azúcar en la boca a las rejegas,/ínflalas, globos, pínchalas,/sórbeles sangre y tuétanos,/sécalas,/cápalas,/písalas, gallo galante,/tuérceles el gaznate, cocinero,/desplúmalas,/destrípalas, toro,/buey, arrástralas,/hazlas, poeta,/haz que se traguen todas sus palabras”.

En lo personal, creo que todos los temas están presentes en la poesía de Octavio, asegura el también director de La Jornada Semanal, “pues él trató de abarcarlo todo y afortunadamente lo logró. ¿Abordó el erotismo?, ¡por supuesto!, ¿el amor?, ¿la muerte?, ¡por supuesto! Ahí tiene el poema llamado Hermandad donde dice:”

“Soy hombre: duro poco/y es enorme la noche./Pero miro hacia arriba:/las estrellas escriben./Sin entender comprendo:/también soy escritura/y en ese mismo instante/alguien me deletrea”.

¿Qué es lo que más le toca de Pasado en claro?, se le inquiere. “Que es un poema que Paz escribió con las entrañas. Ahí está su vida familiar, su padre, la madre, toda la vida en Mixcoac. Ahí Octavio trabajó con la materia humana palpitante; es un poema emotivo y más emotivo aún por la perfección de la forma… porque cuando el poema es perfecto en la forma la emoción se manifiesta con mayor claridad y contundencia”.

Y añade: “Por eso digo que es falso que Octavio sea un poeta frío. Más bien es un poeta emotivo, entusiasta, y su forma es tan perfecta que evita los desbordamientos y el melodrama y en eso consiste la grandeza de su poesía”.

Por último, Gutiérrez Vega se refiere a aquellos lectores que no han sido tocados por la poesía de Paz. “Sin duda esos lectores están perdiendo la interpretación del mundo y de la vida, que podría ser muy valiosa para ellos, para normar su conducta, para iluminar su camino, entender y gozar de la belleza y de los momentos rodados a la tristeza, los momentos de plenitud.

No es autor de cabecera

Jaime Labastida (1939), poeta, director de Siglo XXI Editores y presidente de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), recupera momentos cumbre de Octavio Paz, aunado a su innovación en el lenguaje y la necesidad de que se convierta en un autor de cabecera.

“Para mí Paz tuvo momentos culminantes en las diversas actividades que emprendió, y en el caso de la poesía su primer gran libro fue Raíz del hombre, donde dio muestras del gran poeta en que se convertirá”, dice.

Sin embargo, su más grande libro de poesía, donde culminó su labor poética fue La estación violenta, “un
libro fundamental en la historia de la poesía en lengua española, que está al nivel de Lascas de Salvador Díaz Mirón, Zozobra de Ramón López Velarde y Los Nocturnos de Xavier Villaurrutia”.

¿Cuál fue la mayor virtud de Paz?, se le cuestiona. “Paz procuró dos cosas desde un principio: la innovación, pues no fue un poeta tradicional; pero por otro lado tampoco perteneció ni se preocupó por hacer poesía de vanguardia”.

Sin embargo, acepta que el mayor asombro que le provocó el Nobel de Literatura fue su primera poesía, la cual fue muy redonda y clásica.

“Pero aún más me asombró que después de haber alcanzado su punto culminante en La estación violenta, comenzó a experimentar”. Y esto sucedió luego de su estancia en India (1952), cuando sus cánones de escritura se movieron, como se advierte en Ladera este, en Blanco y Renga, explica.

Pero, ¿por qué su obra poética conserva la etiqueta de poesía intelectual?, se le inquiere al también vate, ante lo cual responde: “Y ¿por qué quitarle esa etiqueta si la gran poesía es intelectual? Ahí está La Divina Comedia de Dante, Fausto de Goethe, Primero sueño de Sor Juana y Muerte sin fin de Gorostiza. Toda es intelectual”.

Y precisa: “Lo que tiene la poesía de Paz es una gran pasión y un gran poder verbal. Entonces el carácter intelectual subyace a lo largo de toda su poesía y ¡qué bueno!

Sin embargo, Labastida reconoce que hoy Paz no es un autor de cabecera: “No lo es. Más se conoce al Paz político, al polémico, pero lo cierto es que el Paz que permanecerá es el poeta”.

Labastida refiere su relación con Paz: “En varias ocasiones tuve una relación con él no del todo agradable, pero hacia el final de su vida nuestra relación fue magnífica”.

