Exigen revalorizar la obra de Guerrero, el primer artista indígena

La investigadora Guillermina Guadarrama lamenta que este pintor se haya quedado a la sombra de Rivera y Siqueiros y pide estudiarlo a fondo

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25/02/2014 04:44 Juan Carlos Talavera

CIUDAD DE MÉXICO, 25 de febrero.- Xavier Guerrero no sólo fue el primer artista indígena de México, sino quien aportó la primera técnica del fresco, utilizada por Diego Rivera en sus murales de la Secretaría de Educación Pública (SEP), y el organizador de grupos artísticos como el Centro Bohemio, en Guadalajara. Sin embargo, hasta el momento su obra sigue siendo desconocida y poco valorada, pues ha vivido a la sombra de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

Así lo dice a Excélsior Guillermina Guadarrama, investigadora del Cenidiap, quien ha estudiado la obra de este artista, de quien en junio próximo se conmemorarán 40 años de su muerte. “Sin duda Xavier Guerrero se ha quedado en segunda fila y hoy sólo es recordado como el ayudante de Rivera y Siqueiros”, apunta la experta, para quien es necesario investigarlo a fondo.

Llamado a sí mismo como El Indio o El Tolteca, hoy se sabe que publicó sus grabados en la revista Machete; aunque lo más interesante de su obra no sólo fue su trabajo plástico, sino su constante búsqueda por nuevas técnicas, afirma la investigadora por el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap).

“Él empezó con el fresco, pero en obras posteriores, como la del Cine Ermita, hizo murales con incisiones, donde trazó las figuras y las llenó con un polvo verde que brillaba de noche”. El problema es que mucha de su obra no ha prevalecido y sólo una parte de su trabajo existe en Guadalajara, en el Instituto de Cultura de Durango, el Munal y Cencropam, explica.

¿Cuáles fueron las principales aportaciones de este artista?, se le cuestiona. “Lo primero que aportó fue la técnica del fresco que artistas como Rivera no conocía. Pero lo más interesante es que se trataba de un fresco un tanto prehispánico, porque utilizaba la baba del nopal para que la pintura se adhiera a los muros. Después llegaron los europeos y esa fórmula cambió”, dice.

¿Por qué entonces ha quedado relegado en la historia de la pintura del siglo XX?, se le inquiere. “El problema, quizá, es que se consideraba un indio, sí muy importante para el movimiento, pero que nunca se preocupó por establecer relaciones con el poder, como sí lo hizo Rivera”, añade.

Nacido por accidente en Coahuila el 3 de diciembre de 1896, Xavier Guerrero tuvo tres etapas en su producción artística. La primera corresponde a su época en Guadalajara, donde pintó escenas campestres muy bucólicas para las grandes haciendas de Jalisco.

La segunda se ubica a su llegada a la capital, donde no se dedicó a hacer pintura indígena, como otros artistas de su época, sino más bien a cuestiones esotéricas, influenciado por su padre, quien perteneció a los masones de Coahuila.

Y en su tercera etapa llegó al ser colaborador de Diego, lo cual no lo demerita, pues Diego tuvo colaboradores a artistas tan conocidos como Carlos Mérida y Jan Charlotte.

“Lo cierto es que hay algo de un complejo que le impidió a El Indio ponerse en primera fila, dado que talento sí tuvo y no en vano colaboró en muchos de los murales que el muralista realizó en la Universidad Autónoma de Chapingo”, añade.

Entre sus obras más representativas se enlistan Cazador de  Puerto Márquez y América Latina, del Museo de Arte Moderno de Gómez Palacio, Durango; Retrato de José Martí y Niña herida, del Museo de Aguascalientes; Campesinos, de la colección General Motors; y algunas acuarelas más abstractas como Casas de espaldas y Casas de Yucatán.

Además de su mural de Chillán, ubicado en el vestíbulo de la escuela, “pues debemos decir que antes de que Siqueiros llegara, Guerrero ya estaba trabajando en el vestíbulo de la escuela, el cual hoy es una de sus más preciadas joyas, claro, junto a los de  Siqueiros.

Además, hay que destacar que El Tolteca también colaboró con Siqueiros, e incluso recientemente se supo que uno de los murales del Museo de la Luz, atribuido a Siqueiros, en realidad fue un trabajo realizado al alimón entre Guerrero y Roberto Reyes.

Finalmente, la investigadora aclara que aún está pendiente de revisar sus aportaciones al diseño, pues hasta hace muy poco no se conocía su trabajo realizando diseños, por lo que faltaría explorar la influencia que tuvo en su esposa, la afamada diseñadora Clara Porset.

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