Megabiblioteca busca trascender el tema de las goteras

El recinto, asegura Daniel Goldin, su titular, busca resolver al menos tres de sus pendientes, aunque “el espacio está cada vez más lleno de usuarios”

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06/01/2014 03:00 Luis Carlos Sánchez
La Megabiblioteca comenzará funciones en 2014 arrastrando los problemas que desde su inauguración —en mayo de 2006— la caracterizaron.
La Megabiblioteca comenzará funciones en 2014 arrastrando los problemas que desde su inauguración —en mayo de 2006— la caracterizaron.

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de enero.-  “Está cerrado desde hace más tiempo”, rectifica Daniel Goldin cuando se le recuerda que hace un año el séptimo piso de la Biblioteca Vasconcelos, la llamada Megabiblioteca, permanece cerrado al paso de los usuarios a consecuencia de las goteras. Efectivamente, fue en octubre de 2012 cuando el piso completo fue vaciado de libros y el mobiliario cubierto con plásticos para llevar a cabo la impermeabilización del techo que se quedó apenas en “60 o 70 por ciento”.

Goldin llegó a la dirección del espacio, cuya construcción costó más de mil 300 millones de pesos, en marzo de 2013.

En nueve meses, dice, ha logrado incrementar los números del que fuera el principal proyecto cultural de Vicente Fox (presidente de México entre 2000 y 2006): de 2012 a 2013 las actividades culturales se incrementaron en 253 por ciento; el préstamo en salas creció 40 por ciento y el número de visitantes subió en el mismo porcentaje, de acuerdo con un “primer corte” que el funcionario hizo en los primeros seis meses de su gestión.

La Megabiblioteca, sin embargo, comenzará el 2014 arrastrando los problemas que desde su inauguración —en mayo de 2006— la caracterizaron.

Desde la dirección de la biblioteca, ubicada en Buenavista, Goldin acepta que uno de los objetivos a su llegada fue cambiar la percepción que se tiene del recinto: “tratar de cambiar una imagen que estaba instalada de que la biblioteca es tres cosas: las goteras, la cafetería y el jardín botánico”.

Los tres temas siguen pendientes, aunque el espacio está cada vez más lleno de usuarios.

Son problemas que “persisten, sin duda, pero no son los más relevantes dentro de un balance de la biblioteca en general. Persisten, hay problemas que persisten y que no se van a poder transformar por distintas cosas inmediatamente, pero no son los más relevantes cuando se contrasta lo que pasa diariamente en la biblioteca, cuando se ve a la gente que llega a la biblioteca y utiliza los servicios bibliotecarios”, justifica.

Para cada caso, dice, hay una situación diferente: “cada uno de estos problemas tiene una historia particular; todos se están resolviendo poco a poco, se tienen que revisar las cuestiones legales, las cuestiones presupuestales, pero no son los problemas relevantes, insisto”.

Quizá el único factor común de los problemas sea la falta de planeación: en 2012 por ejemplo, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes —aún bajo la presidencia de Consuelo Sáizar— contrató por seis millones 637 mil pesos a la empresa Gode Grupo Constructor, S.A. de C. V., para impermeabilizar el edificio (Excélsior, 27/06/2013).

Los trabajos que estaban planeados para realizarse en 60 días naturales a partir de mayo de 2012 jamás terminaron y mantienen a la biblioteca con un piso completamente cerrado y sufriendo de filtraciones. “Falta realizar el trabajo de impermeabilización que está detenido por ciertas cuestiones administrativas y legales, está avanzado en 60 o 70 por ciento, pero en este momento no se está trabajando”, dice Goldin.

Acerca del invernadero que el proyecto del arquitecto Alberto Kallach previó deberá pasar más tiempo: “Espero abrir el jardín  botánico cuando se cuente con los recursos necesarios, no sólo para abrirlo sino para dar los servicios que queremos ofrecer ahí; se le sigue dando mantenimiento, se está manteniendo lo que se tiene, pero su apertura se tiene que dar dentro de un contexto global de toda la biblioteca. Primero debo resolver muchos otros problemas, por ejemplo el séptimo piso, y estamos resolviendo ese asunto”, dice el funcionario. 

A pesar de ellos, el balance es positivo: “se está confirmando que la biblioteca es un recinto cultural, educativo y formativo muy visitado, concurrido, en donde asiste una diversidad de públicos muy amplia, tanto en los términos de edad como en su escolaridad y su extracción social, que no solamente cumple una función para la gente que está cerca de la biblioteca, sino también para gente del Estado de México, para gente de Tláhuac, de Iztapalapa”.

“El balance en ese sentido es muy positivo, estamos ratificando que es una institución viva pese al status quo con el que se le ha tratado —la biblioteca tiene menos recursos, por ejemplo, en personal de los que tuvo cuando se inauguró— y ha ido creciendo en la aceptación del público”, concluye.

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