Siglo transgresor de Nicanor Parra

El creador de la antipoesía, el vate irreverente, irónico, inesperado, el nonagenario ganador del premio Cervantes, cumple en 2014 cien años de vida y en su país comenzaron los festejos para rendirle tributo a su palabra transgresora

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06/01/2014 03:10 Virginia Bautista
El 1 de diciembre de 2011 fue galardonado con el Cervantes, el Nobel en español.
El 1 de diciembre de 2011 fue galardonado con el Cervantes, el Nobel en español.

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de enero.- Nicanor Parra (1914) ve cosas que otros no ven. “Tiene una percepción del mundo distinta, como los niños pequeños. Puede decir algo genial, una tontería sin trascendencia o una tontería trascendente, pero se atreve, no tiene miedo a ser zonzo”, asegura Hernán Lavín Cerda (1939).

El poeta chileno que vive en México desde 1973 narra la relación que tuvo con su colega y paisano, quien, reconoce, fue un parte aguas para su generación, la del Exilio, que se vio radicalmente influenciada por la propuesta del creador de la llamada antipoesía.

“Con él nunca sabes si te está hablando en serio o en broma. Le gusta descolocar a su interlocutor. Él sabe que es una especie de vaca sagrada o, más bien, de ‘anti-vaca’ sagrada. Es consciente de la estatura que tiene, que ha alcanzado, pero le vale”, comenta de quien conoció en los años 60 de la centuria pasada y frecuentaba en sus tertulias literarias, donde charlaban y leían poemas.

Irreverente, irónico, inesperado, transgresor, “un hombre que siempre se sale del libreto”. Así recuerda al también físico y matemático que el próximo 5 de septiembre cumplirá cien años de vida, efeméride que Chile comenzó a festejar el sábado pasado con la “antigala” denominada Las Cruces de Parra, que reunió a diversos poetas y músicos en la playa Las Cadenas de Las Cruces, donde el Premio Cervantes 2011 vive desde hace años un tanto aislado.

“Su libro Poemas y antipoemas (1954) fue para mi generación como un baño de oxígeno, porque nos dimos cuenta de que había una alternativa, porque también íbamos en una dirección parecida. Nicanor nos ayudó a desprendernos de la influencia del enorme Pablo Neruda (1904-1973) y a encontrar una voz propia”, detalla Lavín Cerda.

El profesor de Filosofía y Letras de la UNAM, quien cada año analiza en sus clases la obra de Parra, explica que la importancia de su propuesta literaria radica en que introdujo diversos cambios a la estructura del poema, lo que le permitió dejar atrás los ecos románticos y modernistas heredados de Rubén Darío.

El primero de ellos, detalla, fue la introducción, en la poesía todavía con métrica, del habla coloquial; es decir, el tono del poema es marcado por el habla de la gente común, con lo que la riqueza metafórica
desaparece. “De esta forma también comienza a contar historias cotidianas, cualquier tema puede ser abordado por la poesía, incluso las noticias, ya no hay tema privilegiado”.

Añade que Parra marcó otros cambios fundamentales. “La aparición de lo que él llamaba la payasada física y metafísica, el humor de todo tipo de colores, la aparición del clown dentro del poema, de muchos hablantes o voces, las contradicciones entre los versos, dar voz a personajes del cine mudo y el tono popular, callejero, de los juglares”.

Un anticomienzo

Hernán Lavín sitúa en 1938 el principio de la historia de Parra como poeta. “En ese año, él publicó sus primeros escritos literarios en prosa y verso, aunque no tenía aún esa intención. Se acercaba a la poesía con la influencia de Federico García Lorca. Se le daba bien el poema medido con las rimas tradicionales. Él no pensaba ir más allá.

“Pero de pronto arma un libro que envía a un concurso y le va bien, y decide editarlo. Se acercó a don Carlos Nacimento, un portugués que fundó una editorial pequeña. Al editor le gustó el libro y lo publicó en 1938 con el título de Cancionero sin nombre”, cuenta.

Y aquí empieza “una historia singular, un tanto extraña”, prosigue el también novelista y ensayista. “A los pocos días de publicado, Nicanor siente que esta propuesta es un tanto romántica. Entra en una especie de crisis, porque él busca otras alternativas y ya estaba escribiendo otros textos que lo convencían más, que iban en otra dirección: los antipoemas”.

Entonces, dice que Parra les contó esto, pidió al editor que no distribuyera Cancionero sin nombre, pero que don Carlos defendió el libro explicándole que le parecía bueno y que ya había invertido dinero. “Así que él y sus amigos fueron a todas las librerías y compraron los libros que pudieron para que circulara poco. Así empieza su historia en el plano editorial”.

Físico-matemático

Tuvo que pasar más de una década para que naciera la “antipoesía” de Parra. “Se dedicó a viajar a Estados Unidos e Inglaterra, invitado como físico-matemático, no como poeta. Pero en California encontró una propuesta parecida a la suya, la de la Generación Beat. Y en Oxford descubrió a poetas que rescataban el habla coloquial, el sentido lúdico y el humor negro, algo fundamental para entenderlo. Todo esto va preparando el gran cambio en su poesía que ya venía de 1938. Pero ahora es más consciente del proceso. Y aparece la antipoesía”.

La propuesta del autor de Artefactos sacudió el panorama literario no sólo de Chile, sino de América Latina y España. El propio Neruda, Nobel de Literatura 1971, aclara Lavín Cerda, llegó a decirle a Parra, a pesar de las críticas de los poetas que le eran fieles, que si seguía por ese camino algo grande iba a pasar.

“Cuatro años después de Poemas y antipoemas, Neruda publicó Estravagario (1958), que tiene ya cierto toque de los cambios que estaba provocando Parra. En México fueron retomados por poetas como Efraín Huerta y José Emilio Pacheco”, advierte. Este 2014, las letras hispanas festejarán al poeta nonagenario vivo. En Chile se ha anunciado la publicación de la biografía visual Parra a la vista, que reúne 300 fotografías del autor de Poemas para combatir la calvicie (1993), entre otros proyectos que se anunciarán en breve.

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