El archivo de Pablo O’Higgins está en el olvido

María de Jesús de la Fuente, viuda del pintor y muralista, asegura que ha buscado donar su acervo a media docena de instituciones públicas, sin que hasta la fecha ninguna haya mostrado interés en preservarlo dentro de sus colecciones

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25/02/2014 14:36 Juan Carlos Talavera

CIUDAD DE MÉXICO, 25 de febrero.- Ninguna institución cultural en México se ha interesado por aceptar la donación de la obra y el archivo completo del pintor y muralista Pablo O’Higgins, conformado por miles de dibujos y litografías, una centena de obras de caballete, encáusticas y los 14 bocetos de sus murales, revela a Excélsior María de Jesús de la Fuente, quien fuera esposa del artista y que en la última década lo ha ofrecido a la UNAM, el INBA, Conaculta y la SEP, sin que alguna se haya interesado por su adquisición o resguardo.

Por otro lado, lamentó que aún no se resuelva el “extravío” de las 12 litografías que el año pasado fueron sustraídas del Centro Cultural del Ayuntamiento de Poza Rica, Veracruz, las cuales donó en 1999 y que durante el cambio de administración se confirmó su desaparición. Ante lo cual las autoridades locales reconocieron que no han interpuesto sanciones administrativas ni alguna denuncia para recuperar las piezas robadas.

Vía telefónica desde Veracruz, Maricarmen Ramírez Chávez, actual directora del Centro Cultural aclaró que el ayuntamiento “no tiene injerencia en ese tema porque nosotros no recibimos absolutamente nada y no existe evidencia de que existieran esas litografías durante la entrega recepción”.

Y añadió: “La denuncia debe ser interpuesta por la viuda en contra de la persona a la que le donó las piezas (Jesús Martínez Badillo, su entonces director). Sabemos que es tarde para una demanda, ya no se puede hacer nada… pero es el procedimiento normal. Sin evidencia esas litografías no existieron”.

Además, confirmó que en marzo próximo se invertirá un millón 351 mil pesos en la restauración del mural Desde las primitivas labores agrícolas prehispánicas hasta el actual desarrollo industrial petrolero, realizado por O’Higgins a finales de los años 50 en la parte superior del palacio municipal, el cual presenta un desprendimiento y algunos daños, para luego ser declarado Patrimonio de la ciudad el 17 de marzo y así recordar el 110 nacimiento del pintor y muralista estadunidense-mexicano.

Desinterés por la obra

Con 93 años a cuestas, María de Jesús de la Fuente de O’Higgins acepta que ha dedicado la última década a concientizarse que su estancia en esta vida es limitada. “Así que ahora me pregunto: ¿qué va a suceder con el acervo de Pablo?”, el muralista conocido por estudiar y trabajar con Diego Rivera y José Clemente Orozco a principios de los años 20.

Ante esa inevitable pregunta, sus amigos le sugirieron que enviara una carta a José Narro Robles, rector de la UNAM, donde le contara quién era y su preocupación por el futuro de la obra del artista que trazó uno de los retratos más fieles del México posrevolucionario. Así que le escribió unas cuantas líneas, donde le pidió consejo. Sin embargo, la respuesta nunca llegó.

Meses después sus amigos le dijeron que insistiera con el rector de la UNAM para que adquiriera la casa y el estudio del artista nacido en Salt Lake City –obviamente en donación–, con la condición de que le permitieran vivir en la casa, ubicada en la calle de Xochicatitla, en Coyoacán, hasta su último día de vida, y posteriormente ésta pasaría al patrimonio universitario.

Así que María, de profesión abogada, escribió otra carta y a los pocos días recibió a una representante de la Dirección General de Patrimonio Universitario, quien le preguntó qué cuadros le interesaba venderle a la UNAM. A lo que ella respondió que su propuesta no era vender unas cuantas obras, sino el destino total de la obra de su esposo.

“Pero a la vuelta de unos días recibí un oficio de la UNAM donde me decía que la institución no contaba con el personal humano, ni con fondos suficientes para mover y sostener la obra de Pablo. Entonces me dieron las gracias y esto me ofendió mucho”, dijo.

Tiempo después, la heredera de O’Higgins se dirigió a la SEP –cuando aún fungía como secretario Alonso Lujambio–, “quien se portó muy bien conmigo y me dijo que se haría lo que yo quisiera; se mostró entusiasmado e incluso vinieron a medir los muros de la casa e hicieron un presupuesto que, desde luego, no iba a aceptar. Pero después ya no volvieron”, relató.

Posteriormente envió una carta a Teresa Vicencio, entonces directora del INBA, quien le respondió al año siguiente de su misiva. “No sé por qué, pero me daba la impresión de que los funcionarios seguían pensando en presupuestos y (ella) hasta me ofreció hacer un museo de sitio, lo cual acepté porque tenemos organizado el material para eso”.

Pero fue hasta tres semanas antes de que concluyera el sexenio de Felipe Calderón, cuando Vicencio le pidió un inventario pormenorizado del archivo, incluyendo las cartas que le enviaron Leopoldo Méndez, Alfredo Zalce y Jean Charlot, y de todo lo que había en la casa: las tazas, las cucharas, los platos… “Pero como el tiempo de entrega era muy reducido, decidí ya no hacerlo”, dijo.

Y lo mismo le sucedió con las presidentas de Conaculta Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar, quienes tampoco mostraron interés en el archivo.

“Debo decir que para mí ha sido muy difícil hacer todo esto porque estoy sola y no tengo asesoría del INBA, de la SEP, ni de alguna institución cultural que me ayude o me oriente”, añadió.

Ha sido tal el escaso interés por el archivo del pintor y muralista, apuntó, que el primer apoyo que recibió María de Jesús fue hasta 1998, 15 años después de la muerte de su esposo, cuando Maricela Pérez, investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) se presentó como voluntaria para secundar en las tareas de organizar y catalogar el archivo; y no fue sino hasta un año después cuando esa institución asignó a Verónica Arenas para realizar formalmente dicho trabajo.

“Pero eso fue apenas hace 15 años y debemos hacer memoria que Pablo murió hace 31. Así que al principio no sabía qué hacer, aunque afortunadamente Pablo fue muy ordenado.”

¿Se realizará el catálogo razonado?, se le pregunta. “¡Nunca hay dinero para eso! No creo”.

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