Visión del mundo

Julio Ortega (1942) refiere que la poesía de Octavio Paz revela varios momentos del poeta, de su visión del mundo, del oficio y del lenguaje.

Sin embargo, “pocas obras se deben más a la lectura. Cada lector construye su propio camino en ella, y la crítica, no sin candor, revela más del lector que de la misma poesía”.

Y no es para menos, añade, porque esta poesía presupone la educación poética de su lector, al que cita a compartir un estado de madurez y familiaridad con el lenguaje que define, categoriza y articula. Estos poemas no dicen por primera vez el mundo. No lo descubren, lo revelan más enigmático y cifrado”.

Asimismo, Julio Ortega asegura que no existe un solo Octavio Paz y aprovecha para recordar la siguiente frase: “Un pueblo sin poesía es un pueblo sin alma, una nación crítica es una nación ciega”, citada en su primer editorial de la revista Vuelta, donde el poeta mexicano condensa dos de sus mayores preocupaciones: la poesía y la crítica.

“¡Son imágenes muy dramáticas! Sin alma y ciega ya no sería pueblo ni nación, quizá una tribu que deambula a las puertas del infierno dantesco. Dante imaginó a esa tribu como la de los indiferentes, aquellos que ni siquiera tienen un lugar en el Infierno”, expresa.

Y recupera su Antología de la poesía hispanoamericana actual, donde en los años 80 Ortega definió a Paz como “una de las instancias más vivas de la moderna poesía latinoamericana por su permanente ensayo de hacer del poema un instrumento legítimo del conocer; pero también por su inteligencia y emoción irradiantes al recorrer y recuperar los signos durables del diálogo en que el sujeto moderno preserva su humanidad”.

¿Mantendría el mismo concepto?, se le inquiere. “Sí, sólo añadiría, ahora, el carácter instrumental del objeto poético, es decir, la búsqueda más activa del lector, sobre todo en la parte de su obra que inicia con Blanco y ejemplifica en Topoemas, concluye.

Enseñó a pensar

Juan Villoro asegura que Octavio Paz fue un gran poeta, del que prefiere sus poemas autobiográficos. “Me gusta mucho Pasado en claro, libro que recupera de manera adolorida su infancia, así como Nocturno de San Ildefonso poema donde él recuerda sus años en la Preparatoria Nacional en el centro de la ciudad”, explica.

Pero sin duda también están ahí los poemas de amor de Árbol adentro o ese gran poema que tiene que ver con el mito y el mundo prehispánico, con la historia, que no deja de ser también muy personal, como Piedra de Sol.

“Entonces estamos ante una galaxia de temas y ante un hombre que nos enseñó a pensar y a discutir de otra manera. No cabe duda, es impresionante su legado”.

Honran en Senado

Ayer fue develada la placa conmemorativa para celebrar el centenario del natalicio de Octavio Paz, ubicada en el acceso del auditorio que lleva el nombre del poeta mexicano en la Cámara de Senadores, donde participaron Marie-Jose Paz, viuda del poeta; Rafael Tovar y de Teresa, titular de Conaculta y Blanca Alcalá, titular de la Comisión de Cultura de la Cámara de Senadores.

Asimismo, fue presentado el libro Itinerario crítico. Antología de los textos políticos, compilado por el poeta y ensayista Armando González Torres, quien aseguró que la antología pretende brindar una imagen integral de Paz y ofrece textos no sólo del intelectual consagrado por todos conocido, sino del también artista adolescente o del joven maduro para apreciar la evolución de sus ideas.

“Sin embargo, la intención de este libro no es presentar a un autor afable y potable, pues mal haríamos en tratar de leer a Paz, en su centenario, como a un venerable abuelo bañado en bronce y tratar de corresponder con sus opiniones”, apuntó durante la presentación.

Por su parte, Jesús Silva-Herzog Márquez expresó que este volumen permitirá al lector identificar el equilibrio que buscó Octavio Paz entre el argumento y su opuesto, “pues en Paz existe la sabiduría pascaliana que identifica que el error no es lo contrario de la verdad, sino la ignorancia de la verdad contraria”.

Por esa razón, “aquí se muestran las polémicas en contra del arte puro y su polémica con el arte comprometido que se devalúa; su batalla contra la demagogia, contra los estalinistas y las dictaduras anticomunistas, contra el autoritarismo, pero también contra la seducción revolucionaria”, concluyó.

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