Hugo Gutiérrez Vega: ojalá que la poesía “viva en los jóvenes”

El escritor mexicano, que hoy cumple 80 años, asegura que su mayor deseo es que las nuevas generaciones conserven el género lírico

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20/02/2014 03:41 Juan Carlos Talavera
¿dónde y cuándo? El poeta Hugo Gutiérrez Vega leerá fragmentos de su obra el domingo 23 de febrero a las 19:00 horas en la Galería de Rectores dentro de la XXXV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.
¿Dónde y cuándo? El poeta Hugo Gutiérrez Vega leerá fragmentos de su obra el domingo 23 de febrero a las 19:00 horas en la Galería de Rectores dentro de la XXXV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de febrero.- Hoy cumple 80 años el poeta mexicano Hugo Gutiérrez Vega y confiesa que su mayor deseo es que la poesía siga viva, que los jóvenes la escriban, la lean y, en su caso personal, “apagar una velita para que pueda escribir un poema en lo me resta de vida”.

Autor de una treintena de libros y distinguido con algunos de los más importantes premios de México, hace un alto antes de viajar a Guadalajara donde recibirá un homenaje, para hablar sobre la sinceridad del poeta, las dudas que lo abrazan y adelanta que pronto publicará un libro con poemas y reflexiones de un anciano a otros ancianos o para jóvenes que se preparan para ser ancianos.

Durante la entrevista, Hugo Gutiérrez Vega (1934) explica que más allá de la inspiración, el poema surge en buena medida de lo vivido y del inconsciente, aunque casi siempre se trata de un grito de auxilio, de resignación o alegría, pues cada verso concentra las emociones, las sensaciones y la vida misma.

Se le pregunta por su poema Samarcanda, un ejemplo de aquella poesía que en ocasiones puede ser más bien una historia cantada, a lo que él responde que la poesía siempre cuenta historias.

“Pienso en la Ilíada y La Odisea, o en el Cantar de los cantares, que invariablemente cuentan historias; la poesía tiene tal fuerza y poder de condensación que las historias más complejas caben en ella y encuentran su mayor fuerza expresiva”, dice.

Además, recuerda que ese poema suyo fue producto de una experiencia de la lectura sobre la historia de la ciudad, título que años después Amin Maalouf, el escritor libanés y amigo suyo, publicó un libro con el mismo título. “Incluso tengo la dedicatoria en su libro que me regaló en París donde dice: ‘Para: Hugo, de una Samarcanda a otra Samarcanda’”, añade el autor de Antología con dudas y de Los pasos revividos.

Sin embargo, la obra de este poeta también transcurre por temas como el amor, la tragedia y el delirio. Prueba de eso es su poema México-Charenton, donde describe el amor de las personas que padecen problemas de esquizofrenia, junto con su admiración por la poeta norteamericana Sylvia Plath, quien se suicidó en 1963.

El pasado prehispánico también está presente en su corpus poético, y un ejemplo es Tlayacapan, el poema donde la voz de Gutiérrez Vega se pierde en un grito callado. ¿Es así?, se le pregunta al autor.

“Yo diría que sí. En ese poema está presente el trauma de la Conquista, la persistencia del pensamiento de nuestros padres procesales, del mundo indígena, la destrucción y desde luego la construcción de algo nuevo”.

Por otro lado, el también autor de Los soles griegos y Lecturas, navegaciones y naufragios alude al tema del pasado y lo reconoce como sinónimo de nostalgia. “Es que todo viene del viento de la infancia; la infancia es un poco nuestra Ítaca, de la que salimos y después regresamos. Por eso se dice que los ancianos somos como niños y lo dice Francisco de Quevedo maravillosamente en su poema ¡Ah de la vida!...: En el hoy y mañana y ayer, junto / pañales y mortaja”.

¿Dudar está en su naturaleza?, se le inquiere.

“¡Absolutamente! Y creo que cuando se llega a tener un pensamiento con absoluta certeza, sin la más mínima duda, ya no se es poeta sino diputado federal”.

Una de las ideas recurrentes del poeta es el concepto de sinceridad, sobre el cual asegura que no es una simple figuración, sino que es una idea basada en palabras de los Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío, quien dice que si hay un alma sincera esa es la suya.

Pero además, insiste: “el poeta tiene que ser sincero aun en sus retorcimientos; tiene que ser genuino y tiene que conocer la forma y manejarla
eficientemente. Y esa sinceridad es una cualidad esencial para decir las cosas, pues como lo decía Eugenio Montale, la poesía es el delirio por nombrar las cosas”, apunta.

Por último, Gutiérrez Vega asegura que aunque el poema no tenga una utilidad inmediata, es paradójicamente tan necesario como el vino, el pan y la sal.

“Pienso que la rapidez de la vida cotidiana y la ignorancia retiran a la gente de la poesía, pero te aseguro que cuando se acercan a ella sienten una especie de iluminación. Ya lo decía Arthur Rimbaud, la poesía es una iluminación donde hasta la gente más reacia se amansa y se entrega a un pedazo de esperanza o alegría”.

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