Reviven la voz del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez

En el Museo Nacional de Antropología, una de las creaciones cumbre del proyectista fallecido el año pasado, se presentó el libro Arquitectura, que recoge las memorias del autor de obras emblemáticas para la Ciudad de México.

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26/02/2014 02:28 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de febrero.- “La arquitectura es una disciplina de servicio, tratar de producir arte a priori, actuar con la simple preocupación de ser original, es una postura falsa”, afirmaba Pedro Ramírez Vázquez (1919-2013). Sus palabras volvieron a resonar en uno de los tantos espacios que concibió: el Museo Nacional de Antropología (MNA), donde fue presentado el libro Arquitectura, que recoge sus memorias
profesionales.

Ramírez Vázquez, quien pronunció aquellas palabras en 1973, cuando fue reconocido con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría de Bellas Artes, fue recordado ayer como un hombre siempre comprometido con la arquitectura al servicio del hombre, que supo entender los diferentes lenguajes de la vida social y capturar el legado cultural mexicano.

En el diseño urbano y arquitectónico, Ramírez Vázquez recuperó el legado de los pueblos mesoamericanos en cuanto a la necesidad de respetar y reflejar el sentido de identidad, y al tiempo de conservar la armonía entre el paisaje y la funcionalidad de la obra. La arquitectura señalaba: ‘no se hace para verla sino para vivirla; si no sirve al hombre, no es arquitectura’”, dijo el editor Miguel Ángel Porrúa, encargado de la publicación del tomo junto con la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu).

El editor recordó que el volumen de 358 páginas, que cuenta con una presentación escrita por el presidente Enrique Peña Nieto, “no es un tratado ni de urbanismo ni de arquitectura” sino un recopilado que muestra “por vez primera ese sentido humanista del creador de conceptos”.

Compuesto por imágenes, croquis y dibujos, nunca antes publicados, el libro reúne las remembranzas del arquitecto divididas en los diferentes proyectos que concibió: vivienda social, arquitectura para la educación, exposiciones, museos, pabellones y monumentos, así como arquitectura para la salud, religiosa, funeraria, para el trabajo, el comercio y el entretenimiento.

Además de sus hijos, Pedro, Olga, Gabriela y Javier Ramírez Campuzano, quien dirige actualmente el despacho que su padre comenzó, en la presentación del volumen se reunieron personalidades como Don Olegario Vázquez Raña, presidente del Grupo Empresarial Ángeles; el senador Manuel Camacho Solís; el titular de la Sedatu, Jorge Carlos Ramírez Marín; el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa; la directora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), María Teresa Franco, así como el arquitecto Augusto Álvarez, colega y colaborador de Ramírez Vázquez, entre otros.

Para Tovar y de Teresa, “Ramírez Vázquez fue capaz de entender todos los lenguajes de la vida social. En lo religioso nos legó la nueva Basílica de Guadalupe; en lo cultural, el Museo Nacional de Antropología (a cuyo edificio dedica 50 páginas del libro), el Museo de Arte Moderno, el Museo del Caracol, el Centro Cultural Tijuana; en lo político, el Palacio Legislativo de San Lázaro; en lo deportivo, el Estadio Azteca”.    

El libro, agregó, “define a un hombre, a una época constructiva y que muestra el legado de un arquitecto de tremenda fuerza transformadora. Un hombre que definió en buena medida el rostro de nuestros paisajes urbanos y construyó para la gente espacios estéticos y funcionales que se insertan en el corazón mismo de sus vidas y en el centro de sus actividades más cotidianas”.

El funcionario federal afirmó, además, que con motivo del 50 aniversario del MNA, se realiza  actualmente la actualización de su museografía.

Augusto Álvarez recordó que conoció a Ramírez Vázquez en 1968 cuando organizó la Olimpiada Cultural, un hecho sin precedente hasta ese momento en la realización de la justa olímpica. También junto a él y como uno de sus últimas colaboraciones, crearon un proyecto para el Estadio Olímpico de Pekín —hoy conocido como El Nido— que debía tener una techumbre abatible. El proyecto ganador de Herzog & De Meuron no pudo solucionar la petición y les pidieron usar sólo la techumbre que los mexicanos habían propuesto, a lo cual se negaron.

Sentido social

Además de tener un sentido social, los proyectos de Ramírez Vázquez, dijo el titular de la Sedatu, Jorge Carlos Ramírez Marín, supieron “ser únicos, (nos enseñaron a) hacer de nuestra obra algo que se signifique, no dejar de ser nunca nosotros mismos y ser generosos, ser originales, ser auténticos y ser para los demás, esa para mí es la lección de Ramírez Vázquez”.

Javier Ramírez Campuzano, hijo del arquitecto, opinó que el volumen “es un testimonio de su vida que expresa el vínculo entre su personalidad y su obra, porque como hombre sereno, equilibrado, singular y original, así también se expresan sus obras, ya que cada una se identifica por su origen y por ello resultan singulares como sinónimo de únicas, su obra a la vez manifiesta una alianza de identidad con la modernidad, por lo que sus dotes creadores se significan a través de su obra en tesoros de la realidad que nos rodea”.

Su padre lo confirma con las palabras que dan inicio al volumen: “Es misión de la arquitectura dar forma a los espacios en que el hombre desarrolla su vida y cómo éste para crearlos se sujeta a su conocimiento técnico y al aprovechamiento máximo de las condiciones naturales de su medio, deja siempre en ellos testimonio preciso de su vida”. 

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