James Turrell, luces minimalistas

La galería OMR presenta por primera vez en el país una muestra del artista estadunidense, quien ha marcado la estética contemporánea con un manejo de la iluminación y el espacio que no sólo altera la mirada, sino que es capaz de crear ambientes

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04/02/2014 05:03 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 4 de febrero.- La mirada se encaja en dos rectángulos, uno color rosa y otro azul insertados en el muro blanco. Al instante parecen proyecciones de video, pero al mismo tiempo pinturas al óleo. El juego ilusorio se acaba cuando al acercarse, el espectador descubre que son una especie de ventana con profundidad de donde emana la luz de pequeños espacios pintados de cada tono.

Se trata de Stuck Ultraviolet, pieza de James Turrell (Los Ángeles, 1943) que realizó en 1970 en California, Estados Unidos, y desde entonces no había presentado hasta ahora que ocupa una de las salas de la galería OMR, en el marco de la exposición Double Stuck, 1970, la primera exposición en México del “artista de la luz”.

Desde la década de los 60, Turrell es considerado uno de los máximos exponentes del arte contemporáneo por su exploración con la luz, que le ha servido como material para construir ambientes y escenarios ficticios que ponen al espectador en un estado genuino de contemplación, explica Patricia Ortiz Monasterio, directora de la galería.

“Siempre tratamos de referirnos a los artistas por lo que hacen, pintura, dibujo o escultura,  en este caso lo que él hace es trabajar con luz con la que crea esta sensación de infinito, son espacios muy contemplativos”, señala la galerista.

La muestra, que se inaugura hoy, incluye otra pieza de la serie Shallow Space Series, en la que en  un cuarto oscuro proyecta una serie de hologramas que en conjunto proyectan en dimensiones tridimensionales una suerte de bandera; esta instalación, que ocupa la parte inferior de la galería, también data de 1970, que presentó en su estudio.

Los juegos luminosos de Turrell, cuya obra se encuentra en colecciones como la Tate Modern  o el Museo Guggenheim de Nueva York, apelan a la precisión matemática y la exactitud de los materiales para transitar entre la bidimensionalidad y la tridimensionalidad de un muro; entre el volumen y lo llano de un espacio; entre la realidad y la ficción de un ambiente.

Stuck Ultraviolet, por ejemplo, no se había vuelto a exhibir porque requiere medidas precisas del espacio de exposición, y disponibilidad de modificar su iluminación.

“Turrel aceptó presentarla aquí porque la sala coincide con sus peticiones; él pedía una sala de nueve por seis metros, y una altura mínima de tres metros y medio, y la nuestra es de cinco. Sucede que son piezas de mucha exactitud”.

En la sencillez de la pieza –depende sólo de luz y pintura acrílica– radica su complejidad, señala Ortiz Monasterio, quien detalla que para lograr el tono exacto de cada “rectángulo” se pinta y lija el muro varias ocasiones, y hay indicaciones de que el espectador debe entrar por un pasillo negro para limpiar su visión del exterior antes de enfrentarse a los muros blancos y las “pinturas”.

Así cuando se entra a la sala, la mirada se concentra en las dos piezas de colores que resaltan de entre el blanco brillante del entorno, con lo que Turrell convierte el espacio tridimensional en un plano, una suerte de lienzo.

“Crea esta sensación de infinito con espacios que son muy contemplativos al dejar que te invada el color, y que te invada la paz que irradian estas piezas; son el contrario de la pintura expresionista. Tiene otra pieza que es un espacio cerrado y sólo abre un cuadrado perfecto en el techo para ver el cielo, entonces el espectador va viendo cómo va cambiando el cielo, la luz.

“Otra es una proyección de luz en la esquina de un muro y ésta forma dos cuadrados que dan la sensación de que hay un cubo en el espacio, pero es sólo  una proyección plana; son piezas fabulosas que juegan con la percepción y la profundidad”.

Turrell, explica Ortiz Monasterio, pertenece a la generación minimalista de la década de los 70 en Estados Unidos, y fue uno de los artistas activos del Movimiento de Luz y Espacio, en el que comenzó a investigar proyecciones de luz geométrica, la modulación del color y creación de planos o dimensiones falsas.

Sus primeros trabajos resultan casi artesanales, pues cubría con cartón negro todas las ventanas de su estudio, en California, y jugaba con cortes o hendiduras en las cubiertas para dejar entrar halos de luz. A casi cinco décadas de estas exploraciones, la iluminación sigue siendo su materia prima, pero ahora modifica con herramientas digitales.

“Vamos a presentar otra pieza en (el stand) de Zona Maco que hizo en 2007; es una pantalla con luces leed, que van cambiando lentamente de colores y crea el mismo efecto ilusorio utilizando las nuevas tecnologías; pasa de abrir una rendija de cartón a proyecciones con tecnología”, concluye.

Materiales pesados y crítica a la publicidad

José Dávila (Cd. de México, 1974) juega con el concepto físico del equilibrio al sostener placas de mármol de casi 500 kilogramos por un solo punto de amarre, y así apelar al momento y espacio exacto en que la materia se nivela por sí sola.

Así lo hace en la exposición Estado de reposo que presenta en la galería OMR con cinco de estas placas, dispersas por el espacio expositivo; las cuales a pesar de su inclinación logran permanecer inertes.

“Está jugado con la gravedad y el momento exacto en que los objetos pueden sostenerse solos; es un estado de equilibrio perfecto, el equilibrio entre el peso y la ley de gravedad”, explica Patricia Ortiz Monasterio sobre las esculturas inéditas.

Las piezas trazan a la vez dibujos o planos sobre el piso que encuentran referentes en la formación del artista como arquitecto quien ha ocupado la geometría como eje principal lo mismo para escultura, instalación, fotografía o dibujo.

Este juego ilusorio dentro de la galería lo concluye la instalación Entrecortinas: abre, jala, corre de Pía Camil (Cd. de México, 1980), quien montó en el área de OMR Proyectos una serie de telones que tienen su origen en el registro fotográfico de un anuncio espectacular en desuso, ubicado en la carretera a Toluca.

La artista explica que con la idea de reflexionar sobre la contaminación visual de los anuncios publicitarios en la calle, toma la imagen y la plasma en lonas que  ella misma pigmenta y zurce a mano para crear cortinas. Las piezas se montan en la galería el rompecabezas de un capitalismo en fracaso.

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