Arqueólogos excavarán parte trasera de Catedral

Eduardo Matos Moctezuma ofreció ayer la conferencia magistral Cinco tumbas reales de México y el mundo, en el Patio Central del Conjunto Aristos, de las oficinas centrales del Conafe

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05/03/2014 03:20 Juan Carlos Talavera
La conferencia de Matos se apoyó en su libro Grandes hallazgos de la arqueología.
La conferencia de Matos se apoyó en su libro Grandes hallazgos de la arqueología.

CIUDAD DE MÉXICO, 5 de marzo.- Serán reiniciados los trabajos para liberar parte del templo Ehécatl-Quetzalcóatl, localizado en la zona posterior de la Catedral Metropolitana, donde según las fuentes históricas, este edificio estaba dedicado al dios Quetzalcóatl frente al Templo Mayor. Así lo dijo el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, quien ayer ofreció la conferencia magistral Cinco tumbas reales de México y el mundo, en el Patio Central del Conjunto Aristos, dentro de las oficinas centrales del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe).

Explicó que, como parte del Programa de Arqueología Urbana, se excavará este templo para que en un futuro sea liberado y acondicionado para la visita pública, donde se podrían exhibir algunos objetos encontrados en el sitio, añadió el reconocido investigador por sus hallazgos en el Templo Mayor, que este año publicará la coedición de su libro Muerte al filo de obsidiana.

Asimismo comentó que los arqueólogos del INAH continúan con las excavaciones cerca de la tumba de Ahuízotl, donde siguen apareciendo objetos prehispánicos. “Por ejemplo, hace una semana vi cómo salía el pico de un pez sierra que estaba muy cerca de la tumba de Ahuízotl”, y se continúa en búsqueda de los restos del gobernante mexica, que seguramente fue cremado y posteriormente sus cenizas depositadas en alguna urna. Pero esa hipótesis todavía no puede ser confirmada.

La conferencia magistral de Matos Moctezuma estuvo apoyada en su libro Grandes hallazgos de la arqueología. De la muerte a la inmortalidad, publicado por Tusquets Editores, donde relata cinco de los hallazgos más importantes en la historia de la humanidad: la tumba egipcia de Tutankamon, la tumba china de Qin Shi Huang, la Tumba 7 de Monte Albán, la Tumba de Palenque, y la lápida mortuoria de Ahuízotl.

“Este libro no trata de hacer una confrontación, sino un encuentro entre lo que es el arqueólogo que va a descubrir aquel personaje que lleva enterrado cientos o hasta miles de años, y que está oculto en espera de que la arqueología pueda extraerlo”, expresó el investigador.

En la presentación Matos (1940) se mostró complacido de convertirse en un miembro de dicha institución, dado que a partir de ayer colabora en su consejo editorial de publicaciones.

Después recordó el año de 2006, cuando junto con un equipo de rescate arqueológico en el Templo Mayor, halló la pieza azteca más grande hasta el momento la Tlaltecuhtli, una loza de 40 centímetros de espesor y dimensiones de 3.50 metros por 4.16 metros, que representa a la diosa de la Tierra.

“Nada más que esta figura tenía en sus pies un glifo 10 Conejo que equivale al año 1502, año en que falleció Ahuízotl en Tenochtitlan y va a sucederlo en el trono Moctezuma II”, relató.

Al ver este glifo en las fuentes históricas del siglo XVI, dijo el arqueólogo, se supo que los aztecas acostumbraban incinerar  a sus grandes gobernantes muertos, y una vez que sus huesos estaban calcinados, se colocaban dentro de un recipiente y posteriormente se enterraban con algunas ceremonias.

“Nosotros tuvimos que levantar aquella loza de 12 toneladas, la llevamos adentro del Templo Mayor para excavar debajo de ella y a los lados, pero lo que hemos encontrado es impresionante: llevamos más de 50 mil objetos arqueológicos en varias ofrendas, donde hemos descubierto restos de felinos, lobos, águilas, tortugas y una gran cantidad de peces, además de máscaras y objetos de oro”, describió.

Sin embargo, hasta el momento no se ha logrado detectar los restos de Ahuízotl, “pero ya mero vamos a tener más datos sobre eso; de momento contamos con esta información riquísima que ya está siendo analizada por biólogos, químicos y, por supuesto, arqueólogos”.

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