Editorial Espasa resuelve las dudas comunes del español

El libro, coordinado por el Instituto Cervantes, no busca homogeneizar el idioma, sino guiar sobre las preguntas recurrentes del castellano

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14/03/2014 05:10 Juan Carlos Talavera

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de marzo.- “Soy un decidido defensor de la variedad en el ámbito coloquial de la lengua española”, dice Florentino Paredes García, académico por la Universidad de Alcalá y coordinador del libro Las 500 dudas más frecuentes del español, que compila las preguntas más frecuentes en torno a la lengua y en el que se resuelven preguntas tan diversas como: ¿Dónde se habla el mejor español?, ¿cómo se pronuncia airbag?, ¿es bueno titubear? o ¿en qué casos lleva acento la palabra ti?

“Soy un apasionado de la diversidad y me parece formidable que en cada territorio haya palabras diferentes para nombrar las cosas. Así que no soy un defensor de la uniformidad, porque eso anula en parte la viveza de la lengua”, acepta. Sin embargo, se pronuncia a favor de homogeneizar aquellas palabras que provienen del ámbito científico.

“Por ejemplo, no es bueno que tengamos cuatro palabras para un concepto que acaba de salir y que en cada territorio lo conozcamos de una manera diferente, como en el caso de móvil, celular, telefonino…”

Coeditado por el Instituto Cervantes y Espasa, Las 500 dudas más frecuentes del español, fue realizado con el apoyo de los académicos Luna Paredes Zurdo y Salvador Álvaro García, para un fin: cubrir la necesidad de los hispanohablantes de resolver distintas incertidumbres sobre pronunciación, ortografía, gramática, acentos, signos de puntuación, abreviaciones, etcétera.

¿Pueden los hispanohablantes dominar su lengua?

Depende del interés de los hispanohablantes. Evidentemente hay escritores que lo han hecho, pero el español de la calle, el del hispanohablante común, quizá tenga más dificultades. Pero no está de más que tengamos este conjunto de obras que nos ayuden a mejorar nuestra expresión.

¿Qué opina sobre homogeneizar la lengua?

La obra no está pensada para hacer una lengua homogénea. De hecho aquí se explica que la norma del español es múltiple, es decir, no cuenta con una norma única. Esta no es una obra que trate de decir qué es lo que tiene que decir de una manera excluyente, sino que señala qué aspectos pueden ser adecuados en los distintos territorios.

¿Se debe suprimir la idea de homogeneización de la lengua?

Es importante que la lengua se homogeneíce, pero en el ámbito científico, para que cuando traduzcamos una palabra no tengamos cuatro palabras para un mismo concepto, como sucede con el caso de móvil, celular, telefonino…

Sería más adecuado que se utilizara una sola palabra, porque esto facilitaría la traducción y la comunicación entre los hispanohablantes. Pero en el ámbito coloquial soy un decidido defensor de la variedad, de la variación y de la diversidad.

¿Para qué sugerir o normar si la lengua está en constante cambio?

Los cambios en la lengua son inevitables. A mis alumnos siempre les hablo del Appendix Probi, la obra de un gramático latino donde se dedicó a señalar las palabras y expresiones que se decían mal en latín. Sin embargo, con el tiempo esas erratas fueron las que dieron lugar a todas las lenguas romances como el francés, el español, el portugués y el catalán.

Así que quienes nos dedicamos a hacer este tipo de obras, sabemos que tienen una fecha de caducidad, pues dentro de unos años habrá una serie de expresiones que habrán sido afectadas porque los hablantes de la lengua española o castellana hemos decidido que eso es correcto.

Un ejemplo interesante es la palabra confort, que nació a finales de los años 90, pero cuando nació los puristas de inmediato dijeron que era un disparate. Pero hoy la palabra confort está instalada confortablemente en nuestra lengua y no pasa nada.

¿Qué pasa con palabras como feisbuquear, whatsappear o twittear?

Las academias de la lengua siempre han tratado de hacer propuestas que sean adaptadas al español como una respuesta única, adaptándola a la ortografía y a la fonética en español… pero otra cosa diferente es que los hablantes aceptemos o no esa propuesta.

Recuerdo el famoso caso de la palabra whisky, sobre el cual se propuso güisqui, pero hasta donde sé no ha sido aceptada en ningún caso por los hispanohablantes; o zum para sustituir el zoom fotográfico… Creo que sólo se escribe así en el diccionario. Así que una cosa es la propuesta y otra lo que decidirán los hablantes del español.

Libro

Título: Las 500 dudas más frecuentes del español
coordinador: Florentino Paredes García
Editorial: Espasa, México, 2013, 510 pp.

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