Octavio Paz, atado a su entorno; 2014, centenario del nobel

Acaba de reeditarse el ensayo Introducción a Octavio Paz, que Alberto Ruy Sánchez publicó originalmente en 1990 bajo el sello Joaquín Mortiz. El escritor y editor mexicano señala como característica central del autor de Piedra de Sol la creación de una literatura, en particular una poesía, comprometida igual con su momento histórico que con la búsqueda de la belleza

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13/01/2014 03:33 Sonia Ávila
Octavio Paz fue galardonado con el Nobel de Literatura  en 1990.
Octavio Paz fue galardonado con el Nobel de Literatura en 1990.

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de enero.- Pocas veces la vida íntima de un autor está tan vinculada a su obra literaria como lo estuvo la de Octavio Paz, quien trazó dos líneas paralelas indisolubles entre su andar diario y sus escritos, lo mismo ensayos políticos que poesía erótica.

Es por ello que entender en aislado las reflexiones o la poesía del Premio Nobel de Literatura 1990 pareciera complejo, pues en buena medida cada palabra escrita es un reflejo del entorno social, político, económico, estético y personal que le rodeó desde la infancia, cuando quedó huérfano de padre a los diez años de edad hasta la lírica amorosa efecto de 38 años junto a Marie José Paz.

Y aunque bien podría leerse su biografía de manera independiente a su obra, Alberto Ruy Sánchez señala como característica central del autor de El laberinto de la soledad el hacer una literatura, en particular poesía, comprometida igual con el momento histórico que con la búsqueda de la belleza verbal.

“La poesía no es algo decorativo, no es la manera bonita de decir las cosas, es un bisturí que entra a fondo donde otros instrumentos y análisis no entran. Entonces hablar de la poesía de Octavio Paz vinculándola con delicadeza y pertinencia a la cronología, a la línea de su vida, te permite ver la complejidad de una persona que tenía diferentes retos a lo largo de la vida”, afirma el editor y escritor.

Con estas dos líneas, Ruy Sánchez ofrece una introducción, en el sentido estricto de la palabra, a la vida y obra de Paz donde entreteje los momentos históricos que le tocó vivir con sus textos, a partir de diversas entrevistas que hizo al poeta y de la experiencia de trabajar con él como su secretario de edición.

Se trata de Introducción a Octavio Paz, un ejemplar didáctico publicado hace poco más de dos décadas, pero que en vísperas del centenario del también Premio Príncipe de Asturias 1993 sirve al lector primerizo que jamás se ha acercado al poeta por temor, y también a sus seguidores de antaño que buscan herramientas para una mejor asimilación de ideas y conceptos vertidos en sus obras.

“Este es completamente un trabajo de divulgación, de introducción y de profundización en una vida que fue rica, que fue significativa y que sigue teniendo una dificultad para ser conocida por su tamaño y por su importancia, y porque está muy vinculada a una época de vida de una persona que vivió prácticamente el siglo XX como pocas personas lo vivieron”, explica.

No se trata de hacer una biografía llana, acota, sino una lectura del trayecto de Paz, quien nació en medio de la gesta revolucionaria mexicana en una familia fusionada entre la tradición jalisciense y andaluz, testificó en su juventud la guerra civil española, recorrió Francia en la posguerra, presenció la fundación de las Naciones Unidas, vivió el desarrollo de Estados Unidos en los años 40 y se vinculó a movimientos artísticos europeos como el surrealismo.

Ese entorno fue aprovechado por Paz para asimilar su literatura como un ejercicio reflexivo, no sólo en términos estéticos de la palabra escrita, sino con una mirada visionaria del mundo. Tal como Albert Camus declaró en su discurso al recibir el Nobel de Literatura 1957, donde señaló que el artista debe preocuparse por la belleza de su obra sin descuidar su compromiso con la conciencia social e histórica.

“Octavio en su discurso del Premio Nobel también habla de la importancia  de la presencia en el mundo de hoy en todas las dimensiones de la vida como persona. Estar presente, no preocupado solamente por el mercado o por la grilla política del momento, sino preocupado en todas las visiones de la vida.

“La poesía es justamente esa dimensión que nos hace darnos cuenta de que somos algo más que simples animales. Y todo esto representa en diferentes momentos de la vida de Octavio retos, y se va enfrentando con el reto de crear cierta obra de pensamientos, ciertos poemas, reflexiones y respuestas a la vida pública. Así el poeta tiene la responsabilidad social de pensar por sí mismo y de no obedecer a lo que le digan que debe pensar”.

Para Ruy el pensamiento visionario del fundador de la revista Plural (1971) es lo que mantiene vigente su obra, pues asegura que leer hoy, por ejemplo, El ogro filantrópico (1979) explica mucho del origen y rumbo del escenario político actual del país; mientras que el ensayo Marcel Duchamp o el castillo de la Pureza (1973) aclara dudas frecuentes sobre el arte contemporáneo.

“Él lo puede hacer porque está pensando como un visionario. Eso es una característica de Octavio, quien se atreve a pensar más allá del límite de las palabras, del vocabulario, y usa las palabras que ayudan a pensar y lo hace cuando habla de arte o de política”, explica quien en el libro divide la vida del poeta en cinco núcleos, desde el entorno familiar, su paso por Estados Unidos y Francia, y su trabajo como editor en México.

Aunque siempre habrá resistencia a la lectura de la poesía de Paz, Ruy insiste en que el lector debe asimilar esta lírica como una luz de la conciencia de estar en el mundo terrenal y, la vez, como síntesis de un pensamiento fantasioso.

“Abismo y erotismo, historia y memoria personal, símbolo y materia, sensación e idea, finalmente se encuentran en una forma poética que es eco de tradiciones y a la vez su desafío”, concluye.

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