París es la capital mundial del tatuaje

Este fin de semana, un antiguo matadero de la capital francesa abrió sus 20 mil metros cuadrados para que unas 15 mil personas se aglutinen en torno a los mejores dibujantes del gremio.

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09/03/2014 00:44 EFE

PARÍS, 9 de marzo.— Más de 300 maestros internacionales de la tinta y la aguja se dan cita este fin de semana en el Mundial del Tatuaje de París, que se transforma en la capital universal de las pieles coloreadas.

La Grand Halle de la Villette, un antiguo matadero situado en el extremo norte de la capital francesa, abre hasta hoy sus 20 mil metros cuadrados para que unas 15 mil personas se aglutinen en torno a los mejores dibujantes del gremio.

No está claro cómo ni dónde nacieron los tatuajes, pero las reliquias más antiguas datan de momias del siglo II d.C. Parece que llegaron a Occidente a través de las expediciones de Cristóbal Colón a América y de James Cook a la Polinesia, y que se mantuvo durante siglos como una práctica reservada a los bajos mundos.

Pero en las últimas décadas, el tatuaje se ha popularizado, gracias en parte a estrellas del cine, el deporte o la música que han rebajado con glamur su aureola carcelaria, como Brad Pitt y Angelina Jolie, Amy Winehouse y Ricky Martin, o David Beckham y Zlatan Ibrahimovic.

Entre los virtuosos más solicitados de los que se han acercado a París se cuentan el francés Filip Leu, maestro del estilo japonés, el alemán Andy Engel, conocido por sus dibujos hiperrealistas, o el sueco Ed Perdomo, que se inspira en el cómic.

Estados Unidos, Brasil, Polonia, Holanda, Tailandia, Corea, Malta, Taiwán... y así hasta 317 tatuadores de más de veinte países se ofrecen para cincelar pieles con alfileres, agujas e incluso con martillos, pues los hay que conservan el estilo ancestral maorí.

Pero las agendas de los maestros están apretadísimas y es prácticamente obligatorio pactar hora. Quien quiera caer en sus manos tiene que contactar con sus estudios meses antes y programar una cita durante el Mundial del Tatuaje de París.

Es también una forma de darse tiempo para elegir cuidadosamente antes de imprimirse la epidermis para siempre. Borrar un tatuaje con láser es caro e imperfecto, así que mejor asumir que el dibujo es definitivo.

“Lo primero es la idea de lo que quieras hacerte, a partir de ahí es ver quién trabaja ese estilo y luego elegir un artista dentro de ese estilo”, explica Deno, propietario del madrileño Circus Tatoo.

Nada tiene que ver tatuarse el cuerpo como un mafioso de la yakuza nipona que con decantarse por el estilo delirante del cómic, por las rosas, las anclas y las calaveras del marinero Old School o por el retrato casi fotográfico de alguien admirado.

En el puesto contiguo se encuentra el barcelonés Jondix, que acaba de abrir con Deno el estudio Seven Doors en Londres.

Mientras tatúa mariposas azules en el muslo de Virginie, Jondix apunta que es importante elegir bien el lugar del cuerpo a decorar.

Los menos dolorosos son las partes mullidas como el muslo o el brazo. Lo más osado, donde los huesos marcan el pellejo, como las costillas o el cuello.

“Nosotros podemos aconsejar, pero la decisión siempre es del cliente, que es su cuerpo”, remata Deno.

También hay que decidir si el tatuaje irá en blanco y negro, como los populares tribales, o si el diseño requiere pigmentación.

“Como soy muy blanca, el color resalta muy bien en mi piel. Me gustan los motivos florales, las mariposas, ese tipo de cosas”, dice Virginie, que pasará entre dos y tres horas recostada en la camilla hasta que Jondix termine su obra.

Los tatuajes, de Siberia a la Polinesia, han servido desde tiempos ancestrales para subrayar la pertenencia a clanes, tribus o bandas. Pero son también una forma radical de adornarse el cuerpo, de embellecer la piel desnuda, y el espejo de las celebrities puede servir para marcar tendencia entre los no iniciados.

Las estrellas derramadas por la espalda de Rihanna, las margaritas que atraviesan el costado de Lady Gaga o los tigres y jefes indios que cubren buena parte del cuerpo de Justin Bieber crean demanda entre sus
incondicionales.

“Pero alguien que tenga un poco de cultura de tatuaje no se tatúa por moda”, sentencia Laura Juan, que graba pieles en Móstoles (España) y lleva veinte años en un oficio que este fin de semana celebra su reunión familiar en París.

Para quienes quieran profundizar en la materia, el reputado museo etnológico del Quai Branly (Museo del Muelle Branly) inaugurará el próximo de mayo la exposición Tatoueurs, Tatoués (Tatuadores, Tatuados), una muestra que sintetizará la omnipresencia de esa costumbre a lo largo de miles de años.

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