Adelanto del libro: Un asesino solitario

La edición conmemorativa por los 15 años de publicación de la novela que lanzó a la fama al narrador sinaloense Élmer Mendoza será presentada hoy en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Ofrecemos, con autorización de editorial Tusquets, un fragmento de la obra

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01/03/2014 02:08 Élmer Mendoza/Especial
En la imagen, el escritor Élmer Mendoza. Foto: Diego Mateos

El primero de enero fue un desmadre: los chiapanecos hicieron su numerito y en vez de festejar el año nuevo como Dios manda se levantaron en armas, chale, qué ganas de ponerse sabrosos. Yo estaba en Culichi y me tocó wacharlo por televisión mientras me curaba la cruda con un aguachile de aquéllas: camaroncitos crudos abiertos en jugo de limón con chilito piquín; la neta me alarmé, ¿Qué onda, qué pedo se embotellan?, porque pues esas cosas no pasan así como así según yo sabía, por eso me acordé muy bien de lo que dijo el Jiménez cuando me dio gas: Macías, pasa a mi oficina, y es que el Jiménez y yo nunca nos tragamos, y ya dentro, Macías, la gente está muy contenta con el señor presidente, tú mismo lo has visto, donde quiera lo reciben con cariño, de manera que el próximo año se va a dedicar a inaugurar obras y a despedirse de su pueblo, y como todo va a estar muy bien vamos a prescindir de tus servicios, o sea, ya no te necesitamos, estás fuera, dado de baja, dame las llaves del carro, el arma y tu credencial. Ándese paseando, me sentí bien gacho, pero vi que él la estaba gozando y me emputé, Qué onda güey, le aventé las llaves, la Smith y Wesson 5904 calibre nueve milímetros y me salí, si quieres la credencial quítamela pendejo, pensé, pero no pasó de ahí, pues sí, el bato era puerco pero no trompudo.

Mi amá, pobre vieja carnal, estaba asustadísima, qué onda, aseguraba que había estallado la guerra, Que Dios nos ampare, y es que pasaron tomas de muertos, heridos, detenidos, soldados corriendo como en la guerra y un resto de raza armada con palos y viejos mosquetones de esos que servían nomás pa puras vergüenzas, chale; decían que unos guerrilleros habían tomado el palacio municipal de San Cristóbal de las Casas, un pueblito de aquéllos, no sé si lo conozcas, allí llevé a la Charis a que pasara un cumpleaños y platicara con los fantasmas; pues lo habían tomado y también Las Margaritas y Ocosingo y no me acuerdo qué otros lugares más.

Según los de Telemundo, los batos la habían armado gacha y le estaban pegando en su madre a los sardos, y cómo no, si al cabrón que no agarraron dormido lo agarraron pedo, y es que era año nuevo carnal, a quién se le ocurre, era lógico, lo que menos pensaban los batos es que los fueran a atacar, pues sí ni modo que qué; igual el presidente municipal y el cabildo y los policías, imagínatelos haciendo la meme muy quitados de la pena mientras los otros cabrones acá en su rollo, rodeando el pueblo y apoderándose de los lugares estratégicos como debe ser, perfectamente, y bueno carnal, ¿tú qué dices? Para mí la onda estaba muy clara y no me digas que no, ese golpe fue muy bien planeado y lo hicieron para dañar la figura de mi presi, para echarle a perder el trabajo de cinco años y no me digas que no, se notaba machín que atrás había gente gruesa, mal intencionada, expertos en maniobras militares con preparación especial, a poco no, puros batos felones, ¿tú crees que iban a hacer tanto desmadre nomás porque sí? Nel ni madres, a otro perro con ese hueso, a leguas se veía que traían una onda pesada: echarle bronca a mi presi para que no le dieran quién sabe qué premio internacional, chale. Mientras veía la telera me acordé del Chupafaros, con ganas de tenerlo cerca y decirle, qué onda pues, mi Chupa, ¿no que no habría guerrilla en México, noque no? El que seguro no se la andaba acabando a esahora era el jefe H, ha de haber estado como agua para chocolate, enmedio de ese broncón y con todo su grupo disuelto, chale, esos cabrones habían puesto todo patas parriba y fue en los Pinos donde tuvieron la culpa, carnal, neta, porque esa bronca de Chiapas hacía run run, run run, run run, y nadie se preocupó, por el contrario, con el cuento de que todo estaba machín y que el presi se iba a pasar el año parriba y pabajo inaugurando obras nos dieron gas defoliador a muchísimos. Y no solamente el Jiménez, todo mundo decía que el país estaba muy bien, acuérdate. A lo mejor creían que no se iban a animar los zapatistas, pero les sobraron huevos, lo que sea de cada quien, porque eso de enfrentarse con un palo o con una calibre veintidós a un G3 con lanzagranadas, está cabrón.

Por eso me preguntaba ¿qué onda, qué pasó, por qué lo dejaron brotar? Se habló de muchos beneficiados: guerrilleros, militares, comerciantes, pero sobre todo se mencionaron políticos, porque esos nunca pierden, carnal, se acomodan, siempre se están acomodando, chale; y los indios, pinches indios, siempre han sido muy locochones, y la neta casi ni cuentan, lo único bueno que tienen son los hongos y el peyote, a poco no, aunque a mí jamás me han interesado.

