La incomunicación, elogiada por Bartra

“Hay que admitir e incluso estimular dosis de traición en el uso del lenguaje”, afirmó el sociólogo y antropólogo en su discurso de ingreso a la AML

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15/02/2014 00:29 Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO, 15 de febrero.- “La cultura y la sociedad existen gracias a la incomunicación, a las discontinuidades y a las interrupciones”. Esta es la idea central que el antropólogo y sociólogo mexicano Roger Bartra (1942) propuso la noche del pasado jueves en su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua (AML).

“Podría afirmar que no hay relaciones humanas sin un toque de incomunicación, que no hay compañía sin un punto de soledad. Por ello, la tradición y la traducción siempre van acompañadas de la traición”, afirmó.

Por lo tanto, a modo de conclusión, Bartra dijo que la Academia Mexicana de la Lengua, y en general todas las Academias, deben “admitir e incluso estimular dosis de traición en el uso del lenguaje; ello redundará en el fortalecimiento de las tradiciones necesarias y a la vitalidad de la cotidiana traducción que debemos entender para interpretar a nuestros semejantes y para entender el mundo que nos rodea”.

En sesión solemne realizada en el auditorio del Museo Rufino Tamayo, presidida por el poeta y filósofo Jaime Labastida, director de la Academia, quien respondió el discurso de ingreso, Bartra aclaró que “si en las redes de comunicación no hubiera vacíos, cambios, saltos, errores y ruidos, no nos servirían para entendernos. El hecho de que en las cadenas de comunicación haya eslabones rotos o faltantes es un fenómeno extendido de gran interés y muy significativo”.

El Premio Nacional de Ciencias y Artes 2013 agregó, antes de ser investido ante un auditorio lleno, para ocupar la silla número 12, que “la sociedad humana sólo existe a partir de la incomunicación y la soledad. Sin un cierto grado de incomunicación no se podrían desarrollar la cultura, el lenguaje o la ciencia”.

También destacó que la legitimidad de un sistema político depende en buena medida de la peculiar combinatoria de traducciones, tradiciones y traiciones que se generan en las estructuras mediadoras.

El investigador emérito de la UNAM admitió que hoy, “cuando el tejido mediador se encuentra muy deteriorado, podemos comprobar la importancia que ha tenido en el mantenimiento de los equilibrios sociales”.

El resultado de la decadencia de las mediaciones sociales, aseguró, es una violencia extendida en vastos territorios de México. “El ejemplo más reciente y dramático es lo que está ocurriendo en muchas regiones de Michoacán, donde el Estado retrocede y se encoje ante la expansión de grupos violentos armados. Ahí se han roto las tradiciones políticas, han dejado de surtir efecto las traducciones y el ruido traicionero invade sin contrapeso a la sociedad civil”, señaló.

El autor de libros tales como La jaula de la melancolía y El salvaje en el espejo aceptó que en su discurso analizó el problema de la traducción, “junto con sus sombras inseparables, la traición y la tradición”, con el propósito de realizar un recorrido por algunos de sus temas preferidos de investigación, como son las identidades nacionales, la melancolía y el nacionalismo.

“Hoy muchos hemos abandonado nuestras ideas fundamentalistas. Pero hay que reconocer que permanecen enquistadas en algunos sectores de la sociedad, sea en Alemania, en China, en Egipto, Francia o México. Es curioso comprobar que cada nacionalismo subraya el carácter irrepetible y único de la identidad de su pueblo. Todos estos nacionalismos se parecen.

“Yo he preferido emprender la crítica de las identidades nacionales, especialmente la mexicana, desde otro ángulo, que se encuentra estrechamente ligado a la práctica de la traducción. Me refiero a la ironía. Por eso me ha gustado afirmar que la identidad del mexicano puede representarse perfectamente con la figura del ajolote”, añadió.

Un científico, sucesor de escritores, en la silla 12

Al inicio de su discurso reconoció que para él fue una sorpresa ser elegido como miembro de la AML. “No soy ajeno a los temas de la literatura y de la lengua; por el contrario, provengo de una familia de escritores. Yo mismo considero mi trabajo como parte de la literatura, sin por ello renunciar a mi vocación científica.

“Me sorprendió este ingreso porque la Academia no es un territorio que haya sido transitado por antropólogos y sociólogos, oficios que desempeño, por ello agradezco a Jaime Labastida por la sorpresiva invitación”, indicó.

El ensayista ratificó que en la silla que antes que él ocupó Clementina Díaz de Ovando, fallecida el 18 de febrero de 2013, y antes Julio Torri, autor de “una obra breve pero sustanciosa”; José Rubén Romero, autor de La vida inútil de Pito Pérez, “uno de los cimientos literarios de identidad nacional”; Federico Escobedo, sacerdote que escribía poesía; Rafael Delgado, poeta y creador de la novela La calandria; y Manuel Peredo, intelectual del teatro.

“Ha sido una cadena un tanto incoherente en su continuidad; acaso sea así, pero se trata de las incongruencias propias de la vida social e intelectual, sin ellas la cultura sería un lugar poco estimulante”, concluyó.

Al final, Labastida respondió que Bartra “es un investigador de gran mérito, un ensayista maduro, razones por las que ingresa a la Academia. Estoy seguro de que en ella rendirá su mejor esfuerzo y le brindará las pruebas de su talento”.

 

 

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