El ‘Beethoven nipón’ reveló su impostura

Se desató un escándalo en Japón, pues el compositor Mamoru Samuragochi aceptó que pagó a otro músico para crear trabajo que se atribuyó como propio

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08/02/2014 01:11 José Carreño Figueras

CIUDAD DE  MÉXICO, 8 de febrero.- El hasta ahora celebrado compositor Mamoru Samuragochi provocó un escándalo al revelar que había pagado a un “compositor-fantasma” para hacer o al menos ayudarlo a formular partituras.

El impacto de la tormenta provocada alcanza a gran parte de la sociedad japonesa, más que nada por su significado.

Para Daisuke Takahashi, un patinador de figuras que participa en los Juegos Olímpicos de Sochi, inaugurados ayer, el momento no puede ser peor.

Takahashi cree tener posibilidades de medalla. Su rutina, dicen quienes dicen saber, es buena. Su problema está en que eligió la música de Samuragochi para acompañarse.

Samuragochi alcanzó fama, consagración y fortuna como el compositor de la Sinfonía Hiroshima No. 1, sobre el bombardeo atómico de esa ciudad. Su Sonatina para violín acompañará y marcará el ritmo de los movimientos de Takahashi en Sochi, pero sin crédito de autor.

El problema es simbólico, pero de enorme importancia para la sociedad japonesa y de hecho para Takahashi. “Este es un momento crucial, justo antes de los Olímpicos”, lamentó el patinador en una declaración.

Por qué Takahashi deba sentirse afectado es tal vez algo específicamente japonés. Lo cierto es que esa sociedad y ese patinador se sienten ahora víctimas de un fraude que duró 20 años y ahora sacude al mundo de la música clásica occidental en un país que The New York Times describe como “fascinado” por ella. Sólo Tokio tiene diez orquestas sinfónicas de primera clase.

Cuando apareció en 2003 la Sinfonía Hiroshima No. 1 se convirtió en un éxito inmediato, con algo así como 180 mil discos vendidos en Japón, lo que la convirtió en una especie de best seller de la industria musical.

Samuragochi se encargó también de las partituras para los videojuegos Resident Evil y Onimusha... sólo que no fue él.

Samuragochi era desde 1996 el más reverenciado compositor japonés de música clásica, conocido incluso como el “Beethoven japonés” porque como aquel comenzó a quedarse sordo relativamente joven (Samuragochi a los 35 años), pero esta semana se reveló no sólo como un impostor sino como un fraude musical.

En 2001 el semanario estadunidense Time lo definió como el “Beethoven de la era digital”.

El reconocimiento del engaño no fue voluntario, sino que ocurrió sólo después de que Takashi Niigaki, conferencista de música y compositor, revelara a un semanario japonés que él era el autor de la música de Samuragochi.

Niigaki indicó incluso de Samuragochi podría no ser sordo, como se presenta, y que justamente le valió el sobrenombre del Beethoven japonés en memoria y paralelismo del famoso sordo.

“Me dijo que si no escribía canciones para él se suicidaría”, dijo Niigaki durante una conferencia de prensa citada por The New York Times.

Niigaki dijo haber comenzado a escribir para Samuragochi hacia 1996 y que compuso una veintena de piezas.

Samuragochi se presentaba como hijo de personas sobrevivientes del bombardeo atómico de Hiroshima y como víctima de una sordera progresiva.

De hecho, esa sordera es ahora su excusa. “Comencé a contratar a la persona que compusiera música para mí alrededor de 1996, cuando se me pidió que hiciera musicalización de películas”, indicó una declaración difundida a través de la emisora NHK.

“Tuve que pedir a la persona que me ayudara con más de la mitad del trabajo porque la condición del oído empeoró”, agregó.

“Se cree que Samuragochi pagó por las comisiones en tanto que daba las ideas para el trabajo del otro compositor”, indicó la emisora británica BBC.

The New York Times precisó que Niigaki recibió unos 70 mil dólares por sus esfuerzos y espera ahora seguir componiendo, pero esta vez con su propio nombre.

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