Que se estaban muriendo de hambre o de lombrices, ni pedo carnal, ya les tocaba, que Dios los bendiga; que no tenían escuelas y se los chingaban gacho los finqueros, ni modo, era su destino; que les quitaron sus tierras, pues qué pendejos, que se pongan truchas, ya están grandecitos. A mí todo ese rollo de los indios ni me sonaba, como te digo, me valía madre, pero claro, no lo andaba divulgando y menos cuando todo mundo los defendía.

Ese día estuvieron los de Telemundo informando durante mucho tiempo, sin embargo no quedé a gusto hasta que lo vi en Televisa; los gringos ya sabes, son muy exagerados, a todo le quieren sacar raja, chale, en cambio Malinovski de volada pone a todo mundo en su lugar, a poco no, en tres patadas los puso como camotes: ¿guerrilleros los chiapanecos?, qué guerrilleros iban a ser, eran unos pobres cabrones transgresores que le andaban haciendo al loco, unos delincuentes malandrines, cabrones encapuchados cuyas broncas no tenían cabida en un país chilo como el nuestro, un país con vocación de progreso y con instituciones bien establecidas. Cuando la gente lo escuchó dijo Órale, es la de ahí, y se calmó. Mientras los otros no se la andaban acabando él tranquilo, aquí no ha pasado nada, que siga la fiesta; ya con todo en orden dio entrada al joven Mosqueda, que se tiró un rollo sobre la selección nacional, eso sí estaba grueso carnal, ¿te acuerdas? Chale, la bronca era Campos, el portero, ¿saldría vestido normal o como piñata? Pensaba yo, pa qué tanto brinco estando el suelo tan parejo, déjenlo que se vista como le dé la gana, nomás que no deje pasar el balón, digo, ¿qué no se trataba de eso? Podía salir bichi el bato si quería, pero que no dejara pasar el balón, eso era lo importante. Los primeros días de enero parecía que no había otra cosa de que hablar que no fueran Chiapas y el subcomandante Lucas. Este Lucas era un bato acá, locochón, que resultó ser el cabecilla más prendido del movimiento, fumaba pipa y era medio burlesco, y de volada se hizo tan famoso como el Che Guevara o Arnold Schwarzenegger, un bato que hacía películas de calotes, debes haberlo visto por ahí en el periódico o en la tele. Pues igual salían Lucas y sus secuaces. Uno de esos días pasaron por la NBC varias entrevistas a un resto de batos encapuchados con pasamontañas y paliacates, les preguntaron que si qué onda, no pues, al modo, respondieron que eran puros batos felones, que se las comían ardiendo y que estaban dispuestos a morir luchando porque de todas maneras se morían de hambre y que el gobierno pallá y el gobierno pacá, chale, bien exagerados, ¿tú crees que se estaban muriendo de hambre? Si eran bien huevones, se la pasaban durmiendo o tragando aguardiente, ah porque eso sí, no hay cabrón que no sea pedo.

A veces me hartaba de tanto rollo y mejor apagaba la tele o le cambiaba, buscaba una película mientras llegaba la hora de ver a la Charis o de hacerle al loco un rato por la ciudad. En Culiacán hay pocas cosas que ver, es una ciudad aplastada que no se parece en nada a la ciudad de México, ah pero hay unas morritas que no te la andas acabando, y se visten, ay carnal, bien acá, enseñando el atractivo, tienes que verlas.

Ya me emocioné, déjame abrir esta coca carnal, ¿quieres una cerveza de una vez o hasta que te acabes el tequila? ¿Prefieres el gallo? Ahí te van las tres. Simón, en Culiacán también hay cantinas y burdeles y un chingo de carretas donde en el día puedes comer mariscos frescos y por la noche tacos de carne asada, con tortillas de harina o de maíz, vampiros o quesadillas.

Con las que agarraba un chingo de cura era con mi amá y las vecinas que luego luego vaticinaron que empezarían los chingadazos en el cerro de la Chiva y en el del Elefante, uno está en el norte y otro en el sur de la ciudad. Que los mayos, los yaquis y los tarahumaras se iban a levantar en armas y ahora sí, sálvese quien pueda; Órale, pensaba yo, que le entren los cabrones, que se armen con sus lanzas sin punta como los chiapanecos y se enfrenten a los rockets de arriba y a los G3 de abajo, que le entren pa que sepan lo que es canela, los iban a dejar tan madreados que ni la danza del venado o los matachines iban a poder bailar en semana santa. Lo que también me sorprendió de los chiapanecos es que eran un chingo, carnal, neta, ¿de dónde saldría tanto pinche indígena? Chale, a lo mejor revivieron a los muertos, ya ves que dicen que entre ellos es una cosa normal, con la ventaja de que los muertos no comen, pues sí ni modo que qué.

En Culichi siempre me la pasé bien suave, menos la última vez, como te dije, ahí estaba pasando vacaciones cuando se vino la bronca de Chiapas. Al principio no me importaba si llamaba o no el jefe H, me sentía acá, ofendido, herido en mi orgullo; Okey, pensaba, nos querían fuera, pues órale, ya estamos, ahora arréglenselas como puedan, a ver si como roncan duermen; luego se fueron los días y me empecé a preocupar, ¿qué onda, por qué no llamará? Simón, estaba en Culichi pero el bato sabía como localizarme, ellos siempre saben carnal. Estuve clavado varios días en el cantón y nariz boleada, ni sus luces, y no es que me estuviera muriendo por ir a Chiapas o eso, no me gusta la pinche selva, ni los plátanos fritos, ni el caxcalate, ni los tamales con hoja de plátano.

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