Octavio Paz y España, lazo personal y literario

Las principales instituciones culturales del país ibérico organizan los numerosos actos de homenaje al poeta mexicano, premio Nobel de Literatura

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01/03/2014 02:03 Patricia Godoy/Corresponsal

MADRID, 1 de marzo.— La relación que el poeta mexicano Octavio Paz sostuvo con España trasciende lo literario. El fuerte vínculo entre el intelectual y este país tiene origen en su infancia. “Mi primer contacto con España fue a través de las canciones populares que me cantaba mi madre”, confesaba Paz en una entrevista en 1977 en el antiguo programa A fondo, de Televisión Española. El poeta contaba al célebre entrevistador Joaquín Soler Serrano que de muy pequeño escuchaba feliz las canciones populares andaluzas que entonaba su madre, Josefina Lozano, que había nacido en Cádiz.

Sea por el gran valor sentimental de aquel recuerdo infantil o por la reconocida influencia de las letras españolas en sus pensamiento y obra, España será el epicentro de uno de los mayores homenajes internacionales en el centenario de su nacimiento, ya que, como explica, Pablo Raphael, director del Instituto de México, “España significó muchísimo en la construcción de su propia identidad”.

Una identidad que empezó a gestarse en aquella casa familiar de Mixcoac, donde su adolescencia estuvo ligada a lecturas de Benito Pérez Galdós, Rubén Darío o Gustavo Adolfo Becker y, por supuesto, también al descubrimiento de los grandes clásicos ibéricos: de Cervantes a Lope de Vega y Calderón de la Barca.

Muy lejos todavía de convertirse en el único Premio Nobel de Literatura mexicano hasta ahora, aquellos libros le cambiaron para siempre, como el propio Paz reconocía en la entrevista de 1977, porque lo llevaron a “descubrir la nueva poesía moderna de la generación de 1927, de Jorge Guillén a Federico García Lorca o Alberti”.

Paz, al alcance de una nueva generación

Las principales instituciones culturales y literarias del país ibérico —del Instituto Cervantes a la Real Academia de la Lengua Española (RAE)— están implicadas en los numerosos actos de homenaje a Paz que se celebrarán en Madrid y Barcelona. Debates, exposiciones, reediciones especiales de sus obras. Celebraciones con la idea muy clara de que, como apuntó la embajadora mexicana en España, Roberta Lajous, “una nueva generación de españoles conozca y lea a Octavio Paz”.

Es el gran año de Octavio Paz en España y el acto estrella de la programación será la conversación, que se celebrará el próximo 19 de mayo, entre el expresidente español Felipe González, el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, el historiador Enrique Krauze, el escritor chileno Jorge Edwards y el filósofo español Fernando Savater, con quien Paz mantenía una estrecha relación personal.

El intelectual completo y generoso

La amistad entre Octavio Paz y Savater comenzó con una carta. “Le mencioné en mi segundo libro y un día recibí una carta suya desde México donde me lo agradecía y me alentaba a seguir escribiendo. Para mí fue algo extraordinario. Como si me escribiera el Espíritu Santo. Quedé completamente conmovido”, recuerda el escritor español.

Y Savater, que acabó siendo íntimo amigo de Paz hasta su muerta, confiesa su admiración por “la gran generosidad, paciencia y magisterio permanente” del intelectual mexicano.

Buen polemista y amante del debate de ideas, Paz también destacó por su faceta de gran animador cultural o de, en palabras de Fernando Savater, “escritor transitivo que se abría a cosas y nos abría a cosas a los que nos acercábamos a él”.

Además de amigo, para Savater “fue Octavio Paz el autor de obras extraordinarias que me han acompañado a lo largo de toda mi vida como El arco y la lira, El laberinto de la soledad y tantos ensayos tan agudos, abiertos, que inspiraban la posibilidad de que uno mismo siguiera leyendo”.

Poesía en favor de la República

Pero la huella de la relación de Octavio Paz con España también se puede encontrar en su obra. En 1936 dedicó el poemario ¡No pasarán! a la guerra civil española. Fue conocido su abierto activismo en favor de República Española. En 1951, en un acto organizado por un grupo de republicanos españoles en París, pronunció un hermoso y poético discurso en el que recordaba el levantamiento del pueblo español en 1936 para defender la República y calificaba aquella acción como “la súbita irrupción de la primavera en un desierto (...) los obreros y campesinos españoles devolvieron al mundo el sabor solar de la palabra fraternidad”.

Una lengua en deuda con Paz

Para Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, “la lengua española debe mucho a escritores como Octavio Paz (...) que han contribuido a la universalidad del español en el plano de la excelencia literaria”. Puede que esa sea la razón por la que, desde 2005, la biblioteca del Instituto Cervantes de París lleva el nombre de Octavio Paz que, en opinión de Aurelio Major, comisario del programa conmemorativo español, “no sólo es un escritor, un poeta, sino casi una literatura” fundamental para entender, a ambos lados del océano, lo que significa el México contemporáneo.

En este sentido, y si hacemos caso a las recientes palabras pronunciadas en Madrid por Juan Villoro, El laberinto de la soledad, su obra más conocida en España, es “una novela en forma de ensayo donde el personaje es un país con una historia”.

Novelista, ensayista, poeta y defensor de que “la traducción de un poema (a otra lengua) es otro poema”, Octavio Paz era, en palabras de Villoro, “un descreído con los intelectuales comprometidos” (al estilo de Sartre) con partidos o ideas políticos, porque siempre se comportó como “una mente única y libre que interrogaba la realidad”.

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