Las 80 vidas del ‘Gato Macho’

José Luis Cuevas celebrará a lo grande sus 80 años de vida, el miércoles próximo, con una amplia retrospectiva

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23/02/2014 01:19 Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de febrero.- Artista osado, arriesgado, valiente, crítico, “un dibujante de excepción”; hombre generoso, enamoradizo, “un combatiente tenaz, muy terco y prácticamente obsesivo”. La polémica ha marcado la vida del pintor José Luis Cuevas.

Y esa marca la lleva desde la fecha de su nacimiento, que, según él, es el 26 de febrero de 1934, aunque su hermano Alberto dice que se quita tres años. Sin embargo, el pintor y escultor celebrará en grande sus 80 años de vida el próximo miércoles con la inauguración de la retrospectiva Cuevas por siempre, en el museo que lleva su nombre a las 19:30 horas.

La controversia ha acompañado al también grabador e ilustrador desde muy joven, cuando en 1952 su hermano Alberto, quien se especializaba en siquiatría, lo llevaba al manicomio La Castañeda y el artista tomaba como modelos a los enfermos mentales, hecho que escandalizó a las buenas conciencias de la época.

Seis años después, en 1958, hizo referencia en el suplemento México en la Cultura (Novedades), en una carta enviada al director, Fernando Benítez, a “la cortina de nopal”, en la que rechazó la famosa sentencia de David Alfaro Siqueiros con respecto al muralismo: “No hay más ruta que la nuestra” y rompió con la Escuela Mexicana de Pintura.

El pronto reconocimiento internacional a su trabajo —en 1960, un crítico de The New York Times lo calificó como “uno de los grandes dibujantes del mundo, sólo comparable a Pablo Picasso”—, hace que Cuevas se convierta en el enfant terrible de la plástica mexicana.

En 1967 dibujó en la Zona Rosa, que según ha explicado en distintas ocasiones él mismo bautizó, su Mural efímero, con el que se mofó de los afanes continuistas del muralismo.

“Su famoso mural levantó ámpula. Duró unos momentos. Los pedazos quedaron por ahí, se supone que están en poder de Jacobo Zabludovsky. Fue en ese sentido un combatiente tenaz, muy terco, prácticamente obsesivo. Él fue capaz de construir su propio mito, de decirnos este soy yo”, afirma el escritor René Avilés Fabila, amigo cercano del pintor, con quien trabajó durante 13 años, a partir de 1985, en el suplemento El Búho, de Excélsior.

Quien en 1978 recibió un homenaje continental de la OEA y su Cuaderno de París fue considerado “el libro más bello” en el Festival del Libro de Stuttgart, Alemania, se tomó durante 30 años una fotografía todos los días para ver su proceso de envejecimiento; experimento que terminó en el año 2000, a raíz de la muerte de su primera esposa, Bertha Riestra.

Cuevas llegó a exhibir en 1979 su semen encapsulado en una ampolleta, se dejó fotografiar desnudo por la fotógrafa Daisy Ascher, abrió dos Salas Eróticas en el museo que lleva su nombre y se casó por segunda vez con la pintora Beatriz del Carmen Bazán, en 2003, con la que actualmente trabaja su obra a cuatro manos y ha exhibido muestras como Dibujando desde la cama durante el coito (2009).

Y, por si le hiciera falta escándalo a su vida, el autor del libro autobiográfico Gato macho (1994) protagonizó en junio pasado un episodio que llegó a los tribunales del Distrito Federal, pues sus hijas Ximena, María José y Mariana acusaron a Bazán, tras la hospitalización de su padre, de que no era bien atendido, que estaba abandonado y que no les permitían verlo.

Pero parece que nada merma la imagen del artista plástico, quien negó personalmente las acusaciones de sus hijas y pidió ante los medios de comunicación que no lo buscaran, que lo dejaran en paz.

“Es uno de los pintores fundamentales de la segunda mitad del siglo XX. Es un dibujante notable y un hombre que ha tenido la capacidad para modificar el curso de la historia de las artes plásticas mexicanas.

“Ha sido el artista más connotado, más osado, más arriesgado, no sólo en cuanto a su modo de dibujar, de grabar, de hacer escultura, sino que sus acciones, su valentía, la agresividad con que se asumió crítico de un paradigma que agonizaba, lo hace memorable”, agrega Avilés Fabila.

El novelista define a quien el Nobel de Literatura Octavio Paz dedicó en 1970 el poema Totalidad y fragmento como “el más fiero de los artistas, el que critica con mayor virulencia, el que lleva más allá sus propuestas. Un ser combativo, distinto, original, novedoso, impetuoso. Ha sabido competir y polemizar. Es realmente demoledor”.

El Premio Nacional de Ciencias y Artes en Bellas Artes 1981, además de ser un maestro en el dibujo y la pintura, poseía una buena prosa, que plasmó en sus libros y su columna Cuevario, que consolidó en Excélsior.

“Hizo un periodismo cultural audaz, en primera persona. Es uno de los primeros que usó la primera persona del singular para escribir. Con una excelente prosa contaba aventuras francamente insólitas. Hablaba de sus amores, de sus andanzas, de sus pugnas, de sus mujeres”, recuerda Avilés, quien evoca que cada semana le entregaba una ilustración en tinta para la columna. “Las famosas Cabezas del Cuevario, que deben estar esparcidas, hay tanto en su colección personal, como con sus hijas y tal vez yo conservo unas 70. Sería bueno que se publicaran juntas en un libro”, sugiere.

Destaca que él ve dos José Luis Cuevas. “Uno era un hombre afectuoso con sus amigos, su familia; un hombre que no bebe, aunque tomaba de pronto un tequila como receta médica, pero no le gustaba el alcohol. Sí fuma, pero era distante de toda suerte de vicios. Estaba absorto con el dibujo, con la polémica.

“Y el otro es un hombre de pleitos, de pugna. Así lo vi siempre. Hacía declaraciones irónicas, fuertes. Pero como amigo es excepcional, con un gran calor. Para mí sigue siendo un dibujante de excepción, dueño de trazos extraordinarios y una gran capacidad para imaginar”, concluye.

¿Dónde y cuándo?

Cuevas por siempre será inaugurada el miércoles a las 19:30 horas en el Museo José Luis Cuevas. Academia 13, Centro Histórico, DF.

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